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Perdí a mi mejor amiga por una cirugía bariátrica

Perdí a mi mejor amiga por una cirugía bariátrica

Esta historia es importante para mí que la conozcan.  Ya sabrán por qué...

Esta ha sido de las decepciones y tristezas más grandes que he vivido. Les contaré de la que fue alguna vez mi mejor amiga; de cómo la gané y de cómo la perdí. Y de cómo justamente en su equivocada decisión aprendí a mantenerme humilde y a enseñarle a ustedes lo que no debe hacerse cuando uno tiene grandes cambios en la vida.

El médico gastroenterólogo que me operó para lavarse la conciencia y que sus pacientes se engañen con sus "buenas" intenciones y proceder, hace una reunión anual para que estos intercambien experiencias. Yo ávida de apoyo ya que estaba sola con todo el tema de la cirugía bariátrica, decidí asistir a los 3 meses de operada cuando en Agosto del 2000 se hizo la dichosa reunión. Ahí conocí a mi amiga a quien llamaremos María de ahora en adelante. María era obesa como yo, a su abuela y su tía quienes eran operadas y la animaban a operarse. Yo presenté mi testimonio a la audiencia y hablé del miedo que me embargaba en momentos por la soledad y carente apoyo del que nunca gocé. Al final de la reunión María, su tía y su abuelita se acercaron a mí para brindarme un abrazo y palabras de aliento. Ese mismo día María y yo nos pusimos de acuerdo para tomar un café y allí empezó una amistad única.
Pasaron los meses y cuando nos revelábamos episodios de nuestra vida, cada vez la impresión nos embargaba, porque habíamos sido desde el momento del nacimiento asombrosamente iguales, no parecidas…IGUALES. Es de esas personas que tú no sabes explicarte por qué es tan igual a ti…eso me pasó con María.

Seguía pasando el tiempo y la hermandad era INCREIBLE. Ella era una hija más en mi hogar y yo en el de ella ni hablar. Y ella siendo hija única pues más se refugió en mí. Conmigo compartió su cosas importantes y tremendamente sensibles. Con ella conocí mi primer amor cibernético, con ella viví la crisis de mi calvicie debido a la cirugía bariátrica, y muchos de mis sueños de niña que hoy por hoy los veo cristalizados con ustedes y fuera de esta pantalla pero que al final son de la misma causa y razón.

Un día María pasó un gran susto, su tensión subió a 17 y se le durmió la mitad de la cara y fue cuando decidió operarse y darle un parado a la manera tan desmedida en que comía. Ella con la excusa del sobrepeso era sumamente descuidada con su apariencia personal, como muchos de nosotros. María, la muchacha más dulce del mundo estaba en tremenda diatriba con respecto a su salud. Batallamos muchísimo para conseguir el dinero puesto que en Venezuela el seguro privado y mucho menos el público paga esta cirugía por ser “cosmética” según ellos. Llegó el gran día y mi hermanita entraba a quirófano sin yo poder ayudarla por estar presentando finales en la Universidad. Cuando terminé salí corriendo con la suerte que ella no había salido de quirófano, recé y lloré esos larguísimos y eternos minutos con su familia para que todo saliera bien. Al llegar a la habitación la primera persona a quien ella vio y abrazó fue a mí. Yo la alimenté, bañé, peiné y acompañé a esas tediosas y dolorosas caminatas de clínica. Me comporté como sé que ella se hubiera comportado conmigo y agradecida con Dios por habérmela dejado sana y exitosamente salva.

Hasta ahí nos llegó el amor, la magia y la hermandad. María silenciosamente marcaba distancia conmigo. A medida que ella bajaba de peso (y aún no entiendo por qué) esa empatía y dulzura que había entre las dos estaba despareciendo imperceptiblemente. Como si las cosas no estuvieran suficientemente malas, apareció una prima de ella que hasta el sol de hoy recuerdo y recordaré con desprecio. A María le dio por cobrar viejas cuentas con la vida en compañía de su prima. Como había hecho un break en la Universidad para poder recuperarse con calma de su cirugía, se dedicó prácticamente recién operada a salir con la “la querida primita” a cuanto bar y discoteca existe en Caracas y cuando la necesidad de alcoholizarse era algo más que una prioridad y ser estúpidamente dependiente a gente que no tiene oficio ni beneficio en la vida. Su familia le consentía que ella metiera a cuanto garabato ella quisiera en la casa. ¡Yo estaba sencillamente estupefacta! Mi querida familia postiza NI EN SUEÑOS hubiera permitido antes que de esas nada beneficiosas personas para ella, pero la alegría de que por fin la niña de la casa fuera flaca, los hubiera complacido a todos y ya fuera “normal” les sobrepuso a cualquier regla que hasta ese entonces se aplicara en esa casa.

Bien sea yo o cualquiera de nuestro grupo no era tomado en cuenta, pero a quien más dolía era a mí…¡¡por Dios YOOOO!! Su hermana del alma apartada a un lado por botellas de alcohol y cigarros (ella antes se venía en vómitos cuando alguien fumaba cerca de ella) cuando esa niña se escandalizaba hasta por las letras de las canciones. ¡Esa era Adriana! Una muchacha sanísima, pura y más buena que el pan, que veía ante ella un mundo que jamás se atrevió a probar por temor al rechazo y por no tener autoestima. Como dije antes, le estaba pasando facturas pendientes a la vida pero de muy mala manera y con las personas equivocadas. Además, ninguno de sus amigos teníamos la culpa de su frustración y resentimiento. Si alguien tuvo oportunidad de ayudarse, hablar y salir de sus demonios esa fue ella, creanme.

La historia es larga y no quiero aburrirles…hoy por hoy a pesar de fallidos intentos de su madre y su tía, María y yo no nos hablamos desde hace casi 5 años y si nos vemos en la calle yo soy una perfecta extraña para ella. Yo no cambio mis valores y principios POR NADIE y no estaba dispuesta a volverme en una miseria humana por facturas de vida que ni siquiera eran mías.

Es una lástima que María haya malentendido evolución con cambio. Probablemente ella ni lea esta columna, no sabe que colaboro en este portal y mucho menos le puede interesar que fue de mí. Como anécdota reciente puedo comentarles que me he enterado por terceras personas que ella ha estado hablando verdaderas barbaridades de mí.  Muy lamentable. 

Todo esto no es más un largo relato para concluir al deber ser. Porque situaciones de la vida cambien no es indicativo de que nosotros debamos cambiar, para mal cosa mucho peor. 
Sé siempre tú y que el sobrepeso JAMÁS te limite a vivir. Valora todo cuanto Dios y la vida te han dado y si tú bien sea con dieta o con una cirugía bariátrica cambias dramáticamente de peso, que jamás se te olvide quien fuiste, lo maravilloso que hay en ti, los amigos que conociste, la familia que hiciste y que alguna vez fuiste gordo u obeso. Tu esencia sigue, no importa si pesas 5 kilos o si pesas una tonelada. Sigue siendo tú y cuida tus afectos, a veces son irrecuperables…

Recuerda:

Si no hablas y no denuncias es porque disfrutas y apruebas tu maltrato, tu vejación y tu discriminación, en ti está la última palabra en esta historia.

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