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Anorexia en el trampolín: Los saltadores se obligan a adelgazar

A los seis años de la implantación del Indice de Masa Corporal, se ha desencadenado en el actual torneo de los Cuatro Trampolines un nuevo debate sobre la obsesión por la pérdida de peso, y se alzan voces exigiendo una reforma del reglamento

El alemán Martin Schmitt casi fue víctima de una dieta impuesta por él mismo, el finlandés Janne Ahonen conmocionó al mundo de los saltos de esquí con espeluznantes historias de radicales curas de hambre y el austriaco Wolfgang Loitzl criticó con dureza la fiebre de sus colegas por los kilos y las dietas.

A los seis años de la implantación del Indice de Masa Corporal (BMI por sus siglas en inglés), se ha desencadenado en el actual torneo de los Cuatro Trampolines un nuevo debate sobre la obsesión por la pérdida de peso, y se alzan voces exigiendo una reforma del reglamento.

"Creo que nos sentaría bien a todos tener un poco más de peso. Estoy a favor de que se eleve el valor", dijo Schmitt. Desde que el mítico Ahonen en su biografia ("Aguila real") relatara que con una dieta de 200 calorías diarias adelgazó siete kilos en tres semanas, se acabó la engañosa tranquilidad, que llegó en 2004 cuando la Federación Internacional de Esquí (FIS) impuso el obligatorio BMI fijándolo en 18,5, resultado de la fórmula peso corporal dividido por el cuadrado de la estatura.

Pero ello no varió el afán de los deportistas por calzarse los esquís con el menor peso posible. "Si se define la falta de peso como la directriz indicada (18,5) por la Organización Mundial de la Salud (OMS), muchos de los participantes en el circo de la Copa del Mundo están muy cerca de ese límite de peso", dijo el entrenador alemán Werner Schuster al dominical "Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung".

En otras palabras: Muchos deportistas están demasiado delgados. "Hay saltadores que no cumplen con el BMI por cuatro o cinco kilos", denunció Schuster.

Con traje, casco y botas, los atletas pueden tener un BMI de 20,0. Ese valor lo aumentará la FIS a partir de la próxima temporada a 20,5. Para Schuster y muchos otros, eso no es más que pura cosmética.

La mayoría de los saltadores prefiere reducir la longitud de sus esquís a aumentar el peso. Se permite que la longitud del esquí sea del 146 por ciento de la estatura del saltador. Un kilogramo menos de peso cuesta dos centímetros de esquí. "Si se quiere ser competititivo no hay que distanciarse mucho del limite permitido por el BMI", explicó Schmitt.

Con una altura de 1,82 metros, Schmitt, sucampeón mundial, pesa oficialmente 64 kilos. Él mismo admitió al comienzo de temporada que el ideal es sólo 62 kilos, necesario "pues el límite para mis esquís es de 66,2 kilos y el material pesa unos cuatro kilos". Por ello se pesa dos veces por semana. "También los hombres se enfadan por tres kilos de más. Los errores se ven más con un mayor peso", dijo el esquiador de 31 años.

Su ex compañero Sven Hannawald, que en sus tiempos en activo estuvo al borde de la anorexia, aboga ahora por un sensible aumento del BMI. "Con ello se ayudaría a muchos saltadores que durante semanas luchan contra la sensación de hambre. Los esquiadores delgados siguen saltando con esquís cortos. Es mejor anular el acortamiento de esquís y apostar por un BMI más alto. Sería más sano para los saltadores y les ahorraría mucho estrés por rebajar peso", dijo Hannawald al dominical alemán "Bild am Sonntag".
A los seis años de la implantación del Indice de Masa Corporal, se ha desencadenado en el actual torneo de los Cuatro Trampolines un nuevo debate sobre la obsesión por la pérdida de peso, y se alzan voces exigiendo una reforma del reglamento
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