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Los talles se achican cada año y hay ropa que no se consigue

En un recorrido por negocios céntricos se pudo comprobar que la ropa que se ofrece —sobre todo para jóvenes— es extremadamente pequeña y cuesta conseguir tamaños grandes. Una misma marca varía sus talles de una temporada a otra

Comprador: —Quisiera comprar un regalo para una chica pero no sé bien qué puede ser.
Vendedora: —Te muestro unas remeritas que recién llegaron.
(La vendedora vuelve con un par de remeras diminutas)
Comprador: —Deberían ser un poco más grandes porque la chica es un poco robusta.
(La vendedora pone cara de asombro, busca intensamente entre las pilas de prendas y regresa con una que corresponde al talle más grande, pero sólo es apenas un poco más holgada que las anteriores)
Comprador: —Me parece que esto no le va a ir ¿Tenés talle XL (extra large)?
Vendedora: —Este es XL. Es lo más grande que tengo.
La escena no es ficticia y se repitió en varios locales de venta de ropa del centro de Paraná. Solamente los negocios que venden prendas de elaboración propia tienen ropa que puede ser usada por personas cuyos cuerpos no coinciden con el modelo esbelto y delgado que exige el mercado.
La paradoja es que se está obligando a los cuerpos a adaptarse a la ropa, mientras que lo lógico sería lo contrario.

AJUSTES.
En las vidrieras, los maniquíes no dejan lugar a dudas: las grandes marcas sólo tienen en mente vestir cuerpos sin grasa y bien formados. Cada vez más delgados.
Tanto, que año a año van ajustando sus medidas y achicando las dimensiones de sus ropas. Por lo tanto, alguien que compre un pantalón este año y regrese al siguiente buscando la misma marca y el mismo talle podrá llevarse la sorpresa que, en realidad, no puede usarlo. Y no será necesariamente porque haya engordado.
“En Aluba (Asociación de Lucha Contra la Bulimia y la Anorexia) queremos que se sinceren los talles, que equivalgan a las medidas antropométricas, porque detrás de las letras hay cualquier número”, explicó la licenciada en Psicología Alicia Bello.
En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, existe la denominada Ley del Talle, que obliga tanto a fabricantes como a comerciantes a tener ropa de todos los tamaños y a exhibir en las prendas las medidas, con calificación numérica y que correspondan a talles reales.
Por otra parte, en la Cámara de Diputados de la provincia está al estudio un proyecto que fue aprobado en Senadores que también establece la misma obligatoriedad de marcar las prendas “conforme a las medidas aprobadas mediante las normas IRAM o ISO correspondientes”.
Comprador: —¿Hay alguna prenda que no sea chica?
Vendedora: —No, deberías ir a una casa de talles especiales.
Comprador: —Pero no es necesario, porque no es una persona obesa.
Vendedora: —Es que las grandes marcas ya no fabrican ese tipo de prendas.
El proyecto entrerriano de Ley de Talles fue elaborado por Aluba y fue acompañado por 30.000 firmas que recolectó la entidad. En la Cámara de Diputados fue presentado por los legisladores Lucy Grimalt, Raúl Solanas y Fabián Rogel y fue aprobado por unanimidad pero, al llegar al Senado, fue modificado, estableciéndose la obligatoriedad de los comercios de tener ropa de todos los talles. Por ello, debió regresar a su Cámara de origen para tener sanción definitiva.
La idea de Aluba no es impulsar la obligatoriedad de que los comercios ofrezcan prendas de todos los tamaños sino que los talles sean reales.
“No podemos obligar a nadie que venda ropa de determinado color, por ejemplo, pero sí que los talles no sean mentirosos”, aclararon desde la asociación.

MEDIDAS
La intención de Aluba es que en las etiquetas además del número del talle correspondiente figuren las medidas de las prendas en centímetros para que los interesados en comprar no tengan la obligación de probarse y exponerse a la mirada de otras personas.
“El modelo de éxito es increíblemente delgado, mejor dicho, increíblemente inalcanzable”, sostuvo la especialista Bello. Remarcó que en nuestra sociedad, “gordo y viejo son malas palabras” y que impera lo que denominó “la cultura barbie”, en referencia a las famosas muñecas de silueta sinuosa.
Es que el mercado que promueve la delgadez absoluta es amplio: no sólo comprende la ropa sino también una increíble cantidad de productos adelgazantes, alimentos dietéticos, pociones mágicas y gimnasias varias.
Comprador: —¿A qué número de talle correspondería este pantalón que tiene la letra L (large)?
Vendedora: —Más o menos es un talle 42.
Lo incomprensible es que la gran diversidad de tamaños y formas de cuerpos queden reducidos a las mezquinas categorías de S (small=pequeño), M (medium=medio), L (large=grande) y XL (extra large=muy grande).



Para destacar

— La Ley del Talle fue aprobada en la provincia de Buenos Aires pero durante cinco años no tuvo ninguna autoridad de aplicación, es decir que no había organismo que se ocupara de controlar su cumplimiento.

— A partir del mes de noviembre de 2005 comenzó a regir en todo su vigor y se iniciaron inspecciones tanto a comercios como en las fábricas.

— La medida repercute positivamente en el resto del país dado que la mayoría de las fábricas de indumentarias están radicadas en territorio bonaerense.



Consumismo sin límites

ALUBA ES UNA ASOCIACIóN SIN FINES DE LUCRO que trabaja en el país y también en el exterior con casos de personas que sufren trastornos alimentarios. De acuerdo a sus estadísticas, el 75 % de los pacientes llega a una recuperación plena. La semana pasada, cinco jóvenes fueron dadas de alta definitiva, es decir que a criterio de la institución ya podían manejarse solas, con un proyecto propio y sin riesgo de que puedan llegar a autoagredirse. “Los trastornos de la alimentación son trastornos pisquiátricos”, definió Bello, pero también tienen que ver con una alteración de las escalas de valores.
“Las patologías alimentarias están relacionadas con la ansiedad y el miedo, las faltas de límite y con una cultura eminentemente consumista”, remató.



Cada vez más chicos

La franja etaria de las personas que sufren trastornos alimentarios ha crecido. Actualmente, se registran casos desde niños de 4 años hasta adultos mayores.
La gran mayoría son mujeres y adolescentes, debido a que se encuentran más expuestas a las demandas de la moda. En el caso de los varones se está propagando una patología que se denomina vigorexia y que tiene que ver con el culto desmedido al cuerpo, con el objetivo, siempre inalcanzable, de formarlo con una perfección absoluta.
“Son personas que se matan en el gimnasio y logran un cuerpo súper trabajado pero que después les cuesta mucho sacrificio sostener”, explicó la psicóloga Bello. En ese afán de “sostener” ese cuerpo, los jóvenes llegan a consumir sustancias que no suelen ser muy saludables, que les afecta el hígado y les provoca consecuencias nocivas.




En un recorrido por negocios céntricos se pudo comprobar que la ropa que se ofrece —sobre todo para jóvenes— es extremadamente pequeña y cuesta conseguir tamaños grandes. Una misma marca varía sus talles de una temporada a otra
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