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En la tienda solo las delgadas tenían derechos

Isabel aún está en plena lucha contra su pasado y para conquistar un futuro; pero ha recuperado su vida y a unos hijos que su enfermedad había apartado

Un fuerte acoso laboral en una empresa que sobrevalora la imagen y una baja autoestima e inseguridad fueron una combinación dramática para Isabel, una madre de dos hijas, con 32 años, que llegó a Valladolid en una forzada huida de su trabajo como dependienta de lencería en un gran comercio. Isabel aún está en plena lucha contra su pasado y para conquistar un futuro; pero ha recuperado su vida y a unos hijos que su enfermedad había apartado. Ahora, y no sin un gran esfuerzo, quiere dejar con sus palabras un apoyo para quienes pasan por lo mismo.

-¿Qué pasaba en esos grandes almacenes?

-Estuve siete años. Tenía entonces una talla 40 pero les parecía gorda.

-¿Quién se lo decía?, ¿era una política de empresa?

-Sí, era el ambiente general pero era sobre todo la encargada. Eran continuas indirectas. Te decían que se te marcaba un pantalón, que no te queda bien el uniforme, mira esa clienta que cuerpazo tiene, no salgas a tomar café porque se te marcan los michelines. Era un desprecio constante y unas continuas insinuaciones.

-¿Le exigieron directamente perder peso?

-La encargada te dejaba fuera cuando engordabas. No vienes conmigo, no sales en tus 20 minutos a comer... cosas así. Te metía en su grupo si estabas delgada y esto se lo hacía a todas. Había amenazas con despedirte: ten cuidado, tienes hijos, tienes que cuidar tu imagen... Cuando me quedé embarazada engordé 33 kilos y ya fueron a degüello a por mí. Se me acabaron los privilegios e incluso los derechos legales. Solo las delgadas los tenían.

-¿Qué hacía usted entonces?

-Adelgazar y adelgazar. Vomitar cuando comía algo, tres o cuatro veces al día. Iba a restaurantes y tras comer acudía al servicio a echarlo todo. Lo ocultaba en casa; aunque después descubrí que mis hijos lo sabían, que me oían vomitar en el cuarto de baño.

-¿Buscó ayuda?

-El médico que me trató me dijo que estaba trastornada, que no tenía solución y tampoco mis hijas. Después un médico buscó especialistas en Barcelona, en Madrid... hay poco a donde acudir. En Valladolid, mi marido tenía familia y nos hablaron de la asociación Aclafeba.

-Entonces se vino.

-Mi familia vino tras aguantarme un año y me dejó allí porque yo me negaba a venir. Quisieron forzarme y lo lograron porque finalmente vine.

-Se veía gorda.

-Mucho, me quería operar de todo y tenía mentalidad de suicidio. He pasado tres y cuatro días sin comer, solo con agua. Me ponía la ropa de mi hija de 12 años y me estaba grande.

-¿Por qué cree que pasó?

-Porque era cobarde, no me atrevía a defender mis derechos, estaba insegura.Así me hice daño por otro lado.
Isabel aún está en plena lucha contra su pasado y para conquistar un futuro; pero ha recuperado su vida y a unos hijos que su enfermedad había apartado
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