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Una revisión avala la seguridad de la cirugía bariátrica

Hace algo más de seis meses la cirugía bariátrica estuvo en el punto de mira cuando la prensa se hizo eco del fallecimiento de varios pacientes obesos

En aquel momento, los especialistas consultados por SALUD recalcaron que estas intervenciones son eficaces y seguras y que su índice de riesgo es prácticamente idéntico al de cualquier otra operación de cirugía mayor, con el agravante de que el perfil del paciente (un obeso extremo con varias patologías severas asociadas) lo hace más susceptible de sufrir complicaciones posoperatorias.

Pues bien, una extensa revisión, publicada en el último número de la revista 'JAMA', acaba de avalar todas y cada una de las tesis que en su día defendieron los expertos españoles. Los responsables del nuevo trabajo, procedentes de varias universidades y centros hospitalarios de EEUU, han examinado más de 700 estudios relativos a varias formas de cirugía bariátrica (bypass gástrico, gastroplastia vertical anillada, derivación biliopancreática y banda ajustable).

REVISIÓN. El propósito era determinar si pasar por el quirófano para modificar el proceso digestivo tiene repercusiones positivas no sólo en cuanto a la pérdida de peso, sino también en otros parámetros asociados a este problema y que además ponen el peligro la vida del paciente, como son la diabetes tipo 2, la hiperlipidemia (exceso de colesterol y triglicéridos en sangre), la hipertensión y la apnea obstructiva del sueño, todos factores determinantes del riesgo cardiovascular.

Las conclusiones del análisis no pueden ser más claras y tajantes. «La cirugía bariátrica aplicada a individuos obesos mórbidos revierte, elimina o aminora significativamente la diabetes, la hiperlipidemia, la hipertensión y la apnea obstructiva del sueño. Estos beneficios se dan en la inmensa mayoría de los pacientes que se someten a estas intervenciones».

Por otra parte, y aunque recalcan que la cirugía bariátrica tiene sus riesgos (como cualquier intervención quirúrgica) éstos se ven ampliamente compensados, y no sólo en el aspecto puramente clínico. «El hecho de sentirse bien físicamente, de verse con mejor apariencia, de ser útil socialmente, de interactuar con los demás y poder trabajar y realizar actividades recreativas y físicas supone una mejoría en la calidad de vida con unas repercusiones sociales y económicas evidentes, aunque difíciles de cuantificar», insisten estos investigadores.

PRECAUCIONES. No obstante, un trabajo que publica la última edición de la revista Neurology ofrece una prueba más de que este tipo de cirugía, y sobre todo el seguimiento posterior, no pueden tomarse a la ligera.

Según parece, los individuos que se someten a estas intervenciones tienen un riesgo mayor de sufrir neuropatía periférica —una alteración de los nervios que comunican el cerebro y la médula espinal que produce dolor, pérdida de la sensibilidad e incapacidad para controlar los músculos— tras la operación si no se esfuerzan en seguir un control dietético estricto.

En este sentido, cabe recordar que muchos de estos pacientes operados tienen dificultades para absorber todos los nutrientes que ingieren, por lo que deben tomar suplementos vitamínicos, a veces de por vida, y que deben vigilar su alimentación no sólo para no recuperar el peso perdido, sino también para no desarrollar carencias nutricionales derivadas de esta malabsorción.

Los autores del trabajo compararon los historiales de 435 personas que se habían sometido a una reducción de estómago con los de 123 pacientes obesos, de características clínicas muy similares a las del grupo anterior, que habían pasado por el quirófano sólo para ser operados de la vesícula biliar.

El objetivo era determinar si los problemas neurológicos se producían después de cualquier intervención abdominal o si era la técnica bariátrica el detonante de estos trastornos. «Los que habían pasado por la cirugía de la obesidad tenían muchas más probabilidades de desarrollar neuropatía periférica que el resto de los participantes», argumenta el principal autor del trabajo.

Según ha podido observar el equipo de científicos, el trastorno más habitual era el síndrome del túnel carpiano (una alteración muy molesta y difícil de curar caracterizada por un dolor agudo, a veces incapacitante, en la muñeca y el dorso de la mano), aunque también se detectaron casos mucho más graves, en los que las molestias y la debilidad acabaron confinando a algunos pacientes a una silla de ruedas.

SEGUIMIENTO. Los motivos de estas complicaciones están relacionadas, según las conclusiones de la investigación, con un seguimiento nutricional deficiente después de la cirugía. «Los factores de riesgo [para desarrollar neuropatía] que hemos encontrado tienen que ver con una pérdida de peso demasiado rápida, con no tomar las vitaminas adecuadas y con padecer náuseas y vómitos durante periodos prolongados», dicen los autores.

Además, «la evidencia sugiere que las complicaciones de la neuropatía periférica se deben a la malnutrición», concluyen.
En todo caso, esta complicación es fácilmente evitable, siempre y cuando se preste atención al camino al que hay que enfrentarse una vez que se abandona el quirófano, algo que muchos pacientes no asumen. «Hay quien cree que con operarse queda todo solucionado y no es así», explica a SALUD Cándido Martínez Blázquez, cirujano del Hospital Txagorritxu de Vitoria y presidente de la Sociedad Española de Cirugía Bariátrica (SECO).

Por otra parte, la relajación de encontrarse bien, les lleva a ser más permisivos con la dieta y las revisiones, lo que multiplica la tasa de fracaso quirúrgico y el riesgo de complicaciones como la que recoge Neurology.


Nuevas pistas 'antikilos'

Un estudio recogido en el último 'The Journal of Clinical Investigation' ha desvelado nuevas claves acerca de la obesidad mórbida, una patología generalmente marcada por varios parámetros genéticos.

Según parece, ciertas mutaciones en el gen que codifica la proteína MC4R (un receptor neuronal ubicado en el hipotálamo que juega un papel fundamental en el control del apetito y en el gasto energético) pueden desencadenar el aumento descontrolado del peso. Ya se sabía que esta proteína estaba implicada en la sensación de hambre y que las alteraciones genéticas que bloqueaban su funcionamiento hacían que la báscula se disparase.

Lo que los autores de la nueva investigación han descubierto es que no es necesario que la MC4R quede completamente inutilizada para que el paciente engorde demasiado; basta con que su funcionamiento quede levemente alterado para que la obesidad haga mella. Así, las estrategias terapéuticas deberían dirigirse no sólo a disparar la respuesta de la MC4R ante las señales supresoras del apetito (algo bastante difícil de llevar a cabo, según han demostrado los intentos realizados hasta el momento), sino a desarrollar medicamentos que asegurasen una actividad moderada, pero sostenida, de la MC4R y así equilibrar el hambre y el consumo de energía.
Hace algo más de seis meses la cirugía bariátrica estuvo en el punto de mira cuando la prensa se hizo eco del fallecimiento de varios pacientes obesos
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