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Una dieta baja en sal desde la infancia puede prevenir la hipertensión en la edad adulta

La combinación de diferentes hábitos de vida saludables (pérdida de peso, dieta baja en sodio y de alcohol, entre otros) consigue reducir hasta un 30% la incidencia de hipertensión

Por primera vez, se celebra en Valencia, entre los días 9 y 13 de septiembre, el Curso de Verano de la Sociedad Europea de Hipertención, que reunirá a los más prestigiosos investigadores en esta materia.

Los hábitos de vida saludables son una asignatura que debe aprenderse desde los primeros años de vida. Una adecuada actividad física y una dieta equilibrada pueden evitar a la larga serios problemas cardiovasculares. Según el doctor Manuel Luque, jefe de Servicio de la Unidad de Hipertensión del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, “cualquier modificación dietética debe emprenderse desde la infancia”. De hecho, diversos estudios clínicos llevados a cabo en la población infanto-juvenil han demostrado que existe una relación entre los niveles de presión arterial y el consumo de sal, al igual que ocurre en los mayores.

Aunque reducir el consumo de sodio en las comidas es sólo una de las medidas que se aconsejan para evitar la hipertensión arterial y reducir el riesgo cardiovascular, su papel ha sido sobradamente demostrado a través de numerosas investigaciones. “Lo ideal es que se de una combinación de diferentes medidas que conduzcan a unos hábitos de vida saludables: evitar el sedentarismo y reducir el consumo de sodio y de alcohol pueden reducir en tres años la incidencia de hipertensión hasta en un 30 por ciento”, asegura el doctor Luque que participa en el Curso de Verano de la Sociedad Europea de Hipertensión que se está celebrando estos días en Valencia con la intervención de expertos de toda Europa.

Diferentes estudios desarrollados en los últimos años han demostrado que existe una relación significativa entre la ingesta de sodio y los niveles de presión arterial. En este sentido y teniendo en cuenta que el consumo medio de sal en nuestro país es de 13 gr al día, se sabe que si se reduce a la mitad la presión sistólica baja en 2,1 mm de Hg y la diastólica en 0,2 mm de Hg. “Aunque a priori puedan parecer resultados modestos, poblacionalmente son muy importantes ya que si toda la población redujera su presión sistólica en 3 mm de Hg disminuirían muy significativamente el número de ictus y de infartos”, señala el doctor Luque.


Olvidar el salero

El 75 por ciento de la sal que consumimos no proviene del salero, sino que se encuentra en los alimentos que tomamos. De ahí, que resulte tan complicado conocer con exactitud la ingesta de sodio de un sujeto y conseguir reducirla. “Aunque algunos expertos aconsejan consumir sólo 6 gr de sal al día, una medida eficaz y al alcance de cualquiera es dejar de utilizar el salero. De esta forma se consigue reducir el consumo en un 25 por ciento y se ingiere en torno a 10 gr al día”, explica el experto.



En los últimos años y ante las evidencias científicas, han surgido distintos tipos de sales. Una de ellas es la sal potásica que se presenta como una alternativa al consumo de sodio y que parece no incrementar las cifras de presión arterial. Sin embargo, “los pacientes no suelen tolerarla muy bien y prefieren reducir su consumo de sal diario a tomar la sal potásica”, concluye el doctor Luque.


Consumo moderado de alcohol

El alcohol es un factor involucrado en el aumento de las cifras de presión arterial, aunque no es efectivo y detectable hasta un determinado consumo. Según Antonio Coca, director de la Unidad de Hipertensión y del Instituto de Medicina Interna del Hospital Clínico de Barcelona, “existe una franja en la cual el consumo moderado de alcohol no ejerce ningún efecto nocivo sobre el aparato cardiovascular y no aumenta la presión arterial. Sin embargo, un consumo diario superior a 30 gramos de alcohol puro sí consigue aumentar estas cifras, así como la mortalidad cardiovascular”. Esta cantidad equivale a medio litro de vino, o lo que es lo mismo, dos copas grandes de vino o dos cervezas diarias.


Múltiples observaciones sugieren que el consumo moderado de alcohol ejerce un efecto antioxidante que resulta beneficioso en la prevención del riesgo cardiovascular. De ahí que, a diferencia de las recomendaciones respecto al consumo de tabaco, que debe cesar totalmente, a la hora de hablar del alcohol como factor de riesgo cardiovascular se recomiende moderar su consumo y no eliminarlo. “Está demostrado que el consumo moderado de de alcohol previene la cardiopatía isquémica, de forma que los individuos abstemios tienen más probabilidades de padecer una complicación de este tipo en comparación con los que beben alcohol de forma moderada”, añade el doctor Coca. No obstante, este efecto beneficioso del consumo moderado de alcohol no se ha probado para en el caso del ictus, cuya incidencia presenta una relación lineal directa con el consumo de alcohol.


Aunque el efecto preventivo del consumo moderado de alcohol es igualmente válido tanto en hombres como en mujeres, hay que tener en cuenta que la tolerancia de la mujer al alcohol es inferior, aproximadamente la mitad que el hombre, por lo que las cantidades de alcohol permitidas en la mujer deben de adaptarse a esta circunstancia.



Escuela de Verano de la ESH


Por primera vez se celebra en Valencia, entre los días 9 y 13 de septiembre, el Curso de Verano de la Sociedad Europea de Hipertención, en el que se reunirán los más prestigiosos investigadores en esta materia. Durante una semana, destacados jóvenes investigadores en hipertensión de toda Europa se darán cita en las charlas, seminarios y sesiones que pretenden ahondar en los últimos avances que se han producido en esta área. Según el doctor Josep Redón, del Hospital Clínico Universitario de Valencia y coordinador del Curso de Verano, “entre las múltiples actividades que realiza la Sociedad Europea de Hipertensión (ESH son sus siglas en inglés), las educacionales juegan un papel de gran trascendencia por la importancia de difundir conocimientos en la enfermedad entre los profesionales sanitarios y en la formación de futuros investigadores”.


Durante el curso, el profesorado, compuesto por reconocidos especialistas europeos y nacionales, dará a conocer los últimos avances del campo de la hipertensión “en las ciencias básicas de vanguardia, genómica, proteómica, marcadores de lesión precoz endotelial y nuevas técnicas de estudio del riesgo cardiovascular”, explica el doctor Redón. Asimismo, se abordarán aspectos esenciales y básicos para el desarrollo clínico, como la importancia de la obesidad, factores fetales y ambientales, dieta, alcohol y ejercicio físico. Por otra parte, se analizará el desarrollo del daño orgánico, cardiaco, renal y cerebrovascular en sesiones monográficas, así como la investigación traslacional y la importancia de los estudios poblacionales en hipertensión.


“Se trata de una actividad de formación para los futuros especialistas en el campo de la hipertensión que, al mismo tiempo, les permite convivir, conocerse y desarrollar lazos de trabajo para un futuro”, destaca el doctor Redón, y añade que “con ella la EHS quiere fomentar la excelencia de los profesionales dedicados a este campo de tan gran trascendencia para la prevención de la enfermedad cardiovascular”.


Sociedad Europea de Hipertensión

Desde su creación en 1989, la Sociedad Europea de Hipertensión (ESH) trabaja con el objetivo de convertirse en una plataforma estable y organizada que permita el intercambio de conocimientos científicos en hipertensión. Sus actividades han aumentado significativamente desde su puesta en marcha, destacando en los últimos años el Curso de Verano que, con carácter anual, reúne durante una semana a jóvenes investigadores para actualizar las novedades en este campo.



Los cursos están financiados por los fondos de la Sociedad Europea de Hipertensión, en colaboración con la Sociedad Española de Hipertensión y Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA) y la Fundación Española de Investigación Cardiovascular.


La combinación de diferentes hábitos de vida saludables (pérdida de peso, dieta baja en sodio y de alcohol, entre otros) consigue reducir hasta un 30% la incidencia de hipertensión
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