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Sufrir problemas del corazón no es el fin del mundo; es posible recuperarlo

Existen programas integrales para ayudar a los afectados a recuperar buena parte de las funciones perdidas. Con los adelantos de la medicina moderna, sufrir del corazón no es el fin del mundo

Existe la creencia de que ser víctima de un infarto o tener otra afección cardiaca es estar en la antesala de la muerte. La verdad es que con los adelantos de la medicina moderna, sufrir del corazón no es el fin del mundo.

El desarrollo de las unidades de cuidados intensivos, la posibilidad de destapar arterias con procedimientos menores, de instalar dispositivos, de reemplazar válvulas e implantar elementos como los marcapasos, se han convertido en procedimientos comunes que están al alcance de todos y que garantizan la sobrevida de los afectados.

Infortunadamente, a veces los beneficios de estas intervenciones no dan los frutos debidos: aun cuando muchos de estos pacientes son receptores de costosos procedimientos, literalmente se ‘echan a morir’, y se complican hasta encontrar la muerte, por simple falta de orientación.

Ignoran que la rehabilitación cardiaca –a la que todo paciente tiene derecho por ley– es parte integral e ineludible de los tratamientos. Sin ella no hay recuperación posible.

¿De qué se trata la rehabilitación cardiovascular?

Es un programa integral a cargo de un grupo interdisciplinario, cuya misión es que toda persona víctima de un evento cardiovascular recupere las funciones afectadas y retome sus actividades cotidianas y con buena calidad de vida.

No solo aborda el aspecto físico, también el psicológico, el funcional, el vocacional, el social, el sexual y el laboral.

¿Qué pacientes se benefician de estos programas?

Toda persona que haya sufrido infarto cardiaco o haya sido sometida a procedimientos en su corazón (reemplazos valvulares, trasplantes, angioplastia, stents, revascularizaciones).

También aquellos que presenten enfermedades como falla cardiaca, anginas, síncopes y enfermedad vascular periférica, o factores de riesgo cardiovascular, entre los que se cuentan diabetes, hipertensión, obesidad y dislipidemia (alteraciones en las grasas).

¿Cuáles son las bases del programa?

Tiene dos: un aspecto educativo y uno físico. El primero capacita a los pacientes y a sus familiares sobre la modificación de los factores de riesgo cardiovascular, es decir cambiar los estilos de vida: mejorar la dieta, hacer ejercicio regular controlado, no fumar, disminuir el consumo de licor, bajar de peso y aprender a manejar el estrés.

El segundo adapta el organismo, de manera progresiva, a la actividad física; el objetivo es ganar capacidad funcional.

Si el programa plantea actividad física, ¿hay riesgo de recaer?

No. A todo paciente se le mide su capacidad y con base en los resultados se diseña un programa que se ajuste a su condición. Toda actividad es vigilada de manera estricta y, en ocasiones, monitorizada con equipos para saber cómo responde el corazón y cómo se adapta al plan.

¿Y si el problema del corazón es muy grave?

No importa el tamaño de la lesión o el tipo de intervención: siempre es posible y necesario realizar programas para cada quien.

¿Estos programas ponen límites de edad?

No. Todas las personas obtienen beneficios de un programa de rehabilitación controlado.

¿Y qué pasa con el aspecto sexual?

La sexualidad es vital para todas las personas. No hay razón para creer que una enfermedad de corazón es una limitante para ejercerla a plenitud. De manera progresiva, el programa proporciona elementos para lograr adaptaciones funcionales adecuadas en este aspecto.

¿Cuánto puede durar este programa?

La duración es variable. Depende del tipo de lesión y de su severidad. Hay varias fases: la primera se realiza en el hospital y empieza desde que pasa la urgencia y el paciente se estabiliza.

La segunda es en la casa, pero el paciente tiene que asistir periódicamente al hospital para ser atendido por el equipo de rehabilitación.

En la fase tres, o de mantenimiento, la persona ya se ha adaptado, tiene mayor capacidad, el riesgo es menor y desarrolla el programa por su cuenta y en casa, pero controlado una o dos veces al mes para fijar nuevas pautas.

En las fases dos y tres la educación es fundamental, por lo que los pacientes y sus familiares asisten a charlas educativas con énfasis en nutrición y salud mental.

¿La rehabilitación consiste solo en ejercicios?

No. Existe la creencia de que solo se trata de fisioterapia. En realidad, es la intervención simultánea de cardiólogos, fisiatras, terapeutas, nutricionistas, psicólogos y enfermeras, entrenados, de manera específica, cada uno con un papel definido dentro de este programa.

Si el paciente participa de manera activa en el programa, ¿qué tanto puede recuperarse?

Si la persona se compromete y sigue disciplinadamente el programa, las posibilidades de recuperación son altas y en poco tiempo.

¿Es costoso acceder a estos programas?

La recuperación de un paciente no tiene precio. Son más las pérdidas económicas y en calidad de vida por no hacerlo. Todo paciente tiene derecho, por ley, a recibirlo de manera seria y completa. Ninguna EPS puede evadirlo ni suplirlo con escasas sesiones de terapia.

Existen programas integrales para ayudar a los afectados a recuperar buena parte de las funciones perdidas. Con los adelantos de la medicina moderna, sufrir del corazón no es el fin del mundo
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