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Perder unos kilos puede aliviar los problemas de digestión

Muchas personas padecen cada día los inconvenientes del reflujo gastroesofágico: digestiones pesadas, ardor del esternón al cuello, o sequedad de boca. Tal vez la solución esté en la báscula

Según una revisión de varios estudios, la obesidad se relaciona con un mayor riesgo de sufrir alguno de los trastornos del esófago relacionados con el retroceso del contenido gástrico. Los investigadores aconsejan a estos pacientes perder peso.

El reflujo gastroesofágico afecta entre el 10% y el 20% de los adultos en Estados Unidos. En nuestro país cinco de cada 100 personas sufren ardor cada día y un tercio de los españoles lo padece al menos una vez al mes. La presencia de este trastorno se relaciona con la aparición de otras complicaciones como la esofagitis erosiva (inflamación de la zona), el esófago de Barrett (crecimiento irregular del tejido epitelial), o el adenocarcinoma esofágico (cáncer del epitelio del esófago).

Hasta el momento no está muy clara la causa que favorece la aparición del reflujo. Sin embargo, existen varias teorías de cómo disminuir la frecuencia de este trastorno con cambios en la dieta, el empleo de ciertos medicamentos, el abandono del tabaco o del alcohol o la erradicación de una bacteria, el 'Helicobacter pylori'.

Otra hipótesis que los investigadores barajan es la obesidad como factor favorecedor del trastorno. Para comprobar esta teoría, científicos de la Facultad de Medicina Baylor de Houston, Texas (EEUU), han llevado a cabo una revisión de los diferentes estudios que han analizado este tema. Sus conclusiones han sido publicadas en la revista 'Annals of Internal Medicine'.

Más problemas entre los obesos

De los nueve trabajos analizados, seis mostraron una asociación estadísticamente significativa entre la obesidad y el reflujo gastroesofágico. Las personas con sobrepeso y con obesidad eran 1,5 veces y 2 veces más propensas a sufrir los síntomas de este trastorno que aquellas con un peso normal.

En cuanto a las complicaciones del reflujo, se observó que los sujetos con un índice de masa corporal de 25kg/m² o mayor tenían un riesgo 1,7 mayor de presentar esofagitis que aquellos con un IMC menor.

El IMC es una relación entre la estatura y el peso y es un buen indicador de sobrepeso u obesidad. Se considera que una persona tiene un peso normal cuando esta cifra oscila entre 20 y 25.

Siete estudios examinaron la relación entre adenocarcinoma y obesidad. Los resultados conjuntos indican que las personas con un IMC de 25kg/m² o superior son 2,1 veces más propensos a desarrollar este tipo de cáncer que los individuos con un peso normal.

Aunque todavía no se ha encontrado una explicación biológica para esta relación, es posible que el motivo sea que la obesidad aumente la presión intraabdominal, lo que favorezca a que el vaciado del estómago no se realice correctamente o a que disminuya la presión del esfínter esofágico que normalmente impide el acceso del contenido gástrico. Cualquiera de estas situaciones conduciría a una mayor exposición del esófago al contenido ácido del estómago provocando molestias como los ardores o lesiones como la inflamación o el cáncer.

"Nuestra revisión sugiere que el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo para las enfermedades del esófago relacionadas con el ácido. Futuros estudios deberían examinar los mecanismos por los que la obesidad produce estas complicaciones, al igual que los potenciales efectos de adelgazar. Mientras tanto, es prudente aconsejar a todos los pacientes con sobrepeso que presenten estos trastornos que pierdan peso para mejorar sus síntomas", concluyen los autores.

Muchas personas padecen cada día los inconvenientes del reflujo gastroesofágico: digestiones pesadas, ardor del esternón al cuello, o sequedad de boca. Tal vez la solución esté en la báscula
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