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Perder kilos requiere ponerse en manos expertas

Mucha paciencia y tiempo. El deseo de reconciliación con el espejo y la báscula aboca a muchas personas a empezar una serie de dietas “milagrosas”, que suelen ser tan inoperantes como peligrosas

De hecho, los expertos alertan del incremento de casos de anemia que se registran sobre todo entre los más jóvenes que se someten a dietas desequilibradas de escaso valor nutritivo.

¿Cómo se sabe cuál es el peso ideal? Existe un parámetro -Índice de Masa Corporal (IMC)- establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que evalúa el peso de las personas adultas. Para averiguar el IMC se debe de dividir el peso por la altura al cuadrado. El resultado normal está entre un mínimo de 18 y un máximo de 25. Por debajo de 18 surge una deficiencia nutricional y por encima de 25 aparece el sobrepeso.

Dietas que ponen en riesgo la salud

Esos kilos que se pierden con tanta rapidez se recuperan con mayor facilidad”, explica Leticia B. Carrera, experta en nutrigenética.

Para lograr el objetivo final de perder peso existen numerosas dietas posibles, pero ahora lo más efectivo es averiguar por qué se engorda.

El 95% de las personas que pierden peso con una dieta milagro vuelve a recuperarlo. Así de contundente se mostró la AEDN: el temido efecto “rebote” o “yo-yo” está más que asegurado si recurrimos a este tipo de regímenes de adelgazamiento. Según los dietistas, "la pérdida de peso rápida en poco tiempo" es su principal atractivo; además, se suelen restringir las calorías, pero sobre todo, determinados alimentos esenciales para un correcto funcionamiento del organismo. A su vez, presentan grandes carencias de vitaminas y minerales, mientras que son ricas en grasas saturadas y proteínas de origen animal.

Los especialistas en nutrición explican cuáles son las razones principales por las que estas dietas producen, en la gran mayoría de los casos, un “efecto rebote”:

Cuando se abandona la dieta “milagrosa”, los sistemas fisiológicos de hambre y saciedad inducen a una sobre ingesta para compensar el período de restricción severa anterior. Esta situación conlleva a que la persona coma más y tenga una ingesta superior a sus necesidades, lo que provoca una recuperación mayor del peso perdido.

Cuando hay una restricción energética severa, el organismo reacciona rápidamente disminuyendo su metabolismo para intentar gastar menos y contrarrestar esa deficiencia energética. Por tanto, cuando se abandona la dieta y se vuelve a la alimentación habitual, el metabolismo es menor, se gasta menos, se come más y se recupera más peso del que se ha perdido. Gran parte de este peso recuperado se almacena en forma de grasa corporal.

Los kilos perdidos en un breve espacio de tiempo se deben fundamentalmente a la pérdida de agua y masa muscular, y no a la grasa corporal. Además, el sujeto que hace este tipo de dietas se vuelve adicto al efecto engañoso de la pérdida de peso. El abandono de las dietas provoca una recuperación alarmante del peso perdido más unos kilos extra, fenómeno denominado efecto “yo-yo”.

Pero los problemas que acarrean pueden ser aún más graves. La American Heart Association y la American Dietetic Association advierten que este tipo de sistemas aumentan el riesgo de padecer enfermedades coronarias, diabetes, varios tipos de cáncer, fallo renal y hepático, así como osteoporosis.


Nutrigenética, forma inteligente de perder peso

La nutrigenética estudia cómo las variaciones genéticas de cada persona influyen en la forma en que los nutrientes son asimilados, metabolizados y almacenados en el organismo.

“No basta con ponerse a dieta, hay que estudiar todos los factores que influyen en el desarrollo de sobrepeso u obesidad de cada individuo de forma minuciosa y estrictamente personalizada para lograr el éxito. Por eso no a todo el mundo le sirve la misma dieta, y por eso una misma dieta puede tener consecuencias muy diferentes en cada individuo. Las dietas se clasifican en útiles o inútiles, de acuerdo con las características de la persona”, afirma Leticia B. Carrera, Licenciada en Farmacia, Especialista en Bioquímica Clínica y Máster en Nutrición por la Universidad Autónoma de Madrid.

El método de adelgazamiento que sigue esta nutrigenética se basa en buscar la causa de la obesidad o del sobrepeso con ayuda la de los últimos avances científicos. “Porque hoy se sabe que la obesidad no sólo se produce por comer mal, hay varias enfermedades desencadenantes y además existe un componente hereditario importante que favorece su aparición. Una vez encontrada la causa, adaptamos el tratamiento a cada situación”, añade.


Intolerancia alimentaria, un test científico

El Test de Intolerancia Alimentaria (T.I.A.) es la solución científica más avanzada para averiguar, mediante una muestra de sangre, si se engorda por reacción a varios alimentos y no por exceso de ingesta. “Existe la creencia errónea de que el sobrepeso y la grasa están asociados unívocamente, y aunque así ocurre en la mayoría de los casos existen otros en los cuales el aumento de peso es debido a la acumulación de líquido en los tejidos, los cuales provienen de una reacción corporal a determinados alimentos llamada intolerancia alimenticia”, explica el Dr. Fernández Blanco.

Dichos alimentos, que varían en función de cada paciente y que pueden ser cualquiera de los que habitualmente se toman, estimulan la producción de anticuerpos. Estos combinados con los antígenos alimentarios dañan los vasos sanguíneos y producen un aumento de agua desde la luz intestinal al tejido subcutáneo, lo que se traduce en un aumento de talla y peso.

Gracias a la realización del Test de Intolerancia Alimentaria y al establecimiento de una dieta personalizada donde se excluyen los alimentos que el test ha detectado como intolerante, la persona consigue reducir grasa y volumen. Los primeros resultados se ven entre 20 y 60 días después de seguir la dieta sin los alimentos determinados.

Los especialistas advierten que la lucha contra el sobrepeso es un proceso a medio o largo plazo en el que sólo existen dos armas eficaces: una dieta equilibrada y personalizada, y la práctica diaria de ejercicio físico.
Mucha paciencia y tiempo. El deseo de reconciliación con el espejo y la báscula aboca a muchas personas a empezar una serie de dietas “milagrosas”, que suelen ser tan inoperantes como peligrosas
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