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Ofensiva contra las grasas poco saludables

Una ley reducirá las grasas trans y las grasas saturadas en las escuelas

El Ministerio de Sanidad ha decidido emprender batalla contra el uso indiscriminado de grasas trans perjudiciales para la elaboración de los alimentos. Y lo hace desde distintos frentes, tanto estatal como europeo, y bajo el paraguas de la ley, convencido de que esta es la única manera posible de alcanzar el objetivo de limitar lo máximo posible la ingesta de estas grasas poco saludables.

La idea del departamento que dirige Bernat Soria es que en poco más de dos años las grasas trans desaparezcan casi por completo de todos los comedores escolares españoles, de aquellos vinculados al Sistema Nacional de Salud - incluidos los de los hospitales- y de los que tienen relación con los jóvenes y el deporte. En cuanto a las grasas saturadas, la intención es que se reduzca mucho su presencia. Para ello, se servirá de la futura ley de Seguridad Alimentaria.

Paralelamente, Sanidad trabaja para que, en el 2010, la UE saque adelante una norma que obligue a la industria alimentaria europea a detallar por completo qué tipo de grasas utiliza y en qué cantidades. Esto, a juicio de los responsables sanitarios españoles, permitirá a los consumidores saber exactamente qué es lo que de verdad están comiendo y, por tanto, poder elegir los productos más saludables.

Así lo indicó a La Vanguardia el responsable de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan), Félix Lobo, quien considera que "es el momento" de poner en marcha actuaciones para garantizar la seguridad y la salubridad de los alimentos no sólo a nivel español, sino también comunitario.

Esta es la filosofía de la Estrategia de de Seguridad Alimentaria 2008-2012, elaborada por la Aesan, y que incluye, entre otros puntos, la elaboración de la ley de Seguridad Alimentaria. Esta futura norma no incluirá ninguna obligación para la industria alimentaria, pero sí un capítulo relacionado con la drástica reducción de grasas trans y saturadas en los comedores de los colegios, centros deportivos y juveniles, así como en los hospitales.

Félix Lobo descarta que esta medida se aplique a la industria alimentaria - lo que resultaría mucho más efectivo y repercutiría en la mesa de todos-, alegando que "iría en contra de los productos españoles. Estamos en un mercado de libre circulación y todas las acciones que se acuerden deben afectar a la industria europea por igual", señala el responsable de la agencia española.

Todo lo relacionado con la industria, según Lobo, deber ser regulado desde Bruselas. En este sentido, el responsable de la Aesan señaló que España se ha incorporado hace apenas dos meses al grupo que trabaja en la futura normativa sobre etiquetado. "Queremos impulsar, precisamente, un nuevo etiquetado en el que se detalle con exactitud qué tipos de grasas se emplean y en qué cantidades", explica. El objetivo de esta norma es que se apruebe en el primer semestre del 2010, precisamente cuando España ejercerá la presidencia de la UE.

La finalidad última de esta nueva regulación no es otra que acabar con la confusión que se produce en relación con las grasas en las etiquetas, y que impiden al consumidor saber qué es lo que está comiendo. Así, dentro de la categoría grasas vegetales hay una decena de aceites distintos, desde el de oliva, que es saludable para el sistema cardiovascular, hasta los aceites de palma y coco, que elevan los niveles de colesterol malo. También se obligará a detallar si contienen grasas trans y su cantidad.

Lobo, sin embargo, quiso dejar claro que esta normativa europea no establecerá límites de uso de grasas trans ni de saturadas. Respecto a la primera, y pese a que los estudios científicos dejan claro que son manifiestamente perjudiciales para la salud, no hay unanimidad entre los estados de la UE para establecer un límite - aunque Dinamarca, por su cuenta, ya ha fijado un máximo del 2%-. El único acuerdo alcanzado entre los países comunitarios respecto a las grasas trans se refiere a su eliminación de los alimentos infantiles.

En cuanto a las grasas saturadas - que a juicio de Lobo son las más preocupantes, ya que su consumo es mucho más elevado que el de las grasas trans-, el problema reside en que "no resulta fácil establecer un límite, ya que el cuerpo humano también necesita de grasas saturadas en cierta cantidad", señala.

El responsable de la Aesan cree además que no es necesario "ser tan legislativos". En su opinión, es mejor alcanzar acuerdos con la industria y que sea esta la que se autocontrole. "Este es el método de trabajo que estamos siguiendo desde hace algunos años y está dando resultados muy positivos", señala.

En particular, Lobo se refiere a la estrategia NAOS, de control de la obesidad y el sobrepeso: "En este marco, se están alcanzado acuerdos muy efectivos, que están permitiendo grandes avances en el tema de la mejora de la salubridad de los alimentos. Y todo ello, con la propia iniciativa de la industria, que es consciente del interés de la población por una alimentación cada vez más saludable".

El control de la ingesta de grasas es uno de los objetivos que se ha marcado el ministro de Sanidad, Bernat Soria, para esta legislatura. Y es que España se juega mucho con este tema, entre otras cuestiones porque los españoles se encuentran a la cabeza, junto con los británicos, en los índices de obesidad infantil en la UE, con un 14% de los menores con obesidad. Según datos facilitados por la Sociedad para el Estudio de la Obesidad, España es el décimo país del mundo con mayor porcentaje de población obesa y con sobrepeso.

El problema de la obesidad, recuerdan los especialistas en nutrición y salud pública, va más allá de una cuestión estética. Es una enfermedad crónica que lleva aparejados graves trastornos, como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. La reducción de peso es uno de los objetivos que lograr no sólo con la estrategia NAOS, sino también con la de seguridad alimentaria que prepara el Ministerio de Sanidad.

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