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Obesidad, un pasaporte a la diabetes

Se estima que hay 1700 millones de personas en riesgo de padecerla debido a su exceso de peso

"Fui obeso toda mi vida, pero hace diez años descubrí que también era diabético", cuenta Juan Carlos Arduino, que después de muchos años en los que sistemáticamente hizo oídos sordos a los consejos de su médico, decidió bajar de peso, para poder poner bajo control la diabetes.

La historia de Juan Carlos es, a grandes rasgos, la de buena parte de los 175 millones de personas que llegó a la diabetes tipo II de la mano de la obesidad o el sobrepeso. Pero es también la de 1700 millones más que, según el International Obesity Task Force, se encuentran en riesgo de desarrollar esa y otras afecciones no contagiosas debido al exceso de peso.

"La obesidad central es el principal factor de riesgo de la diabetes tipo II, porque provoca alteraciones metabólicas que hacen que el páncreas deje de funcionar normalmente", explica el doctor Maximino Ruiz, fundador y jefe de la División de Diabetología del Hospital de Clínicas.

"La obesidad y la diabetes son como Dr. Jeckill y Mr. Hyde: son las dos caras de una misma moneda", agrega Juan Carlos, que hoy pesa 40 kilos menos que hace tres años, cuando superaba holgadamente los 140. Entonces, sus niveles de glucemia en ayunas rondaban los 240 ml/dl, cuando lo normal es que no superen los 110 ml/dl.

"Combate la obesidad: prevén la diabetes." Eso es lo que proponen hoy, en el Día Mundial de la Diabetes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Internacional de Diabetes, en un mundo donde ya el 10% de los chicos en edad escolar tiene sobrepeso, cuando no obesidad.

Combatir su propia obesidad, eso es lo que decidió hacer Juan Carlos. Y aunque asegura que no le fue fácil, hoy sus niveles de glucemia se encuentran en valores normales. "Creo estar controlando la diabetes -confiesa-. Pero mi meta es seguir bajando de peso y que mi médico me diga: «Tomate una pastilla de hipoglucemiante oral al día, y no tres como ahora»".

El traje que lleva puesto, un par de talles más grande, señala que va por el buen camino.

Panza: una bomba de tiempo

"La panza es un obstáculo que le impide a uno hacer un montón de cosas: interfiere con su vida social, sexual, con su capacidad para realizar actividad física. Pero el mayor problema es que uno se acostumbra", comenta Juan Carlos.

Esa misma panza -apodada "obesidad central" o "intraabdominal"- constituye además un atajo a la diabetes. "Cuando el perímetro de cintura supera los 102 centímetros en el varón o los 88 centímetros en la mujer, la persona tiene un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo II", explica el doctor Isaac Sinay, jefe del Servicio de Endocrinología y Metabolismo del Hospital Francés.

¿Cómo es el tránsito desde la obesidad central a la diabetes? En primer lugar, responde Sinay, "las células adiposas que se encuentran en la cavidad intraabdominal liberan una gran cantidad de ácidos grasos libres y glicerol al torrente sanguíneo, que hace que el hígado aumente su producción de glucosa".

Al mismo tiempo, los ácidos grasos libres perturban la acción periférica de la insulina: "Impiden que el músculo y la grasa utilicen la insulina para transformar la glucosa en energía. Esta es la llamada «insulinorresistencia»". Coinciden entonces una mayor producción de glucosa con su menor aprovechamiento por parte del organismo.

Ante ese exceso de glucosa, retoma Sinay, "el organismo aumenta la producción de insulina. Pero llega un momento en el que, ya sea por una exacerbación de la insulinorresistencia o porque el individuo tiene una predisposición genética, la producción de insulina no alcanza a hacer frente al elevado nivel de glucemia".

El resultado es que las células productoras de insulina empiezan a dejar de cumplir con su tarea. Entonces, estamos a un paso de la diabetes, que se declara cuando el paciente tiene niveles elevados de glucosa en sangre, aun en ayunas.

Hoy, el proceso que lleva de la obesidad intraabdominal a la diabetes tipo II no puede ser revertido, pero sí desacelerado. "Y lo más importante -afirma el doctor Ruiz- es que con un tratamiento adecuado se pueden prevenir las complicaciones de la diabetes y mejorar la calidad de vida."

Pilares terapéuticos

El tratamiento de la diabetes tipo II se asienta sobre dos pilares: un plan de alimentación hipocalórico y un programa de actividad física que permitan el descenso de peso y mejoren el metabolismo. Ni los fármacos hipoglucemiantes ni la insulina son de gran ayuda si el paciente no combate primero su exceso de peso.

Numerosos estudios han demostrado que incrementar los niveles de actividad física y adoptar un plan alimentario que permita reducir al menos un 5% del peso corporal permiten prevenir o al menos demorar el desarrollo de diabetes tipo II en personas que ya padecen insulinorresistencia.

"Creo que el secreto de todo esto es tomar conciencia de que hay que aprender a comer bien y estar físicamente activo", resume Juan Carlos, que a sus caminatas diarias pronto sumará clases de yoga.
Se estima que hay 1700 millones de personas en riesgo de padecerla debido a su exceso de peso
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