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La piel. Nuestro envoltorio sensorial

Conocer nuestro cuerpo, su funcionamiento y sus necesidades, es un paso esencial en el porceso de cuidarlo.

La sensualidad tiene distintas formas, olores y texturas. Sin embargo, sin lugar a dudas tiene una característica común a todas ellas: el disfrute y la intensidad.
Disfrutar, implica estar presente en esa situación, abrirse a vivirla. Tanto el correr de un lado a otro, como el esconderse y ocultarse, restringe no sólo la expresión de nuestra sensualidad, sino y especialmente de nuestra vida.
Cuando se les pregunto a un grupo de personas cuál de nuestros sentidos creía que era el que más se vinculaba con la sensualidad, la mayoría de los consultados priorizó el tacto.
Es por eso que en este primer tour de conocimientos y cuidados por nuestro organismo hemos decidido empezar por nuestro órgano más extenso: la piel.

Nuestro envoltorio
La piel es un órgano de una complejidad asombros tanto en su estructura como en su funcionamiento. La piel es multifacética:

Actúa como una barrera, tanto para sostener nuestros órganos internos como para detener el ingreso de organismos externos. Un envoltorio protector que mantiene las sustancias vitales dentro y las indeseables fuera.

También participa en la regulación de la temperatura corporal.

Otra función fundamental es la de ser un sensor vivo que nos permite percibir el mundo que nos rodea. El tacto es el sentido que nos acompaña por más tiempo. Las personas muy ancianas, aún cuando han perdido otros sentidos, como la audición o la visión, continúan percibiendo su mundo externo a través de ella.

En el cuerpo tenemos dos tipo de pieles. Aquella que se encuentra en la palma de nuestras manos y en la base de nuestros pies, que es más gruesas, aunque suave, y lampilinea. Mientras que el resto del cuerpo, esta bañado por un tipo de piel distinta, que varía en textura y vellosidad según su ubicación y nuestras características particulares.

Ingeniería humana que nos delimita
Estructuralmente, la piel esta constituída por distintas capas de células. Las capas externas son conocidas como epidermis y las internas como dermis.

La epidermis
La epidermis es la parte de la piel que vemos y tocamos. Aunque nos sorprenda este dato, esta conformada mayoritariamente por células muertas. Creadas en el stratum germinativum, el nivel más profundo de la epidermis, son empujadas cerca de la superficie al tiempo que nuevas células se forman debajo. Para el momento que las células han alcanzado la superficie se han aplastado y comprimido durante el proceso, creando una confiable barrera que protege las células vivas interiores.

La dermis
Esta fina capa que subyace debajo realiza "tareas domésticas" para la epidermis, proveyendo los capilares y el sistemas linfático necesario para limpiar aquellos residuos que pueden afectar las nuevas células de la piel. También es responsable de otras funciones esenciales. Los folículos pilosos y las terminaciones nerviosas que se encuentran en la dermis la convierten en un verdadero centro sensorial.

Colabora en la protección de la piel, produciendo un fino film químico que es la primera línea en la defensa contra bacterias peligrosas e infecciones.

Finalmente la dermis también nutre a nuestro organismo de colágeno y elastina. La fibra de colágeno conforma el 75% del peso de la dermis, trenzada con fibras de elastina, conforma un tejido capaz de expandirse o contraerse, adecuándose a los distintos cuerpos. Más allá de pesos y tamaños.

La piel también es un hogar dulce hogar de cientos de millones de bacterias benignas. Este sistema de defensa externo puede verse afectado por diferentes factores que alteran la flora natural de la piel: consumo de antibióticos, stress, medio ambiente, exposición al sol.

Muchas culturas dicen que la piel es un reflejo del funcionamiento de nuestro cuerpo. En Oriente, encontramos verdaderos sistemas de diagnóstico basados únicamente en el análisis de la textura, el color y olor de la piel. Para aquellos que están atentos, muchos signos que se dibujan en ella son verdaderas evidencias de lo que nos sucede dentro.

Claves para cuidarla
Una de las claves para mantener nuestra piel saludable es dejarla descansar. Durante el sueño, las células se renuevan y los desechos son transportados hacia fuera. La piel se regenera en esta instancia porque la energía, liberada de otras actividades que le son exigidas durante el día, esta volcada a este fin.

A medida que el cuerpo se relaja, la piel se embellece.

No sobreexponerla al sol. Tomar sol en los horarios permitidos, y siempre con protector solar.

Lavarla diariamente, además de nutrirla y humectarla.

Tanto el agua como la actividad física colaboran con su oxigenación.
Conocer nuestro cuerpo, su funcionamiento y sus necesidades, es un paso esencial en el porceso de cuidarlo.
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