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La enfermedad por reflujo (ERGE) ya tiene una nueva definición

En un Café de Redacción celebrado en Oviedo sobre "La nueva definición de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE)", seis expertos han debatido sobre las causas de esta enfermedad, su prevalencia, factores de riesgo y tratamientos

La reunión ha sido organizada por Contenidos e Información de Salud y el diario digital azprensa.com, con motivo del consenso en torno a la concepción de esta patología.

En pasado agosto la revista American Journal of Gastroenterology publicó la nueva definición de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE). "El único cambio sustancial que ha habido respecto a consensos previos es que, probablemente, los médicos nos hemos acercado un poco más a los pacientes y se ha subido el nivel de conocimiento del terreno", indica Julio Ponce, gastroenterólogo del Hospital La Fe de Valencia.

Ponce añade que "cambia también el objetivo terapéutico en el sentido de que el médico tiene que tener como objetivo principal recuperar el estado de salud y el estado de calidad de vida de los pacientes lo más rápidamente posible".
Junto a este experto participaron en la reunión a puerta cerrada Luis Rodrigo, del Hospital Central Nuestra Señora de Covadonga de Oviedo; Fermín Mearín, del Centro Médico Teknon de Barcelona; Ángel Lanas, del Hospital Clínico de Zaragoza; Juan Vicente Esplugues, catedrático de Farmacología de la Facultad de Medicina de Valencia; y Enrique Domínguez, del Hospital Clínico de Santiago de Compostela.

Según Rodrigo, la prevalencia en Europa y Estados Unidos de esta enfermedad se sitúa entre el 10 y el 20 por ciento de la población. Mearín añade que se trata de una patología "enormemente prevalente, que altera la calidad de vida y utiliza recursos sanitarios y sociales".


Mujeres
La ERGEafecta por igual a hombres y mujeres pero éstas tienen unos niveles de calidad de vida inferiores a los de los hombres, por lo que "cuando tienen enfermedad por reflujo todavía pierden más la calidad de vida", señala Ponce.
Los dos síntomas más frecuentes de esta patología son la pirosis y la regurgitación, "pero su ausencia no excluye que el paciente pueda tener ERGE", aclara Mearín.


Riesgos
Lanas explica cómo se desencadena la ERGE: "Existe una barrera fisiológica natural que tiene el esófago con el estómago, un esfínter que regula el paso del alimento en el sentido de la progresión al estómago. Hay una hipotonía, una reducción del tono del esfínter y permite el reflujo". En su opinión, esta enfermedad afecta al mundo occidental por la presencia de una serie de factores de riesgo: los estilos de vida que conllevan una mala alimentación, y como consecuencia, la obesidad; la medicación (tranquilizantes, hipertensivos, fármacos para tratar enfermedades respiratorias o coronarias, etc.) y la edad, ya que cuantos más años se tienen más fármacos se consumen.

Para los expertos reunidos en el Café de Redacción, no es que haya una falta de diagnóstico, sino que "los pacientes tardan en consultar porque mucha gente entiende que tener ardor es normal", en palabras de Ponce. Sin embargo, detectar la patología es fácil y no precisa de muchos recursos. En cuanto a sus consecuencias, "es una enfermedad que, afortunadamente, tiene pocas complicaciones", aunque a algunas de ellas en el pasado se les daba una mayor relevancia, señala este especialista.

Lanas considera que no es "un problema de adelantar la visita al especialista, sino de manejo adecuado" de los pacientes, para lo cual aconseja consultar las guías de práctica clínica elaboradas por la Asociación Española de Gastroenterología (AEG) y la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc).


Esófago de Barrett
Para este experto, "la complicación más frecuente de la ERGE es la aparición de un cambio en el esófago que se llama esófago de Barrett, una transformación del epitelio normal", que no es peligrosa si no se mantiene en el tiempo. "Un 20 por ciento de las personas que tienen reflujo desarrolla lesiones en el esófago: inflamación con erosión, lo que se denomina esofagitis", continúa Lanas. "A su vez, esta patología puede tener sus complicaciones, puede sangrar, puede llevar también a la aparición de una úlcera profunda. Pero básicamente la complicación fundamental que existe en la esofagitis es que un 5 por ciento de los pacientes va a desarrollar esófago de Barrett".

Pero el problema que preocupa a estos expertos es que muchos pacientes diagnosticados de esófago de Barrett consultan información sobre esta enfermedad en Internet, donde se habla del riesgo de desarrollar cáncer. Ponce insta a tranquilizar a estos pacientes "en la medida de que no es tan frecuente como se estimaba hace años", ya que sólo el 0,5 por cierto de los enfermos con esófago de Barrett acaba sufriendo un cáncer. En esta línea, Lanas recuerda que "no existen evidencias de que se pueda impedir el desarrollo de Barrett a cáncer, pero sí que existen algunas evidencias indirectas que sugieren que un tratamiento adecuado puede reducir ese riesgo".


IBP, tratamiento de elección
Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) son "un grupo de fármacos extraordinariamente eficaces, muy potentes y tienen un perfil de seguridad óptimo", subraya Esplugues, para el cual estos buenos datos también tienen su lado negativo porque los enfermos que consumen estos medicamentos creen "que un fármaco tan potente tiene que ir acompañado de algo, tiene que modular algo la fisiología, producir algo, y la realidad es que no lo hace".
Rodrigo expone que la tendencia actual es administrar "dosis fuertes y luego irlo bajándolas conforme la enfermedad va remitiendo". De esta forma, se administran dosis altas de forma continuada durante entre dos y cuatro semanas seguidas, para luego reducir la cantidad de fármaco según sea la respuesta del paciente al tratamiento. Pero nunca se debe recurrir a los antiácidos.

En opinión de Ponce, "los pacientes bien tratados responden rápidamente", aunque a veces se "acomodan" al tratamiento, ya que creen que deben seguirlo tomando cuando ya no es necesario.

Finalmente, los expertos reunidos en el Café de Redacción debatieron sobre las repercusiones de la ERGE en la vida diaria y laboral de los pacientes. A este respecto, Enrique Domínguez cree que tiene "un impacto muy relevante, tanto en la productividad de los trabajadores como en el volumen de bajas laborales y de horas no trabajadas a la semana", pero depende también de la frecuencia y la intensidad de los síntomas.

Ponce indica que esta patología tiene una repercusión en la productividad y el rendimiento laboral similar a la de enfermedades tan comunes como la lumbalgia, la cefalea o la hipertensión. Pero la ERGE no sólo afecta al trabajo, también a la vida diaria del paciente. No obstante, donde más impacto tiene, obviamente, es en los hábitos alimentarios de los enfermos. En este sentido, tanto Mearín como Rodrigo coinciden en que se trata de una patología que afecta tanto a aspectos físicos como psicológicos del paciente.


El peligro de la automedicación y de la administración de fármacos que falsifican la realidad
"La gente toma muchos inhibidores de la bomba de protones por su cuenta y no es que tengan un efecto deletéreo sino que enmascaran mucho la realidad del problema", advierte Luis Rodrigo, del Hospital Central Nuestra Señora de Covadonga de Oviedo. Este hecho provoca que los pacientes que acuden a la consulta del especialista ya hayan tomado medicamentos para tratar los síntomas pero de forma incorrecta. Juan Vicente Esplugues, catedrático de Farmacología de la Facultad de Medicina de Valencia, señala que "los IBP son el segundo grupo terapéutico que más factura en la Seguridad Social". Sin embargo, de esa cantidad sólo una parte son medicamentos prescritos por un médico, el resto son autoadministrados por el paciente, ya que "son fármacos que se utilizan de forma absolutamente popular".

A esto se une la creencia, a juicio de Julio Ponce, del Hospital La Fe de Valencia, de que estos medicamentos sirven como "protector" del estómago y se consumen cuando se va a hacer una comida pesada, se van a tomar medicamentos, etc. Fermín Mearín, del Centro Médico Teknon de Barcelona, alerta del elevado consumo de "fármacos que consiguen respuestas insuficientes", como los antagonistas de la estamina, lo cual "es un problema de automedicación o de mala prescripción por parte de los facultativos”.
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