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Expertos aseguran que ya se puede medir el grado de estrés

Conducen al paciente a un estado de tranquilidad absoluta y después lo someten a distintas pruebas y a situaciones estresantes. Miden sus reacciones y establecen el grado de estrés y su vulnerabilidad

A nadie se le ocurriría decir, pura intuición, que tiene el colesterol alto. O asegurar que sus niveles de cortisol están por las nubes. Sin embargo, escuchamos muy a menudo que alguien decide estar estresado". Peor que eso, muchas veces son los médicos quienes diagnostican a ojo. "Debe ser estrés". Como si no hubiera forma de medirlo. Uno de los ejes del Segundo Congreso Argentino de Medicina del Estrés será justamente apuntalar la idea de que el estrés es mensurable.

El congreso, a desarrollarse el viernes y el sábado en el hotel Crowne Plaza, está organizado por la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés (SAMES). Su presidente, el doctor Daniel López Rosetti, dice: "Hace unos años, al hacer la historia clínica el médico ponía si el paciente tenía estrés o no. Lo decidía porque le parecía. Hoy no es así. Hay que efectuar mediciones".

Las mediciones parten de dos áreas diferenciadas: una, la primera, es la percepción del paciente. "Que sea cierto o no, no importa. Al menos al comienzo, el estrés es un fenómeno subjetivo. Si tiene ansiedad, nervios, alteración de la memoria y lo acredita a una sobrecarga laboral, no podemos desestimar eso; sería una soberbia médica. Pero hay que estudiarlo para ver en qué medida tiene eso", apunta López Rosetti, quien es cardiólogo.

Antes de pasar a la pata científica de la medición conviene dejar claro qué es estrés. Debería decirse que una persona está estresada cuando no tiene los recursos psicofísicos suficientes para manejar las cargas psicológicas que él mismo genera y las ambientales. Mientras maneja esa carga, se dice que tiene una reacción "adaptativa". Cuando se convierte en amenazante, estresante, al superar su capacidad de resistencia, se producen las enfermedades por desadaptación. Entonces la persona se transforma en objeto de estudio.

Exámenes hay a montones. Clínicos, psicológicos, de laboratorio. En la sede de la SAMES tienen, incluso, un instrumento llamado psicoscanner que registra distintas variables fisiológicas que se modifican ante el estímulo de los estresores.

El paciente llega a la cabina, donde se sienta frente a un monitor de PC. Hace respiración abdominal, su frecuencia cardíaca decrece, la presión arterial también, su transpiración es mínima, el electroencefalograma registra una actividad lenta. Cuando el conejillo está en el paraíso de la tranquilidad, zas, se lo estresa. No se lo somete a nada terrible, realmente, sino a pruebas estandarizadas que permiten comparar resultados científicos.

El primer "estresazo" le llega con un test aparentemente inofensivo. Una prueba aritmética, una sustracción sucesiva que se hace en un minuto. Una simple cuenta mental altera, a unos un poco, a otros muchísimo. Otra de las pruebas es enfrentar al sujeto a un videogame competitivo, dado que la personalidad competitiva está mucho más sujeta al estrés. La tercera es un estresor físico. La prueba del frío es un test cardiológico. Se trata de poner la mano durante un minuto en agua a 3 grados de temperatura.

Los resultados dirán si la persona es "estresable", vulnerable. Después se pasan a otras mediciones, psicológicas y también de sustancias como el cortisol, la hormona del estrés.

"Antes —aclara López Rosetti— hay que descartar patologías para, por exclusión, caer en el diagnóstico".

Las reacciones a los estresores son distintas según quién sea el estudiado. El cuerpo responde, dicen los científicos, desde cuatro costados: psicológico, neurológico, inmunológico y endocrinológico, es decir, hormonal. Según el genio de cada uno y de lo aprendido, algunos tendrán más predisposición hacia el estrés físico; otros, al psicológico.

Hay grupos de mayor riesgo. Los hostiles, iracundos, agresivos son uno de ellos. Los que manifiestan esas emociones están más cerca de un infarto. Y aquellos competitivos, dinámicos, agresivos, que están siempre ocupados, que necesitan hacer cosas y el reconocimiento de otros, que no juegan ni se divierten, ni hablar.

"Hay que saber que el manejo del estrés es posible y rápido, desde un abordaje conductual y filosófico interdisciplinario —termina López Rosetti—. Cuando la gente me pregunta: '¿No se da cuenta que ya no se puede más en este país? Sí, me doy cuenta, pero es lo que nos tocó. El desafío es poder con lo que hay".
Conducen al paciente a un estado de tranquilidad absoluta y después lo someten a distintas pruebas y a situaciones estresantes. Miden sus reacciones y establecen el grado de estrés y su vulnerabilidad
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