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El valor medicinal de una buena dieta

La moderación en el consumo de sal y azúcar, claves para una alimentación saludable

Desde los griegos, se ha prestado mucha importancia a la alimentación en relación con la salud y la enfermedad. Hipócrates, padre de la Medicina, atribuía a la dieta un papel esencial en los procesos de enfermar y también como remedio terapéutico universal.

A partir de la década de 1970, el interés por la dieta adquiere un nuevo impulso. Los grandes estudios epidemiológicos pioneros llaman la atención sobre los riesgos que se asocian a una dieta desequilibrada y a la ingesta elevada de algunos componentes como las grasas, sobre todo las saturadas. Otros estudios constatan que las concentraciones de colesterol en sangre (colesterolemia) se encuentran entre los factores de riesgo más directamente implicados en el origen de las enfermedades cardiovasculares y, en concreto, en relación con la cardiopatía isquémica.

Estos resultados y otras evidencias epidemiológicas han ratificado el interés de la dieta en la prevención y tratamiento de los factores de riesgo asociados a las enfermedades cardiovasculares. Comienza a tomar fuerza la perspectiva de que mantener el peso deseable, con una dieta de bajo contenido en grasas y alto porcentaje en hidratos de carbono complejos, acompañado de la práctica de ejercicio físico y de la moderación en el consumo de alcohol, puede tener efectos positivos para evitar tanto la obesidad como la hipertensión y otras dolencias colaterales. Otra de las conclusiones de estos grandes estudios se localiza en la necesidad de limitar la ingesta de sal común.

Es casi seguro que algún familiar le ha informado de que le han «quitado la sal o el azúcar o las grasas».
Las autoridades sanitarias europeas se han propuesto fulminar el exceso de sal, puesto que se relaciona con la hipertensión y los trastornos cardiovasculares. Y excesivo es, según la Organización Mundial de la Salud, rebasar los 5 gramos por día. O sea, una cucharada de postre, cuando en España se calcula que, de media, se toman 11. Similar suerte corre el azúcar, cuyo consumo en demasía se asocia con la obesidad.
Todo el mundo está perfectamente de acuerdo en que la sal y el azúcar son elementos necesarios en una dieta equilibrada. En que eliminarlos por completo sería perjudicial, poco realista y mermaría el placer de comer. «La clave es la moderación».

Verduras protectoras
Hoy se dispone de evidencia sólida y consistente respecto al papel protector del consumo de frutas y verduras sobre las enfermedades cardiovasculares. La mayor parte de los estudios, aunque no todos, evidencian que el consumo de pescado se asocia con menor riesgo cardiovascular mediado principalmente por los ácidos grasos omega-3. En algunos estudios poblacionales se ha observado también un papel protector implicado en el consumo regular de frutos secos sobre el riesgo cardiovascular.

Considerando la dieta en su conjunto, la dieta mediterránea tradicional presenta un perfil muy favorable con fines de protección cardiovascular y otras enfermedades degenerativas: es rica en aceite de oliva, incluye el consumo moderado de vino con las comidas, incorpora un consumo elevado de legumbres, alto consumo de cereales, incluido el pan, consumo importante de frutas y verduras, bajo de carne y productos cárnicos y moderado de leche y derivados lácteos. Sin duda, la dieta de referencia en este momento de la historia.
La moderación en el consumo de sal y azúcar, claves para una alimentación saludable
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