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El 90% de los infartos es atribuible a nueve hábitos de vida fáciles de modificar

Si es uno de los miles de españoles que cada año sufre un infarto de miocardio, probablemente conoce ya qué costumbres de su estilo de vida han dinamitado su corazón.

Pero seguro que aunque no haya experimentado un episodio de este tipo sabe que hábitos como fumar, seguir una dieta rica en grasas y pobre en frutas y verduras y la falta de actividad física lanzan un asedio constante sobre su salud cardiovascular hasta acabar con ella.

Pues bien, a partir de ahora también debería saber que este desaguisado coronario no es exclusivo de la forma de vida de las sociedades industrializadas. En un esfuerzo investigador inédito, en el que han participado casi 29.000 personas de más de 200 centros de 52 países de todos los continentes, se ha podido constatar que el problema se reproduce en todas las naciones, desarrolladas o en vías de desarrollo.

Tras indagar las causas que con mayor fuerza se asocian al infarto agudo de miocardio en las distintas zonas del mundo los autores del estudio (bautizado como INTERHEART), un equipo multinacional liderado por Salim Yusuf, de la Universidad de Ontario (Canadá), encontraron nueve variables que de forma constante predicen un mayor riesgo de sufrir este accidente vascular: tabaco, niveles altos de colesterol, hipertensión, diabetes, obesidad concentrada en la zona abdominal, estrés y depresión, falta de ejercicio, una dieta insana y un consumo de alcohol inadecuado.

El 90% de los ataques cardiacos es atribuible a ellas, aunque sólo dos en concreto, el consumo de tabaco y la dislipemia (alteraciones de los niveles de lípidos, como el colesterol, en la sangre), ya acumulan dos tercios (el 66%) del riesgo coronario global.

Estos hallazgos, que han sido presentados en el último congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, celebrado en Munich (Alemania) y se recogen hoy en la edición 'on line' de la revista 'The Lancet', contradicen la información de estudios previos que indicaban que el precio cardiovascular por seguir estos hábitos de vida nocivos representaba únicamente un 50%. «La mayoría de la gente piensa que sólo se puede predecir la mitad del riesgo de infarto, pero nuestro estudio demuestra de forma convincente que se puede prevenir el 90%. Es una buena noticia y tenemos que hacer algo al respecto», afirmó Yusuf al presentar sus datos en Munich.

Y ese es precisamente el problema. A pesar de su aparente facilidad, modificar unas costumbres tan arraigadas en buena parte de la población es una tarea extraordinarimente compleja. ¿Por qué la sociedad desoye los mensajes preventivos? ¿Qué nos depara el futuro si se mantiene este estilo de vida? La respuesta ofrecida en Munich por los expertos ha sido alarmante: en 2004, la primera causa de muerte en el mundo es la diarrea debido a procesos infecciosos. Para 2025, se prevé que el primer puesto lo ostente la cardiopatía isquémica, es decir, el infarto, la angina de pecho y la aterosclerosis.

«Hay que actuar sobre los que aún no tienen esos hábitos. Evitar que los adquieran», opina Alfonso del Río, presidente de la sección de Cardiología Preventiva de la Sociedad Española de Cardiología. «Los factores de riesgo se fraguan en la infancia y en la adolescencia. El reto está en intervenir antes de que se desarrollen. Es mucho más difícil que un fumador deje su hábito que evitar que un niño se inicie», agrega.

Pero este experto llama la atención sobre algunos datos que generan inquietud respecto al futuro cercano de la salud coronaria nacional: «El 23% de los niños ya es obeso. Muchos menores dedican el 40% de su tiempo diario a actividades sedentarias y se sientan delante del televisor hasta las 10 de la noche».

«Hasta que no cambiemos nuestros hábitos de vida y de trabajo e identifiquemos que factores culturales y sociales favorecen este comportamiento destructivo, la prevalencia de la enfermedad cardiovascular no disminuirá. En resumen, la humanidad está haciendo un buen trabajo de autodestrucción», alertó en el citado congreso el especialista canadiense Jean Pierre Després.

El monumental trabajo de investigación desplegado por el equipo del INTERHEART ha desvelado en qué medida contribuye cada factor de riesgo en las posibilidades de sufrir un infarto. Además del papel primordial del cigarrillo y el colesterol, el estudio indica que en la salud del corazón no influye tanto estar obeso, como que el exceso de grasa se acumule específicamente en la zona abdominal.

En cuanto al tabaco -que multiplica por tres el peligro de sufrir un ataque cardiaco-, su efecto nocivo es evidente, incluso a niveles muy bajos. Los que fuman entre uno y cinco pitillos al día ya incrementan su riesgo en un 40% respecto a los no fumadores.

Una de las sorpresas del estudio ha sido la constatación de que los factores psicosociales, como el estrés y la depresión, tienen un peso mayor del esperado sobre la salud cardiaca. La ansiedad que puede desencadenar un conflicto laboral o familiar, un problema financiero, la muerte de un ser querido o la experiencia de vivir un episodio de violencia es menos perjudicial para el corazón que fumar, pero ha resultado ser comparable al daño que ocasionan la hipertensión o la obesidad.

Si es uno de los miles de españoles que cada año sufre un infarto de miocardio, probablemente conoce ya qué costumbres de su estilo de vida han dinamitado su corazón.
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