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Cuando el estreñimiento se hace crónico

Si usted se encuentra en vísperas de viajar o si proyecta cambiar de trabajo y de rutina, si ha decidido variar su dieta cotidiana o si, por cualquier razón usted suspende su rutina de ejercicios, es posible que, en los próximos días, deba enfrentarse a un problema nuevo

Es decir que cualquiera de las circunstancias antes enumeradas, y otras más, pueden ser las causantes de estreñimiento. Un problema bastante frecuente si se tiene en cuenta que afecta al 28 por ciento de la población mundial aproximadamente, siendo bastante más elevado en la porción de países desarrollados en donde afecta a seis de cada 10 de sus habitantes.

En sí, el estreñimiento no es una enfermedad sino una trastorno funcional del intestino, especialmente del grueso, que se caracteriza por la disminución de la frecuencia de las deposiciones. Si bien los hábitos intestinales tienen patrones individuales, se considera que una persona debería poder evacuar todos los días al menos una vez. Sin embargo, existen personas que tienen el hábito de hacerlo con mayor frecuencia -varias veces al día- o con menos periodicidad -cada dos o tres días-. Estas diferencias no implican que existan anomalías si han sido constantes y no obedecen a cambios inexplicables y repentinos.

Y se habla de estreñimiento crónico cuando, como su nombre lo indica, se instaura como una dificultad permanente y se convierte en un problema de salud. En ese momento, antes de comenzar a tomar medicamentos u otras medidas que puede agravar el problema, es conveniente consultar con el especialista.

Así lo expresa el doctor Jorge Padrón Mercado, colo-proctólogo de la fundación Santafé de Bogotá: "El estreñimiento crónico funcional ocurre cuando no hay causa orgánica que lo produzca. Pero cuando una persona sufre de alguna enfermedad, que no sólo puede ser intestinal sino neurológica o congénita, se genera un estreñimiento secundario".

Por esta razón, lo que los especialistas hacen con el paciente es iniciar un completo examen médico mediante el cual establecen si existe o no una causa primaria que desencadene la pereza del intestino.

El segundo punto es analizar la situación: el estreñimiento necesariamente implica dificultad, esfuerzo, pujo.

  • Hábitos poco saludables

No es extraño que, entre los trastornos propios del hombre moderno, se encuentre el estreñimiento. Simplemente porque, cuando es funcional y que no se origina en causas orgánicas u otras enfermedades, ese estreñimiento es el resultado de hábitos de vida poco apropiados. Citemos algunos de ellos:

  • Una dieta pobre en fibras y rica en productos demasiado procesados.
  • El sedentarismo. El ejercicio también ayuda a que el aparato digestivo funcione mejor.
  • Pocos líquidos, sobre todo, poco agua a lo largo del día
  • Poco tiempo: el afán cotidiano impide dedicarle el tiempo suficiente (mínimo indispensable) a los hábitos intestinales.

Y hablemos de la dieta. Es ella quizá la principal culpable de que el intestino se ponga perezosa y dé lugar a la aparición del estreñimiento. El problema no se limita a los adultos sino que afecta también a los niños (se calcula que hasta un seis por ciento de éstos encuentran las mismas dificultades), para hacerle frente se aconseja:

  • Adoptar una dieta cotidiana más completa, que contengan todo tipo de alimentos y en las cantidades requeridas para cada cual.
  • Se insiste en la necesidad de incluir todos los días, por lo menos cinco porciones de verduras y tres de frutas frescas. Las verduras pueden ser cocinadas al vapor o también crudas.
  • Los cereales y granos aportan buenas cantidades de fibra digestiva y deben ser igualmente incluidos en la alimentación diaria.
  • Se aconseja optar siempre por los alimentos que contengan cereales integrales. Atención: el pan integral no es dietético; aporta el mismo número de calorías que el pan elaborado con harina refinada, pero sus beneficios son grandes.
  • Existen alimentos que facilitan el paso de otros alimentos a través de los intestinos, tales como las frutas y verduras ya mencionadas, los cereales (salvado y avena son especialmente recomendados).
  • Otros alimentos, en cambio, parecen frenar el transcurso del bolo alimenticio. Entre éstos, el plátano verde, el arroz, el té y los excesos de azúcar.
  • Los frutos secos, de manera especial las ciruelas y uvas pasas, y los albaricoques (se encuentran en la inmensa mayoría de los supermercados) ayudan a combatir el estreñimiento.

Se ha hablado tanto de las bondades de incluir fibra en la alimentación cotidiana que esto ha dado paso para que más de uno poco escrupuloso engañe y ofrezca productos, mucho más costosos, con el pretexto de que son ricos en fibras.

Realmente para consumir las cantidades requeridas diarias de la fibra alimenticia no se requieren de alimentos sofisticados. Entre más natural es un producto, más garantizado es su aporte en fibras.

Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que existen dos clases principales de fibras: las solubles y las insolubles, y a cada una le corresponde cumplir una tarea distinta en el tubo digestivo.

Es cierto -y es indispensable recalcarlo- que la fibra es altamente benéfica no sólo para evitar o corregir el estreñimiento sino, además, para prevenir el cáncer de colon, reducir niveles de colesterol y ayudar a combatir la diabetes. Sin embargo, no todas las personas están en capacidad de procesar la fibra y un exceso de ésta puede acarrearles problemas también digestivos.

Las fibras insolubles son aquellas que llegan al intestino sin sufrir modificaciones en los estratos previos del tubo digestivo. Su papel es el de incrementar el volumen del contenido intestinal y contribuir al paso del bolo fecal. Algunos ejemplos son: la cebolla, el apio, la lechuga, la zanahoria, las nueces, el salvado de trigo y de maíz.

Por su parte, las fibras solubles tiene la función de proteger las paredes del intestino grueso y también la de incentivar los movimientos del intestino y de agilizar la evacuación. Algunos alimentos, como la cebolla, aportan fibras de las dos clases. Entre los alimentos con fibra soluble se incluyen las naranjas y mandarinas, la manzana (se recomienda comerla con la cáscara).

Así, un cambio en la alimentación cotidiana, teniendo en cuenta sus contenidos nutricionales, sí contribuye a mejorar o corregir el estreñimiento. Si éste es producto de un cambio de dieta, de un viaje o de momentos de mucha tensión, los alimentos ayudarán a superar el trastorno con más facilidad. Y una última recomendación: antes de acudir a laxantes, consulte con un médico. Un trastorno pasajero es fácil de corregir.

Si usted se encuentra en vísperas de viajar o si proyecta cambiar de trabajo y de rutina, si ha decidido variar su dieta cotidiana o si, por cualquier razón usted suspende su rutina de ejercicios, es posible que, en los próximos días, deba enfrentarse a un problema nuevo
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