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Con menos pudor, más mujeres se animan a mostrar su cuerpo real

Es porque la hiperdelgadez, que reinó en los últimos años, ya no se ve como algo saludable. Y porque se perdió el miedo a exhibir las curvas y la celulitis. En la Costa, pruebas a la vista

Hasta hace poco tiempo, las mujeres que hoy somos adultas jóvenes mirábamos a las brasileras en sus playas con envidia: por alguna regla no escrita, ellas –no importaba si eran negras de Carnaval o abuelas obesas– tenían permitido ponerse una tanga y dos triangulitos mínimos y salir a caminar por la orilla con alegría. “Es que a las brasileras no les importa nada”, decíamos las mujeres y dejábamos en claro que esa regla no escrita la habíamos creado nosotras mismas: a la playa se va con push up para “que parezca que”, al mar se entra en grupo –para no quedar desfilando de espaldas mientras el resto nos mira ir–, las tangas son un derecho divino reservado a las colas sin carne y sin celulitis. Pero algo de esa mirada asesina parece haber comenzado a cambiar.

En la playa, basta pararse a la orilla y mirar a las chicas pasar: de haber sido adolescentes en la década pasada o en la anterior estas chicas habrían entrado al mar con short y, de noche, usado un buzo a la cintura para tapar el desarrollo de las caderas. “Pero ahora eso de estar híper flacas ya no es bien visto entre ellas. Ya no están mirándose ni mirando tanto a las otras para ver cómo están. Al contrario, ahora escucho a muchas adolescentes descalificar la delgadez. Dicen ‘uh, a esa chica se le notan todos los huesos’, ‘está re chupada’, ‘no tiene cola”, describe Adriana Arias, psicóloga, sexóloga y madre de adolescentes. “Empiezo a ver menos pudor y más aceptación del cuerpo. Y veo también que a las chicas les gusta mostrar más los pechos y la cola: entonces, estar muy flacas significa que no tienen nada para mostrar. La lógica, ahora, es verse más hembras, no tan andróginas”, agrega, en referencia a las chicas lánguidas y sin formas que podían ser confundidas con varones.

No es que ahora las mujeres argentinas sean más gordas y hayan perdido todos los complejos (como pasa en Europa, en donde ya hay modelos que pesan 80 o 90 kilos, lo que derrama en la imagen que el resto consume). El cambio que se ve acá en los cuerpos desnudos es mucho más sutil: las chicas con “patitas de canario”–mucho hueso, poca carne, pura rodilla– ya no son el modelo. Se ve mucho menos culotte y más colaless y muchos más minishorts que al fin admiten que 9 de cada 10 mujeres que comen la comida que todos comemos hoy, tienen celulitis. Ana Jufe médica nutricionista y asesora del programa de adolescencia del Hospital de Clínicas, aporta: “Me parece muy alentador que podamos avanzar hacia eso: que baje la obsesión con el cuerpo, más al estilo de lo que sucede en Europa. Cambiar el paradigma de ser delgadas sólo por estética (querer un cuerpo perfecto, enfermarse, no comer, vomitar) a otro en donde el ideal sea un cuerpo saludable y activo”.

“Si ésto está sucediendo comenzaría a vislumbrarse una relación menos alienada con el propio cuerpo”, arranca Irene Meler, doctora en psicología y coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género. “Y podría ser un indicador de mayor autonomía: ya no un cuerpo supeditado al juicio estético imaginario de los otros. Y digo ‘imaginario’ porque, en realidad, los varones no se sienten atraídos por mujeres tan delgadas”, sostiene, y hace alusión a preguntas sin respuesta: ¿las mujeres quieren ser flacas para gustar a los hombres? ¿Es cierto, entonces, que los hombres prefieren un cuerpo bien delgado? ¿Quieren ser flacas para competir entre ellas? ¿O para que les quede mejor la ropa?

Cambiar la relación con el cuerpo, aceptarlo, modifica además, la sexualidad: “La desesperación por agradar habla de una autoestima baja, una inseguridad grande y una gran dependencia de la mirada del otro. Pero para relacionarse sexualmente con el cuerpo de otro tiene que haber una relación cómoda con el propio”, dice Meler.

“Un cuerpo tenso pendiente de que se le vea un rollo es un cuerpo más restringido para la entrega y la recepción de placer –cierra Arias–. “Tapar el cuerpo para tener sexo no es sólo una actitud corporal: cuando están pendientes de cuánta luz entra y de qué pose hacer para taparse, la sexualidad es mucho más pobre. Además, los hombres, padecen esa actitud: hay chicas que no quieren sacarse el pijama para no perder el control de lo que se puede ver y lo que no durante la noche. Pero la erótica siempre es auto-erótica: no hay posibilidad de tener buen sexo si no existe satisfacción con el propio cuerpo”.

Es porque la hiperdelgadez, que reinó en los últimos años, ya no se ve como algo saludable. Y porque se perdió el miedo a exhibir las curvas y la celulitis. En la Costa, pruebas a la vista
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