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Los chicos son cada vez más sedentarios

Muy pronto, actividades como jugar al “fulbito”, a la “mancha” o a la “escondida”, saltar la soga, andar en bicicleta o, simplemente, caminar pasarán a integrar el catálogo de antigüedades propias de generaciones pasadas

Los adolescentes y preadolescentes de hoy no sólo las practican cada vez menos, sino que ocupan sus días con otras que pueden ensayar cómodamente sentados, como chatear, navegar por Internet o mirar televisión.

Eso es lo que parecen demostrar los datos preliminares de un estudio sobre patrones de actividad en los adolescentes que hasta fin de año está haciendo el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni) en una muestra de escuelas de San Martín y San Isidro que abarca a chicos de todas las extracciones sociales. "Si uno tiene en cuenta el promedio de toda la semana, dos tercios de los chicos estudiados desarrollan una actividad física leve; pero si se analizan sólo los fines de semana, la situación es aún peor: esa cifra asciende al 83%", asegura el licenciado Sergio Britos, director asociado de Cesni.

Según los especialistas, este sedentarismo creciente es la otra cara de la epidemia de obesidad. "Se conoce bastante bien qué y cuánto comen los chicos [en Cesni tenemos más de mil encuestas disponibles], pero muy poco sobre cuánto se mueven -subraya Britos-. Aunque se teoriza mucho, hay pocos estudios en el ámbito local que midan específicamente qué tan sedentarios son los chicos, particularmente en edad escolar."

Para tomar registros precisos no sólo de la actividad programada, sino principalmente de la espontánea, los investigadores diseñaron un protocolo que permite medir qué tipo de actividad física hacen y con qué intensidad chicos de algo más de 12 años, en promedio. Utilizan un dispositivo del tamaño de un celular -llamado acelerómetro triaxial- que mide electrónicamente los movimientos en tres dimensiones: horizontal, vertical y lateral.

"Los chicos lo usan durante diez horas y se lo sacan solamente para dormir y para bañarse -detalla Britos-. Luego, mediante un programa de computación, el sistema traduce el movimiento a lo que se llama «cuentas de actividad» por minuto y éstas, a calorías gastadas. El gráfico resultante es parecido al de un electrocardiograma; los picos corresponden a los momentos de mayor intensidad de movimiento y el resto a los de menor intensidad. Todo lo que está por debajo de 600 [cuentas de actividad] es compatible con actividades sedentarias."

Para establecer las diferencias que existen entre la actividad de los días de semana y la de los fines de semana, hay chicos que utilizan el acelerómetro de lunes a miércoles, y otros que lo hacen de jueves a domingo. En los que van a la escuela a la mañana, las mediciones empiezan aproximadamente a las ocho y se prolongan hasta las seis de la tarde. En los que cursan a la tarde, esas diez horas comienzan a contabilizarse un poco más tarde para captar una parte del movimiento extraescolar.

"Se trata de una de las metodologías más recomendadas en la literatura científica actual para medir actividad física", subraya Britos. Además, se los mide, se los pesa y se establece con calibres la medida de sus pliegues para determinar sobrepeso y obesidad.

Flacos y obesos

Hasta el momento, los especialistas llevan estudiados unos 135 chicos, pero la idea es llegar a unos 250 durante el año. El porcentaje con exceso de peso ronda el 30% -el 19% tiene sobrepeso y el 11%, obesidad-.

"Aunque aún nos falta analizar a un grupo de chicos, estos valores coinciden con lo hallado por la mayoría de los estudios, tanto nuestros como de otros autores", afirma Britos.

Dependiendo de las cuentas de actividad por minuto que registran los acelerómetros, los investigadores ubican a los chicos dentro de una clasificación de actividad "baja, moderada o intensa". La baja corresponde a un rango inferior a 635 cuentas de actividad por minuto, y allí se encuentra más del 50% de los casos, cuando se calcula el promedio entre días de semana y fines de semana. Dos tercios de la muestra realiza una actividad leve. Y los fines de semana los chicos se mueven aún menos: el 83% cabe dentro de esa clasificación.

"No hubo diferencias significativas entre escuelas privadas y estatales, ni por estrato social ni por grado de obesidad -dice Britos-. Los resultados fueron iguales para chicos que vivían en departamento, casa o villa miseria. En la actualidad, los chicos pobres tampoco caben dentro del modelo tradicional de juego en el potrero. Muchas veces acompañan al padre en el cartoneo o se quedan cuidando a un hermanito o hermanita en la casa, y mirando televisión, que nunca falta. Los obesos se mueven igual que los flacos: poco."

Para el especialista, a partir de estos resultados es importante pensar qué tipo de intervenciones se pueden diseñar para promover la actividad física. "Nosotros y muchos otros, como la Organización Panamericana de la Salud, venimos planteando que la prevención de la obesidad depende de la actividad física espontánea y no de inscribirse en un club o una institución deportiva. Lo que importa es caminar, tener un recreo activo. Que los chicos corran, que jueguen, que la hora de actividad física sea aprovechada. El movimiento espontáneo en algunos sujetos llega a representar entre el 10 y el 12% del gasto calórico total. Los 20 minutos de bicicleta no cuentan tanto como los muchos minutos que una persona activa les dedica a actividades que demandan un esfuerzo más que leve. Hay que promover la actividad física espontánea, que es la más fácil. En términos de salud pública, importa casi más que la institucional."

"Es una catástrofe"



Los resultados del estudio de Cesni sobre patrones de actividad física en preadolescentes y adolescentes coinciden con el sedentarismo que están auscultando especialistas locales en deportología. Para el doctor Héctor Kunik, presidente de la Asociación Metropolitana de Medicina del Deporte, se trata de una verdadera catástrofe. "A partir de los doce años, la caída en la actividad física es tremenda -concuerda Kunik-, especialmente en las mujeres. Hasta esa edad, el 70% de los chicos son físicamente activos; a los 21, sólo el 40% de los hombres y el 30% de las mujeres hacen actividad física. En las escuelas no se le da la importancia que tiene, pero además los chicos pasan una enorme cantidad de horas mirando TV y con los jueguitos electrónicos. Ahora, no juegan a la pelota, hacen como que juegan..."
Muy pronto, actividades como jugar al “fulbito”, a la “mancha” o a la “escondida”, saltar la soga, andar en bicicleta o, simplemente, caminar pasarán a integrar el catálogo de antigüedades propias de generaciones pasadas
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