Inicio > Noticias > 2008 > La difícil decisión de qué comemos hoy

La difícil decisión de qué comemos hoy

El bombardeo informativo sobre qué hay que comer para vivir mejor confunde a los consumidores y hace más vulnerables a las clases sociales menos cultas. La duda es si las condiciones de vida actuales favorecen una alimentación correcta

Nunca ha existido una oferta de alimentos tan amplia como la que hay ahora y nunca se ha difundido tanta información nutricional. Pero nunca hemos estado tan confusos a la hora de decidir qué vamos a comer. Los alimentos ya no cubren una necesidad básica, sino que han alcanzado la categoría de ciencia.

Es difícil rechazar un plato de acelgas sabiendo que son ricas en fibra, que por su contenido mineral protegen de la osteoporosis y que aportan ácido fólico y flavonoides que ayudan a prevenir el cáncer, y sería casi suicida optar por unos huevos fritos con chorizo sabiendo que nos enfrentamos a un banquete de colesterol, cuya consecuencia puede ser un infarto.

Éstos son argumentos conocidos, por eso, a la hora de elegir lo que vamos a comer más de la mitad de los españoles (52,2%) lo hace pensando en la salud; el 29% come según sus gustos, y un 13% lo hace en función del precio de los alimentos. Pero la realidad es que el 91% consume los productos que más le gustan o le apetecen, destaca el estudio Alimentación, consumo y salud, promovido por la Fundación La Caixa, y esos gustos están condicionados por las acciones de las instituciones públicas y privadas y por los estilos de vida actuales.

Las administraciones influyen a través de recomendaciones sobre modelos nutricionales deseables, lo que no les impide ejercer estímulos hacia determinados consumos. Sobre este aspecto, el informe advierte de que algunas campañas lanzadas desde instituciones públicas responden más a la necesidad de estimular el consumo de un alimento para dar salida a la producción nacional que a un verdadero interés nutricional, lo que propicia la emisión de mensajes contradictorios que generan incertidumbre y desconfianza en el consumidor.

Por su parte, la oferta de la industria de la alimentación es cada vez más amplia y adaptada a una sociedad en la que la incorporación de la mujer al ámbito laboral ha cambiado radicalmente el modelo tradicional de comidas: los platos preparados ganan peso frente a las legumbres y verduras, que quedan relegadas a las últimas posiciones en las clasificaciones de frecuencia de consumo y gustos.

Además, la publicidad presenta de una forma muy atractiva los productos precocinados mientras que los productos frescos raramente se publicitan. Aunque la estrategia es exitosa, “el consumidor siente que ha perdido el control de lo que come. También ha perdido sus referentes de confianza, y a cocinar ya no se aprende en los fogones de las casas, sino en los programas de televisión y en las recetas de las revistas”, explica Cecilia Díaz, profesora de Sociología del Consumo de la Universidad de Oviedo y coordinadora del informe.

Verdades cambiantes
Otros factores que incrementan la confusión son “los cambios de las recomendaciones dietéticas a lo largo del tiempo y las variaciones que se producen en los conocimientos científicos. Paralelalmente al mayor conocimiento de la nutrición, la población contempla cómo las cifras de obesidad crecen de forma imparable y la dieta cada vez está más deteriorada”, añade Díaz. En consecuencia, se vislumbra un incremento de las enfermedades asociadas al exceso de peso y ya han surgido voces que advierten de que si no se ataja el problema, por primera vez en varias décadas, los niños de hoy vivirán menos años que sus padres.

Este escenario favorece el desarrollo y consumo de productos bajos en calorías y de alimentos bioactivos capaces de prevenir los efectos perjudiciales derivados de la ingesta de otros menos saludables. Los expertos vaticinan un próspero futuro para estos alimentos medicinales, que “en muchos casos persiguen un efecto psicológico más allá de su valor nutritivo”, señala el estudio. El paso siguiente son las dietas individualizadas, diseñadas en función de los genes de cada persona de forma que puedan prevenir ciertas enfermedades.

La realidad es que los problemas de la alimentación van más allá de si comemos cada vez peor. La cuestión es si actualmente se dan las condiciones sociales óptimas (políticas, culturales y económicas) para que los ciudadanos puedan alimentarse saludablemente.

El estudio también pone de relieve el papel de la alimentación como elemento diferenciador de las clases sociales, ya que las crisis alimentarias (como la del aceite de colza) o la anorexia y la obesidad tienen mayor impacto sobre la población con menor nivel económico y cultural. Los autores sostienen que “es previsible que en el futuro se polaricen dos modelos de alimentación: uno, basado en la producción industrial de alimentos, destinado sobre todo a las clases de rentas más bajas, y otro, dirigido a los grupos de mayor renta, basado en la calidad y la producción ecológica”.

Canibalismo en sociedad
La comida es mucho más que incorporar los nutrientes necesarios para desarrollar las funciones vitales; la comida es cultura. Desde esta perspectiva, el historiador Felipe Fernández-Armesto, titular de la cátedra Príncipe de Asturias de Historia en la Universidad de Tufts, en Boston, justifica actos que hoy en día nos parecen inaceptables, como el canibalismo, que el ser humano ejerce desde hace 500.000 años como un acto cultural y no por motivos alimentarios.

“Algunas tribus practican el canibalismo como una forma de honrar a sus muertos y ritualizar las relaciones sociales”, indicó el profesor durante su intervención en un acto organizado por el Instituto Tomás Pascual. Desde esta perspectiva, comparó el canibalismo y el vegetaniarismo, ya que éste “también recurre a justificaciones de tipo moral y mágico: los vegetarianos no aceptan comer otros animales y muchos defienden que estos alimentos les hacen más bellos y sanos”.

Fernández-Armesto también destacó que dentro de una misma cultura, la comida es un elemento diferenciador entre clases sociales, y explicó que “actualmente estamos experimentando otras innovaciones culturales, aunque serían inncesarias por motivos nutricionales. La llegada del microondas a los hogares ha provocado una vuelta a la época de los homínidos carroñeros, que se comían su pieza de comida a escondidas en una cueva; ahora cada individuo coge su plato, se lo calienta en el microondas y se va a su habitación o se lo come solo delante del televisor”.

Realidad dietética
· El 52,2% de los españoles dice que elige la comida por razones de salud, aunque el 91% basa su elección en sus gustos personales.
· Paralelamente al aumento de información nutricional, aumentan las cifras de obesidad entre la población.
· La alimentación se está polarizando hacia dos modelos: uno basado en la producción industrial y otro basado en la calidad y en la producción ecológica.
· Los alimentos medicinales tienen muchas veces más valor psicológico que nutricional.


El bombardeo informativo sobre qué hay que comer para vivir mejor confunde a los consumidores y hace más vulnerables a las clases sociales menos cultas. La duda es si las condiciones de vida actuales favorecen una alimentación correcta
Evaluación actual: 0 (0 votos)
Nota vista: 4105 veces