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En la obesidad, los genes mandan... las dietas, no

Diversos estudios médicos en Estados Unidos evidencian que, como otras enfermedades, el sobrepeso viene en la herencia genética y combatirlo representa una batalla constante

Gina Kolata
El Universal
Domingo 13 de mayo de 2007

En 1959, el investigador médico de la Universidad Rockefeller, Jules Hirsch, tuvo curiosidad sobre lo que sucedía con las enormes células grasas cuando la gente obesa perdía peso: ¿Se encojen o desaparecen?
Parecía algo simple. Hirsch halló a ocho personas que habían sido obesas desde la infancia o adolescencia y quienes acordaron vivir en el hospital de la Universidad Rockefeller por ocho meses para someterse a un régimen de pérdida de peso y luego permitir que se analizaran sus células.

El estudio fue riguroso y demandante. Comenzó con cuatro agonizantes semanas bajo una dieta de mantenimiento que calculaba los metabolismos de los individuos frente a sus necesidades calóricas. Luego inició la verdadera dieta. El único alimento era una fórmula líquida que proveía 600 calorías por día, un régimen que garantizaría la pérdida de peso. Al fin, los sujetos pasaron otras cuatro semanas en una dieta que los mantuvo en sus nuevos pesos, un promedio de 45 kilos menos respecto al inicial.

Hirsch obtuvo una respuesta para su pregunta inicial: las células grasas de los sujetos se habían encogido y habían adquirido un tamaño normal. Y todos, incluido Hirsch, asumieron que los sujetos dejarían el hospital permanentemente delgados.

Eso no sucedió, pues al poco tiempo "todos recuperaron el peso perdido", declaró Hirsch. El investigador estaba impactado. Los participantes en el estudio evidentemente querían ser delgados, entonces ¿qué salió mal?

Ante esa situación, Hirsch y sus colegas repitieron el estudio varias veces, y siempre obtuvieron los mismos resultados.

El peso perdido volvía. Pero como se trataba de una investigación, los científicos también midieron cambios metabólicos, condiciones siquiátricas, temperatura del cuerpo y pulso. Esos datos revelaron algo sorprendente: la gente obesa que pierde mucho peso quizá podrá verse como alguien que nunca ha padecido de problemas de peso, pero en realidad es algo muy distinto. De hecho, según las medidas metabólicas, eran personas famélicas.

Los individuos también registraron síntomas siquiátricos por la inanición, que habían sido detectados antes en gente con pesos normales sometida a inanición. Soñaban con comida, fantaseaban romper la dieta. Estaban ansiosos y deprimidos; algunos incluso tenían pensamientos suicidas. Metían a escondidas comida en sus cuartos y se atragantaban hasta hartarse.

Sólo algunos se mantuvieron delgados; siguiendo estrictos regímenes, siempre contando calorías y manteniéndose en constante de inanición.

Un modo de interpretar el estudio de Hirsch sería proponiendo que una vez que la persona sube de peso, el cuerpo se ajusta, haciendo imposible la posterior pérdida de peso y mantenimiento de éste.

Sin embargo, otra serie de estudios realizados tiempo después revelaron que esa hipótesis estaba equivocada.

El doctor Ethan Sims, de la Universidad de Vermont, se preguntó lo contrario: ¿qué pasaría si una persona delgada, que nunca ha tenido problemas de sobrepeso, engorda deliberadamente?

Los sujetos de su estudio se ofrecieron a hacerlo. Tardaron casi seis meses en subir entre 20% y 25% de su peso y sus metabolismos registraron un aumento de 50%.

Cuando terminó la investigación, los individuos no tuvieron grandes problemas para perder peso. En meses estaban de vuelta en su talla original y permanecieron así sin grandes dificultades.

Las implicaciones eran claras. Hay una razón por la que la gente obesa no puede mantenerse delgada luego de someterse a una dieta y por la que la gente delgada no puede mantener el peso cuando se someten a regímenes de aumento. El metabolismo del cuerpo se acelera o desacelera para mantener el peso dentro de un estrecho margen. Suba de peso y el metabolismo se acelerará hasta el doble; pierda peso y se desacelerará a la mitad de su velocidad original.

El mensaje nunca llegó realmente a la gente que se sometía a dietas, pero algunos científicos se sintieron intrigados y se plantearon la siguiente interrogante: ¿el peso corporal se hereda, o la obesidad es una respuesta accidental, casi inconsciente, a una sociedad en la que la comida es barata, abundante y tentadora?

El doctor Albert Stunkard, de la Universidad de Pensilvania, realizó una serie de estudios sobre el tema y encontró resultados determinantes. En uno utilizó la herramienta perfecta: un detallado registro de adopciones creado para entender si la esquizofrenia se heredaba. Sus conclusiones, publicadas en 1986, fueron inequívocas: los niños adoptados eran igual de obesos que sus padres biológicos, y su gordura no tenía relación alguna con la gordura de sus padres adoptivos. En otras palabras, la obesidad es una condición heredada.

Estudios posteriores basados en las investigaciones de Stunkard concluyeron que 70% de las variaciones en el peso de la gente eran resultado de la herencia, lo que significa que el peso se hereda más que cualquier otra condición, incluyendo las enfermedades mentales, el cáncer de seno o los padecimientos cardiacos.

Los resultados no son sinónimo de que la gente no tenga alternativa alguna para controlar su peso, aclaró Stunkard. Lo que significan es que la gente con tendencia a engordar tendrá que luchar constantemente contra su herencia genética, si es que quieren mantener un peso normal. (Traducción: Mariana Toledo)


Diversos estudios médicos en Estados Unidos evidencian que, como otras enfermedades, el sobrepeso viene en la herencia genética y combatirlo representa una batalla constante
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