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Detectan gen determinante en la obesidad

Fue descubierto hace medio siglo en moscas gordas halladas en Nigeria. Su función maestra también está activa en gusanos, células y ratones de laboratorio.

Se llama Adipose (Adp), es un gen y podría ser la clave detrás de la propensión de media humanidad a engrosar su cintura a pesar de vanos intentos por caber en la ropa de hace cinco años. Su ausencia, su presencia normal o mutado, su expresión a niveles extraordinarios son todos eventos que determinan en gran medida, para distintos organismos, cuánta grasa acumulan.

En otras palabras, si este gen funciona en los humanos igual que en las moscas de la fruta, los gusanos Caenorhabditis elegans y ratones genéticamente alterados, podríamos estar en el umbral de una estrategia radicalmente nueva contra dos de las plagas del siglo XXI: la obesidad y la diabetes.

“Desde los gusanos hasta los mamíferos, este gen controla la formación de grasa”, dijo Jonathan Graff, profesor asociado de biología del desarrollo y medicina interna en la Escuela Médica de la Universidad de Texas Southwestern.

Graff, autor principal del estudio que aparece en la edición de septiembre de la revista Cell Metabolism, agregó que esto “podría explicar por qué tantas personas luchan para perder peso y sugiere una ruta totalmente distinta para desarrollar tratamientos médicos que enfrenten la epidemia actual de diabetes y obesidad”.

Se estima que en el mundo hay 300 millones de obesos, y la condición tiene una clara relación con cardiopatías, diabetes y en general muerte prematura.

El descubrimiento del equipo de Graff se suma a evidencias como el reciente anuncio del gen FTO, vinculado a la obesidad: una copia significa 1.2 kilos de más; dos copias, tres kilos. Y según reporte en Science, más o menos la mitad de los europeos tienen al menos una copia de FTO.

Graff estudió el funcionamiento del gen Adipose encendiéndolo y apagándolo en moscas de la fruta, ratones y gusanos alterados genéticamente. Los resultados fueron claros: los animales con actividad Adp aumentada podían comer más que los demás y, sin embargo, se mantenían delgados, tenían células de grasa resistentes a la diabetes y controlaban mejor los niveles de insulina y azúcar en la sangre.

Por otra parte, los animales con niveles reducidos de Adp eran más gordos, menos sanos y tenían diabetes.

Pero además la cuestión no es blanco y negro, gordo y flaco; hay un abanico. Combinaciones distintas de las variantes del gen producen tipos corporales que van desde la esbeltez hasta la obesidad, pasando por el término medio.

“Éstas son buenas noticias para tratamientos potenciales contra la obesidad, porque es como un control de volumen en vez de un interruptor de luz; puede ser aumentado o reducido, no sólo apagado o encendido”, dijo el doctor Graff.

El gen fue útil en condiciones de escasez porque dio a poblaciones de organismos la posibilidad de sobrevivir. Pero para situaciones de abundancia, ha sido como un tiro por la culata. El hambre escasea y la grasa abunda y se acumula.

Aunque el aumento sea de “una libra por año, hace bulto a lo largo de una vida”, dijo el doctor Graff.

Si se logra controlar aunque sea en pequeña escala la expresión de este gen, podrían diseñarse terapias de control de la grasa. “Las personas que quieren entrar en sus jeans quizá puedan un día sobreponerse a sus genes”. Vaya promesa.

Efectivo

Entre los detalles importantes de la investigación que encabezó Jonathan Graff (foto) está el hecho de que el gen Adp es “dependiente de la dosis”.

Su equipo cultivó moscas de la fruta con el gen mutado. Los insectos gordos tenían mal las dos copias del gen; los que tenían sólo dañada una copia del gen estaban a medio camino entre las gordas y las normales.

Y cuando sometieron a esas moscas gordas a tratamientos para que Adp se expresara más en el tejido graso de los insectos, éstos adelgazaron.

En el principio...

La historia del gen antiobesidad empezó hace cosa de medio siglo, con una estudiante graduada de la Universidad de Yale llamada Winifred Doane, hoy profesora emérita de la Universidad Estatal de Arizona.

Doane encontró en Nigeria una peculiar cepa de moscas mutantes que se caracterizaban por ser... gordas.

¿Moscas gordas? En efecto, algunas de estas moscas eran tan gordas que tenían problemas para moverse. Doane las estudió y encontró que detrás de su gordura había una acumulación poco común de grasa, que las moscas acumulaban en células multifuncionales.

La joven investigadora sabía que, en contraste, los seres humanos acumulamos la grasa en células especializadas llamadas adipocitos. Por eso, cuando rastreó el origen de la grasa en las moscas gordas a una mutación en un gen, lo bautizó como Adipose, o Adp.

Su hipótesis de hace medio siglo, escasamente conocida incluso en la comunidad científica, fue que las moscas gordas tenían sentido en un ambiente lleno de escaseces. Gracias a la mutación, estos insectos podían comer lo mismo que las demás moscas, pero acumulaban más grasa y sobrevivían mejor cuando la comida faltaba.

Monterrey/Horacio Salazar

Fue descubierto hace medio siglo en moscas gordas halladas en Nigeria. Su función maestra también está activa en gusanos, células y ratones de laboratorio.
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