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Ansiedad, euforia y tristeza son obstáculos para adelgazar

Estudio explica por qué tantas personas que adelgazan vuelven a ganar peso

Comer, más que una necesidad, es un placer. Si no fuera así, la gula no sería un pecado. A través de la comida, es posible satisfacer más de un apetito, pero quienes más que el hambre intentan saciar la tristeza, la ansiedad o la euforia tienen más dificultad para adelgazar y mantenerse delgados.

Lo anterior no es una creencia popular, sino un hecho científico comprobado por el más reciente estudio de la Universidad Brown, ubicada en el estado de Rhode Island, al noreste de los Estados Unidos.


La investigación, publicada en la revista Obesity , incluyó dos grupos de personas: 286 tenían sobrepeso y participaban de un programa conductual para adelgazar. Otros, 3.300 habían bajado unos 13,5 kilos y mantenido ese descenso al menos por un año.

Los autores realizaron un seguimiento, diseñaron un cuestionario sobre alimentación y concluyeron que “cuanto más una persona admite comer en respuesta a pensamientos y sentimientos, menos cantidad de kilos adelgaza”.

También, entre las personas que habían perdido peso de manera muy exitosa, los que reconocieron tener motivaciones emocionales para sentarse a la mesa resultaron más propensos a aumentar esos kilogramos nuevamente.

“Nuestros resultados no solo explican muchas cosas, sino que obligan a los nutricionistas a enfocarse en lo psíquico y social y no diseñar dietas que cumplan únicamente con los requerimientos nutritivos y energéticos”, dijo Heather Niemeier, director de la investigación.

En Costa Rica, si bien no existe una encuesta que permita ser tan contundente al citar datos, el fenómeno parece repetirse.

“Gran parte de quienes buscan ayuda profesional para adelgazar tienen algún problema de compulsión más o menos grave y deben aprenden a manejar sus emociones para reducir los kilos de más. Los nutricionistas deben diseñar un plan de alimentación que no provoque ni hambre, ni frustraciones, ni estrés, ni ansiedad, para no caer en un círculo vicioso”, explicó la nutricionista Vivian Jiménez.

La Navidad engorda. La llegada de diciembre, la Navidad y el Año Nuevo, las fiestas en el trabajo, los paseos y las visitas familiares aumentan, a la vez, la oferta alimentaria y la ansiedad.

En todas las actividades, más allá de los regalos y el festejo, abundan las emociones, la comida y la bebida. El mes intenso termina reflejándose en un aumento de peso.

Según el estudio, las personas que comen de más como consecuencia de las influencias externas como las reuniones sociales o las que ven la comida como una recompensa también están en dificultades.

“Comer es un placer inmediato, que conseguimos con muy poco esfuerzo. Por eso, ante el aburrimiento, la preocupación o la depresión para aumentar la sensación de bienestar se consumen alimentos ‘ricos’, sobre todo dulces que están relacionados con nuestra memoria gustativa con momentos agradables”, agregó Jiménez.

Así las cosas, parece ser que el secreto para perder peso no radica tanto en reducir la ingesta de calorías, sino en averiguar cuál es la motivación para comer.

Estudio explica por qué tantas personas que adelgazan vuelven a ganar peso
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