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Obesidad: mitos y realidades

La obesidad es más que un problema estético, pues su presencia conlleva serios riesgos para la salud de los afectados y lo más recomendable es que las generaciones jóvenes aprendan a prevenirla

El tratamiento del trastorno se basa, esencialmente, en un plan alimentario bien diseñado junto con un programa de actividad física frecuente, los cuales, en ciertos casos, pueden ser acompañados por el uso de medicamentos. También es muy importante el control de las alteraciones asociadas como la presión arterial alta y el exceso de grasas (colesterol y triglicéridos) en sangre.

Sobre la acción contra la obesidad se han creado mitos que los facultativos recomiendan aclarar.

Así, advierten que la obesidad no es causada de manera exclusiva porque los pacientes comen demasiado, pues igualmente se origina por causas genéticas y ambientales. De hecho, la tercera parte del riesgo está determinada genéticamente, afirman investigadores.
Se plantea como un mito que esta enfermedad es curable. Sin embargo, es una condición crónica, que constituye una tendencia del individuo. Por lo tanto, las medidas instauradas para enfrentar el padecimiento deben ser mantenidas a muy largo plazo.
Sobre la teoría de que es una enfermedad de la glándula tiroides, científicos aclaran que realmente una minoría de personas obesas presenta algún trastorno de esa naturaleza. La deficiencia tiroidea, cuando existe, es un factor contribuyente más, que causa de la obesidad.
También es un mito pensar que los nuevos fármacos para este padecimiento pueden ser adquiridos libremente y no conllevan ningún riesgo. Los médicos plantean al respecto que todos los fármacos para reducir de peso deben ser formulados por un facultativo experto, pues de lo contrario podrían ocasionar consecuencias inadvertidas para la salud.

Muchos de los problemas generados por la obesidad comienzan en la niñez y es por ello necesario prevenirla, o bien tratarla de forma adecuada desde la infancia.

El médico cubano Santiago Valdés Martín, pediatra de larga experiencia, cita la alimentación adecuada como uno de los elementos fundamentales para que los padres siembren en sus hijos, desde la primera edad, la semilla de la longevidad.

El facultativo mantiene constante orientación a las madres sobre cómo alimentar al bebé y en las etapas siguientes en la vida de su hijo. Al respecto, declara:

"Desafortunadamente ha existido a través de los años la idea de la gordura como sinónimo de salud. A algunas madres, por ejemplo, les complace el lactante gordito y rechazan que el niño no se vea con brazos y muslos muy gruesos, con pectorales por encima de su edad, y que le resalten las "rosquitas".

El doctor Valdés Martín explica que ese exceso de peso hace daño, pues produce una cantidad de células grasas que se mantendrán casi todas de por vida. Son esas personas que por determinada razón bajan de peso y rápidamente recuperan su biotipo, y entonces afirman que engordan de nada.

Insiste el especialista en la alimentación adecuada, evitar las comidas excesivas ricas en grasas, el consumo ilimitado de dulces y disminuir las excesivamente proteicas, dado que esto último crea otros problemas.

Hay quien piensa que los niños deben comer carne todos los días. Eso es un error, pues los vegetales contienen proteínas, al igual que los cereales, el arroz o los granos. Está demostrado que la excesiva cantidad de carne de res es un efecto exponente para la neoplasia del tubo digestivo, advierte el profesor Valdés Martín, quien ratifica que la leche es un alimento completo, pero no es el único.

Otro mito consiste en que si una persona obesa no consume azúcar, jamás desarrolla la diabetes. Mientras haya sobrepeso, el riesgo de diabetes tipo 2 existe. Además, no sólo lo que es dulce contiene azúcar.

Otros se engañan al considerar que el ejercicio físico es, por sí solo, suficiente para reducir de peso. En realidad, es necesario combinarlo con dieta y cambios de conducta. Su principal efecto es ayudar a mantener el peso y reducir el riesgo de diabetes.

Ante el error de quienes piensan que todas las personas con deficiencia tiroidea son obesas, aclaran especialistas que padecen tal situación solo algunos casos, en los que, además, hay predisposición al sobrepeso.

Resulta también erróneo creer que resulta imposible cambiar la conducta alimentaria de una persona adulta. Con el adecuado apoyo profesional dicho objetivo se puede conseguir, aunque para mejorar los resultados a largo plazo lo indicado es adaptar el régimen de alimentación a las condiciones de vida de la persona. Así podrá prolongar la existencia, incluso hasta los 120 años de edad.

La obesidad es más que un problema estético, pues su presencia conlleva serios riesgos para la salud de los afectados y lo más recomendable es que las generaciones jóvenes aprendan a prevenirla
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