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Los EEUU libran (en fin ... ) una guerra util: la guerra contra la obesidad

El sobrepeso está cambiando, aunque con resistencia, no sólo la dieta sino la historia en EE.UU

No me gusta la leche. ¿Dime por qué tengo que tomarla todos los días? Porque tiene calcio y es buena para tus dientes y tus huesos, era la eterna respuesta de mamá. Más tarde, la profesora en la escuela insistía en lo mismo.

Ese viejo consejo diario no funciona más para las madres ni los maestros neoyorquinos desde febrero pasado.

La obesidad que padece un buen porcentaje del millón de escolares en la ciudad obligó a las autoridades de salud a eliminar la leche entera en el almuerzo escolar. Es decir, los niños pueden tomar leche pero descremada, lo cual la hace menos agradable al paladar.

Está por verse si los profesores y las mamás convencen a los niños que deben tomarla así.

El sobrepeso está cambiando, aunque con resistencia, no sólo la dieta sino la historia en EE.UU. El programa de almuerzo nacional escolar, que en Ecuador tiene su equivalente en Programa de Colación Escolar, no tiene más, en Nueva York y Los Ángeles, la firma completa del presidente Harry Truman, quien en 1946 creó el almuerzo en las escuelas, que incluye la leche, con el fin de tener niños más saludables.

Después vendrían los trucos de la industria láctea y la publicidad. Con dulcísimos engaños de leche con chocolate, con sabor a fresa o a vainilla y todo una oferta  para escoger, logró meterse en el bolsillo a los niños como sus principales clientes.

En EE.UU. hay tanta comida y tan barata que el peso infantil casi está fuera de control. La Asociación Médica Americana señala que 16 de cada 100 niños entre seis y 19 años ya no son ‘gorditos’ sino completamente obesos.

“Este país tiene un sobrepeso de 4 000 millones de libras y eso pone en alto riesgo la salud y la vida”, dice Jeffrey Friedman, un científico apasionado sobre el mecanismo molecular que regula el peso.

El Centro de Control y Prevención de Enfermedades, además, reporta que el sobrepeso se disparó en un 300 por ciento entre los niños de seis y 11 años, en el último cuarto de siglo. Ésa es una razón  suficiente  para sacar a la leche pura de la bandeja escolar. Por el mismo motivo, desde hace rato,  tampoco está  el pan blanco. Si quieren comer pan sólo hay integral.

“Si me quitan mi leche con fresa me voy de la escuela”, “por favor necesito mi leche con chocolate”, “diablos!!!, no les quiten la leche a los niños, háganlos hacer más ejercicio”, fue la tónica del intercambio de opiniones cibernéticas y de cartas enviadas a los diarios locales.

Estas medidas, al igual que otras que se aplican en diferentes estados, tienen un tufo a ansiedad porque el país, según el Departamento de Salud de Nueva York, hace 50 años comenzó una serie de cambios que hoy arrojan resultados de mucho peso. Por ejemplo: el uso del auto para ir al trabajo subió de un promedio de 22 minutos en 1990 a 26 minutos en el 2000 y apenas el 12 por ciento de los niños  camina hacia la escuela.

¿Los resultados? Demasiados niños gordos y las campañas sobre los riesgos de convertirse en permanentes obesos o desarrollar diabetes y otras enfermedades apretaron la sirena de la hora del almuerzo con la noticia de que sólo habrá un día a la semana leche descremada con chocolate, en el Bronx y en Manhattan.

Los otros condados, Queens y Brooklyn, como alumnos con buena conducta, se sumaron a la tarea, pese a la fuerte presión de la industria lechera que durante años ha insistido sobre la importancia de tomar leche entera durante la infancia. Su mercadeo tampoco convence a estados como New Jersey, Illinois y Connecticut, donde la leche entera se despidió o está en plena retirada de las escuelas.

Médicos y nutricionistas, en la última década, entraron en franca confusión con sus teorías de larga data y resultados comprobados. La respuesta ya no es sólo comer, hoy es más importante el qué comer y, por ahora, la leche pura está prohibida porque aunque los escolares no se ven gorditos, en su sangre hay más colesterol y azúcar, según revela el último reporte del Centro Motefiore del Bronx.

Una vez que las mamás perdieron el control del menú que se sirve en casa y dejaron que la industria de alimentos decida por ellas, hoy son los políticos quienes a fuerza de leyes quieren desaparecer las gaseosas del almuerzo al menos en las escuelas y reemplazar por más tomate y lechuga.

En Connecticut, el gobernador Jodi Rell y los legisladores acordaron prohibir la venta de todos los  producto dulces a los estudiantes de escuelas y colegios. Así, Connecticut  se convierte en el primer estado en eliminar las gaseosas de la dieta escolar y el primero que regula la venta de los equivalentes locales de los chitos, cachitos o doritos. Si esos alimentos, considerados ‘comida chatarra’, se expenden, las escuelas tienen que presentar un programa de ejercicio físico de por lo menos 20 minutos diarios.

En Nueva York y en otros estados hay legislaciones en análisis que pretenden obligar a las escuelas incluir una o más horas de educación física.
El sobrepeso está cambiando, aunque con resistencia, no sólo la dieta sino la historia en EE.UU
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