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Una historia de sobrepeso

Estudios muestran que muchas mujeres que han sufrido de abuso sexual, pérdida de padre o madre o abandono durante la niñez tienden a usar la comida como una fuente de cariño y seguridad

“Los alimentos son vuestra medicina”, dijo a sus discípulos Hipócrates, El Padre de la Medicina.

Dos mil quinientos años después, el abuso excesivo de dicha “medicina” se ha convertido en un verdadero riesgo para la salud, y las consecuencias de ese exceso se han constituido en una virtual epidemia del siglo XXI.

Cada año, la obesidad causa por lo menos 300 mil muertes innecesarias en Estados Unidos a un costo que sobrepasa los 100 millones de dólares anuales. Estas cifras son el resultado de lo siguiente:

• La obesidad es una condición crónica con raíces familiares.

• La tendencia a la gordura está fomentada por el estilo de vida estadounidense: una alimentación excesivamente rica en sal, grasas y harinas, combinada con la falta de actividad física.

• La obesidad aumenta significativamente los riesgos de desarrollar presión arterial alta, enfermedades del corazón, diabetes, derrame cerebral, enfermedad de la vesícula y cáncer del pecho, del intestino grueso y de la próstata.

A continuación presento la historia de María, una mujer que estuvo bajo mi guía como participante en un programa del Instituto Nacional de Salud: el Programa de Prevención de Diabetes.

María y otros participantes me fueron asignados en virtud de sus resultados en una prueba de tolerancia de glucosa. Este segmento de la población —con azúcar en la sangre, pero no al grado de tener diabetes— tiene un riesgo alto de desarrollar esta enfermedad.

Los participantes fueron asignados al azar al grupo de “modificación de estilo de vida” del programa, comprometiéndose a perder el 7% de su peso y a hacer por lo menos cinco caminatas por semana; cada caminata de por lo menos 30 minutos al mejor paso posible.

María vino al programa para una prueba de diabetes, ya que su padre y hermana tienen la enfermedad. En ese entonces tenía 39 años. Desde el primer día, su apariencia gentil y tímida capturó mi simpatía. Su comportamiento era el de una mujer que “carga” sus emociones escondidas en un rincón de su ser.

Cuando recibió los resultados de sus pruebas, se interesó inmediatamente y empezó el período de introducción. Durante esta fase, yo le pregunté sobre el historial de su peso y sus esfuerzos para reducirlo. Ella me confesó que nunca había tratado de adelgazar. Su respuesta me sorprendió, ya que con 209 libras y una estatura de cinco pies y seis pulgadas, María se veía obviamente obesa.

Yo continué investigando los detalles de su peso. Finalmente, supe que cuando ella vino de México a visitar a sus hermanas en Los Ángeles, a la edad de 20 años, pesaba 130 libras. Después de dos meses, conoció a su futuro esposo, con quien se casó ese mismo año, quedando embarazada a las pocas semanas.

Después del nacimiento de su primer hijo, su peso era de 155 libras, y seis meses después llegó a 170.

Durante los siguientes dos años y medio María tuvo tres hijos más. Después de su cuarto embarazo, su peso se estabilizó en 210 libras, manteniéndose igual hasta que llegó al programa.

El caso de María muestra cómo los aspectos mentales, emocionales y sociales deben tomarse en cuenta para poder obtener resultados en el tratamiento de la obesidad, no todo se reduce a: “Si tiene sobrepeso, simplemente coma menos y ya”.

Para una inmensa mayoría de personas, la comida va más allá de la idea de nutrición. Nuestros alimentos nos proveen amor en el Día de San Valentín con los chocolates y hasta se puede utilizar ciertas verduras, frutas y hierbas para complementar el tratamiento de alguna enfermedad. Los alimentos nos estimulan y alivian, nos reconfortan y nos calman. Pensar en la comida solamente como sostén de la vida es como decir que el sexo está limitado a la procreación.

Para muchos hombres y mujeres la comida satisface mucho más que el apetito. Por ejemplo, los estudios muestran que muchas mujeres que han sufrido de abuso sexual, pérdida de padre o madre o abandono durante la niñez tienden a usar la comida como una fuente de cariño y seguridad.

La teoría sugiere que estas mujeres desarrollaron cuando niñas cierto patrón de alimentación como un mecanismo subconsciente de defensa para enfrentar la dura realidad cotidiana y sentirse mejor, y que esos hábitos persisten años después de que desaparecen los eventos que iniciaran este sistema de gratificación personal que ya no forma parte de su realidad.

Durante nuestra primera sesión María escribió sus razones para unirse al programa, siendo la principal que quería reducir sus riesgos de desarrollar diabetes. Luego, ante mi total asombro, confesó y escribió que durante los últimos 20 años había conservado dos vestidos talla 10 con la ilusión de usarlos durante una visita a su tierra natal.

Estudios muestran que muchas mujeres que han sufrido de abuso sexual, pérdida de padre o madre o abandono durante la niñez tienden a usar la comida como una fuente de cariño y seguridad
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