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Un joven lucha contra la obesidad para recuperar su vida en libertad

El joven de 19 años y casi 600 libras forcejeó sin aliento, y por último tuvo que llamar a gritos a sus padres

En enero del 2004, Michael Cunningham se cayó de la cama.

Trató de levantarse, pero descubrió que no sentía sus piernas.

El joven de 19 años y casi 600 libras forcejeó sin aliento, y por último tuvo que llamar a gritos a sus padres. Pat y Nancy Cunningham corrieron a su habitación. Sin poder levantar a su hijo, tuvieron que llamar a los paramédicos del cuerpo de bomberos del condado de Palm Beach.

''Fue como despertarse ciego'', recordó. ``No puedo explicar lo c... que estaba. Estaba indignado conmigo mismo''.

Ahora, a los 20 años, Michael Cunningham es un joven de cara pecosa y risa fácil, sentado en la sala de la casa de sus padres en West Boca Ratón.

Hace ya más de un año que se sometió a una operación para ayudarlo a perder el peso que los médicos le advirtieron que podría matarlo hacia los 30 años.

El ha bajado cerca de 235 libras, aliviando las cuatro vértebras comprimidas en su columna que le causaron una dolorosa parálisis.

Ha cambiado de una silla de ruedas a un andador y de ahí a un bastón, y recibe terapia física regularmente. Caminar es una libertad que él aprecia.

Hace un mes, fue a Disney World con sus amigos, y por primera vez pudo montar en muchos de los aparatos.

''Siempre quise poder hacer eso'', declaró.

Cuando tenía 11 años, Cunningham recibió tratamiento por un tumor benigno en el tronco del encéfalo en el Miami Children's Hospital. Los médicos decidieron no extraerlo, según sus padres, porque creían que la cirugía le haría más mal que bien. Los cirujanos no relacionaron el tumor con su peso.

Su padre también padece de sobrepeso, y ha pasado por muchas dietas; es candidato también al bypass gástrico, pero ha perdido cerca de 50 libras en una dieta reciente.

Pero Cunningham, quien es hijo adoptivo, siempre fue grueso. Al llegar al octavo grado ya pesaba más de 200 libras.

Sus padres dijeron que ellos servían porciones pequeñas en las comidas, pero que él regresaba luego a la cocina buscando más.

Ellos no podían controlar lo que él comía en la escuela y en casa de sus amigos cuando salía.

Ya en la adolescencia, devoraba habitualmente pizzas grandes y botellas de soda de dos litros de una sentada.

En Spanish River High, Michael se hizo amigo de un jugador de football que lo protegía de las burlas.

''Fue una agonía, tratar de encontrar a un médico dispuesto a operarlo'', dijo Pat Cunningham. ``Michael era de muy alto riesgo. Ellos pensaban que podía morir en la mesa de operaciones de un coágulo o cualquier otra complicación''.

En la primavera del 2004, Pat Cunningham llamó al Dr. Jorge L. Sosa, quien tiene una consulta de cirugía bariátrica en Hialeah.

El padre de Cunningham tuvo que contratar a dos equipos de paramédicos para que lo llevaran a Miami en una ambulancia para una sesión de orientación sobre la cirugía.

''Cuando vi a Michael postrado de esa manera... alguien que tiene tanta motivación, tuve que ayudarlo'', dijo el Dr. Sosa. 'Le dije a Mike: `Esto te puede matar'. El me respondió: 'Bueno, esto no es vida' ''.

La cirugía de bypass gástrico reduce el tamaño del estómago para limitar la cantidad de alimentos a ingerir. Esto reduce la absorción de calorías, pero también de nutrientes.

El joven de 19 años y casi 600 libras forcejeó sin aliento, y por último tuvo que llamar a gritos a sus padres
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