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La vida a régimen sin resultados

En la playa «se pasa todo el día con la toalla y con el pareo». Y en la calle camina «siempre con una chaqueta atada a la cintura».

Marta y Laura son dos nombres ficticios que ocultan las identidades de dos hermanas gijonesas. Marta trabaja en una cafetería y está a punto de cumplir 19 años. Laura tiene 13 y va al instituto. Las dos miden alrededor de 1,58 metros y pesan en torno a 83 kilos.
«A veces, Marta se despierta llorando y no me quiere explicar qué le pasa», cuenta su madre, Rosa María, que no necesita demasiadas explicaciones sobre por qué también fue una niña obesa. Después, se ha pasado «la vida a régimen». Sin resultado.
Marta, «que siempre fue muy responsable, más de lo que correspondía a su edad», ha empezado «con problemas de ansiedad y depresión», a «tener complejos y a no encontrarse a gusto con su físico». Laura, todavía no, y sigue «comiéndose todo lo que no ha comido los cinco días anteriores» los fines de semana en casa de sus abuelos. El complejo de Marta se nota, explica su madre, en la ropa, que «tiene que ser de mujer adulta»: «Impensable encontrar talla en la mayoría de las tiendas a las que van sus amigas». O con su pandilla, donde «ya todas tienen novio». En la playa «se pasa todo el día con la toalla y con el pareo». Y en la calle camina «siempre con una chaqueta atada a la cintura».

«Dicen que todo se hereda menos la hermosura», explica resignada Rosa María, que reconoce que, «aunque haya un factor genético, las dos son de comer bien y de manera desordenada». «Les tengo pillados paquetes de chuches escondidos», dice. Gominolas sobre todo.

«Yo creo que culpa no tengo. A lo mejor, tenía que haber vigilado más su alimentación, pero me paso el día trabajando», se disculpa la madre, que recuerda que, en los últimos meses, quizá ha habido «todavía más descontrol». Justo tras la ruptura de su matrimonio, un divorcio que «les afectó bastante».

Hace un tiempo que está preocupada: «Hablo mucho con ellas, pero sin machacarlas mucho, porque, con los problemas de anorexia y bulimia que se ven por ahí nunca sabes lo que puede ser peor». A veces reconoce que «se cansa de pelear»: «Te dicen que las dejes en paz, que no les des la vara», afirma. La semana pasada Rosa María empezó otra dieta más. Esta vez, con su hija Marta.
En la playa «se pasa todo el día con la toalla y con el pareo». Y en la calle camina «siempre con una chaqueta atada a la cintura».
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