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La soledad y el deseo de gustar propician la anorexia en mujeres mayores de 45 años

Un reciente estudio revela que estas pacientes mantienen las mismas conductas que las adolescentes La experiencia de la vida les ayuda a superarlo con mayor facilidad

La anorexia no es un problema exclusivo de la adolescencia. Las consultas de Psiquiatría han comenzado a recibir desde hace un tiempo a mujeres de más de cuarenta años que presentan trastornos de la alimentación típicos de edades más tempranas. Todavía no son muchas, pero se ha visto que la historia de cada una de ellas sigue, por regla general, un mismo patrón. Son viudas, separadas o divorciadas, que cuando los hijos se van de casa y dejan de desempeñar el papel de madres deciden abrirse de nuevo al amor para hacer frente a una soledad inesperada. En su afán por gustar y encontrar una nueva pareja, se someten a dietas de adelgazamiento sin ningún control. Y como consecuencia, enferman.

Viven la nueva etapa que se abre en su vida con la emoción de la juventud y creen que dejando de comer será posible recuperar la figura que lucieron en otro tiempo. Otras mujeres intentan apaciguar la ansiedad que les provoca el nido vacío dejando limpia la nevera, especialmente al caer la tarde, que suele ser una hora crítica. El descontrol alimentario y la imposibilidad de equilibrar sus emociones acaba por desencadenar en ellas cuadros de anorexia o bulimia. Constituyen un fenómeno emergente, «que yo creo que se mantendrá en cifras muy bajitas», explica el psiquiatra Vicente Turón, que participó ayer en una jornada sobre trastornos de alimentación organizada en el palacio Euskalduna de Bilbao por la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia Nerviosa, Acabe. «Por suerte, la sociedad disfruta hoy de mucha más información sobre estas enfermedades», añade.

Una explicación

Turón, que se ha incorporado recientemente como asesor al Departamento de Salud de la Generalitat, realizó un estudio sobre la aparición de trastornos de la alimentación en la edad tardía, durante su etapa anterior como psiquiatra del hospital Bellvitge, en Hospitalet de Llobregat (Barcelona). El trabajo contó con la participación de mujeres de 25 a 70 años. Los datos que más llamaron la atención del equipo investigador fueron, sin embargo, los referidos al grupo de pacientes mayores de 45. «Desde el punto de vista clínico pensaban y tenían las mismas conductas que las anoréxicas de 16 o 20 años, pero los motivos de su trastorno eran distintos». Tras su enfermedad se ocultaban los efectos de una soledad no buscada.

El especialista, que preside además la Asociación de Profesionales para el Estudio de Trastornos de la Alimentación, defendió la importancia que tiene admitir que se padece un problema de salud para superarlo. No sólo en la edad madura, sino en cualquier etapa de la vida. Sin embargo, desde el punto de vista clínico, «lo positivo de las pacientes con anorexia o bulimia mayores de 45 años es que a esa edad se suele ser más consciente y menos impulsivo. Además, su deseo por aparentar, lucir y presumir les durará, de media, diez años más. Una vez conseguido el objetivo que buscan, volverán de nuevo a la salud», subraya.

El especialista José Ramón Elorza, jefe de Endocrinología del hospital de Basurto, aporta una explicación para entender este fenómeno. Según dice, la anorexia nerviosa es una enfermedad que se manifiesta «habitualmente en la adolescencia, pero que puede aparecer a cualquier edad». A menudo, permanece agazapada de manera crónica «en personas que incluso tienen hijos adultos»; y en un momento determinado se manifiesta. «No es infrecuente que una persona reconozca tener una anorexia nerviosa de larga evolución y que pida ayuda a los 45 o 50 años».

De hecho, según dice, más de la mitad de las afectadas logra superar la enfermedad, pero para más de un 30% la afección se convertirá en un trastorno crónico. «Lo importante -recalcó- es vigilar los hábitos alimentarios de las más jovenes».
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