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La gran pandemia del siglo XXI será la obesidad

Los expertos coinciden en que únicamente con buenos programas educativos dirigidos a los escolares y con una legislación capaz de regular los excesos de la industria alimentaria o las raciones excesivas de muchos restaurantes se podrá frenar la obesidad y sus funestas consecuencias

Una de las extrañas paradojas de las sociedades avanzadas es que cuanto mayor es su nivel de renta mayor es su incidencia de enfermedades cardiovasculares. Este dato lo recalcó el pasado jueves el doctor Valentín Fuster en el transcurso de la conferencia titulada Ciencia y Política en el Infarto de Miocardio, que inauguró el IX Ciclo Ciencia y Sociedad de la Fundación Santander Central Hispano.

La patología cardiovascular sigue y seguirá siendo la primera causa de muerte en el mundo. En EEUU, el porcentaje de obesos está creciendo año tras año y es ya tan preocupante que amenaza con colapsar por completo su sistema sanitario en el futuro.

Los costes de tratar los problemas vasculares secundarios al exceso de peso de los estadounidenses serán insoportables, de acuerdo con todos los analistas. El director del Instituto Cardiovascular del Hospital Monte Sinaí, y premio Príncipe de Asturias de las Ciencias, explicó en su charla, en primer lugar, cómo la obesidad conduce a la diabetes y a la aterosclerosis para continuar luego profundizando en los aspectos políticos y científicos de la gran asignatura pendiente en Medicina: la prevención.

El verdadero reto

«Es mucho más difícil prevenir que tratar», comentó. «Sin embargo, debemos hacer un esfuerzo que frene la epidemia que se nos viene encima e implicar aquí a los políticos, a los educadores y a la sociedad entera. Tenemos que investigar con rigor, no solo en las moléculas, sino también en la ciencia de la prevención».

La grasa que se acumula en un porcentaje cada vez más alto de los habitantes de los países desarrollados no produce, únicamente, un problema estético o mecánico.

Según una excelente revisión de la revista 'Science', los 'michelines' se comportan como auténticas glándulas generando sustancias que favorecen la aparición de diabetes y la activación de los sistemas inflamatorios que inestabilizan las placas de ateroma que hay en las arterias.

El adipocito (la célula grasa), es realmente una fábrica de productos que pueden ser muy dañinos. Concretamente, libera una serie de mediadores inflamatorios que contribuyen a la formación brusca de coágulos sanguíneos sobre las lesiones arteriales, lo que provoca finalmente el infarto.

Por otro lado, la resistencia a la insulina que suele acompañar a la obesidad es la culpable de la diabetes del adulto. Los niveles elevados de glucosa en la sangre derivados de esta enfermedad dañan el revestimiento de las arterias y favorecen la aparición de la aterosclerosis. En definitiva, el sobrepeso se ha convertido ya en el más serio factor de riesgo vascular en todo el mundo.

Para el doctor Fuster, el reto de la Medicina de los próximos años no está únicamente en conseguir mejores tratamientos para los infartados que llegan al hospital sino en lograr que se produzcan menos.

«No hay que olvidar que el infarto de miocardio tiene una mortalidad del 40%. Y ésa es una cifra muy elevada porque el 30% de los que sufren un infarto muere súbitamente antes de llegar a un centro sanitario. Allí es donde la mortalidad se ha reducido a un 10%», aseguró el cardiólogo.

Sin embargo, la verdadera batalla contra la aterotrombosis habrá que librarla en el terreno de la prevención. «Aquí es dónde los políticos tienen que participar de forma activa, algo que es difícil para ellos porque los resultados de cualquier plan se verán a largo plazo y en política lo que interesa es el corto» opina Fuster.

Los expertos coinciden en que únicamente con buenos programas educativos dirigidos a los escolares y con una legislación capaz de regular los excesos de la industria alimentaria o las raciones excesivas de muchos restaurantes se podrá frenar la obesidad y sus funestas consecuencias.

Otro de los desafíos que tiene planteada la medicina moderna es conseguir que los pacientes con enfermedad coronaria diagnosticada sigan tratamientos estrictos. «Con el tiempo, sólo el 10% de los enfermos con problemas cardiacos lleva a cabo una terapia correcta», añadió. «Un dato desalentador en una enfermedad que tiene tratamientos eficaces. Es necesario pues una píldora que contenga todos los fármacos que necesitan los usuarios».

Los expertos coinciden en que únicamente con buenos programas educativos dirigidos a los escolares y con una legislación capaz de regular los excesos de la industria alimentaria o las raciones excesivas de muchos restaurantes se podrá frenar la obesidad y sus funestas consecuencias
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