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La curva de la felicidad

Lo que hasta hace unos años era considerada como la curva de la felicidad es realmente un signo de importante riesgo de padecer un infarto de miocardio y, lo que es peor, de llegar a fallecer como consecuencia del mismo

Hace poco más de un mes le comentaba que la obesidad, junto a otros factores como el tabaco, los niveles elevados de colesterol en sangre, la hipertensión arterial y la diabetes, suponen un importante riesgo para el desarrollo de aterosclerosis y, por ende, de infarto de miocardio.

Por el contrario, hacer ejercicio de forma regular y una dieta rica en frutas y verduras ejercen un efecto protector.

La obesidad es uno de los males de nuestro recién estrenado milenio. Todos los medios de comunicación se hacen eco del aumento de personas obesas que, además, lo empiezan a ser a una edad progresivamente más temprana.

Una alimentación cada vez menos mediterránea, cada vez más parecida a la comida-basura americana, junto a unos hábitos de vida cada vez más sedentarios, en los que las sesiones delante de la televisión y la play-station ganan por goleada a las actividades deportivas y al aire libre, parece que nos conducen sin remisión a convertirnos en una sociedad de obesos. Y, como les decía, la obesidad es un claro factor de riesgo para, entre otras muchas enfermedades, sufrir un infarto de miocardio.

Pero no piense que todas las gorduras son iguales. Recientemente han sido publicados en una de las revistas científicas de mayor prestigio los resultados de un importante estudio de investigación que confirma lo que desde hace algún tiempo sospechábamos con cierta evidencia: la obesidad realmente peligrosa es la obesidad del abdomen.

Lo que hasta hace unos años era considerada como la curva de la felicidad es realmente un signo de importante riesgo de padecer un infarto de miocardio y, lo que es peor, de llegar a fallecer como consecuencia del mismo.

El estudio que les menciono, realizado en un total de cincuenta y dos países, y en el que participaron casi treinta mil personas de todas las razas y costumbres, demuestra que el riesgo de infarto de miocardio atribuible a la acumulación de grasa en la zona del abdomen es, en todos los casos, elevadísima.

Siempre le habían hablado de la obesidad medida según el denominado índice de masa corporal, que no es más que el resultado de dividir su peso en kilogramos entre el cuadrado de su altura en metros. Un índice entre veinticinco y treinta indica la presencia de sobrepeso, mientras que si éste es mayor de treinta define a la persona como obesa. Pues bien, el riesgo de padecer un infarto viene mucho mejor definido por lo gorda que tengamos la barriga, independientemente de la obesidad del resto del cuerpo, que por esta simple relación entre el peso y la altura de un individuo.

Le invito a medirse. Coja una cinta métrica y mida la circunferencia de su cintura y luego la de su cadera. Sea usted hombre o mujer, y simplificando el cálculo para hacerlo entendible, si su cintura mide más que su cadera usted presenta un elevado riesgo de sufrir un infarto, un riesgo que es hasta tres veces superior al que tiene una persona de figura esbelta y que, además, es mayor cuanto mayor sea esa diferencia que haya entre cintura y cadera.

¿Tiene esto explicación? Todavía no se conoce con exactitud por qué la obesidad abdominal se asocia a un mayor riesgo de infarto y de que ese infarto sea más grave, pero se conocen datos muy interesantes que ayudan a comprenderlo.

En la aterosclerosis, como en cualquier otro proceso o enfermedad inflamatoria, el riesgo y su gravedad dependen del equilibrio entre la producción de sustancias dañinas, que favorecen la inflamación, y sustancias protectoras que la inhiben.

Hoy sabemos que la grasa situada en el abdomen, entre las vísceras, es capaz tanto de producir sustancias pro-inflamatorias como de reducir la producción de aquellas antiinflamatorias. Lo sabíamos en otras enfermedades, siempre más graves en personas con obesidad abdominal. Hoy lo confirmamos también en el infarto.

No digo que se despreocupe de la báscula pero, si quiere mantenerse sano o sana, desempolve el chándal que tiene guardado desde hace tanto tiempo en el armario, cambie su dieta y mírese la barriga en el espejo. La figura esbelta ya no es sólo un simple problema estético. Es un problema de salud.

*Presidente de la Fundación para la Investigación en Enfermedades del Aparato Digestivo
Lo que hasta hace unos años era considerada como la curva de la felicidad es realmente un signo de importante riesgo de padecer un infarto de miocardio y, lo que es peor, de llegar a fallecer como consecuencia del mismo
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