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La chatarra de cada día

Comidas carentes de nutrientes se consumen en la calle y en casa

La ruta de la empanada es la misma vía intrincada de la hamburguesa, del tequeñón o de la pizza. Es un camino que se recorre con tropiezos y deja huellas a lo largo de todo el sistema digestivo y de todo el organismo en general. La ruta de la comida chatarra incluye a todos esos alimentos que son más dañinos que nutritivos.


"Existe una importante conexión entre el consumo de comidas rápidas o chatarra y la obesidad. Son comidas atractivas para los jóvenes y adultos, ya que están bien presentadas, tienen buen sabor, son "baratas" y pueden consumirse rápidamente incluso fuera de la casa o restaurante".

La nutricionista venezolana Ingrid Chadd, subraya que la comida chatarra, no sólo se consigue en restaurantes y carritos callejeros, en esta clasificación también entran las chucherías que expenden en quioscos y supermercados.


Para el cardiólogo Carlos Ponte, secretario general de la Fundación Venezolana de Cardiología Preventiva, la ingesta de alimentos poco nutritivos en el propio hogar también es considerable: "En la casa también se come comida chatarra cuando por cuestiones de tiempo se prepara comida frita y sobre todo harinas fritas". Este especialista dice que "en la alimentación del venezolano es frecuente el consumo de estas comidas de alta densidad calórica como las empanadas, los tequeños o la arepa frita".

Por su parte, la nutróloga Nancy Celis resalta que "los restaurantes de comida rápida constituyen el entorno, pero en casa se observa que los niños también están adquiriendo malos hábitos, que las loncheras no son tan nutritivas y que en las escuelas y colegios las cantinas venden mucha comida grasosa".


Cero nutrientes

El calificativo de "chatarra", que también incluye a las bebidas gaseosas y a las golosinas, tiene que ver "con su escaso valor nutritivo" pues "no sólo no alimentan sino que tampoco nutren y además quitan el apetito", asegura Chadd.


"La comida chatarra favorece la obesidad, sobre todo la abdominal, eleva el colesterol malo (LDL) disminuye el colesterol bueno (HDL), eleva los triglicéridos, eleva la glicemia", explica Carlos Ponte, quien además señala que estos alimentos son bajos en fibras y elevada cantidad de sodio, lo que genera hipertensión y se favorece el desarrollo de la ateroesclerosis.


"En ningún momento", dice en tono enfático la endocrinóloga venezolana Betty Plata al preguntársele con qué frecuencia una persona debería satisfacer las ganas de comer comida rápida.

Plata, quien fue presidenta de la Sociedad Venezolana de Endocrinología y actualmente es asesora del Programa Nacional de Diabetes del Ministerio de Salud y Desarrollo Social, MSDS, subraya que "lo peor de esta comida" es la grasa que contiene.


La endocrinóloga se refiere especialmente al caso de las papitas fritas, que "generalmente se fríen en un aceite que ya ha sido reutilizado y está saturado, es el que enferma las arterias e incrementa los niveles de colesterol malo o LDL". Y como si fuera poca toxicidad, Plata explica que "ese aceite reusado es absorbido por la papa y la contamina".

"Nunca" comer estas comidas recomienda también la nutróloga quien, no obstante, dice que "si se trata de una persona que generalmente come sano y hace ejercicios" pudiera ingerir estos alimentos con una frecuencia máxima de una vez al mes.


Celis apunta que si al menos estas hamburguesas incluyeran pan integral en vez de blanco se reduciría la absorción de azúcares, grasas y se mejorarían los niveles de colesterol malo.

"Una hamburguesa tiene cerca de 560 calorías y si se le agregan las papas, la suma da como resultado unas 800 calorías, sin contar con el refresco y el postre", explica Celis y subraya que una persona que deba consumir una dieta hipocalórica de 1.200/1.800 calorías diarias, completa prácticamente su capacidad total de alimentación en una comida.


Soy adicto

"Uno tiene una adicción a lo grasoso. La papa frita es una adicción, es difícil parar de comerlas", dice Plata.

"La comida en general es adictiva y por eso el tratamiento de obesidad o sobrepeso tiene que ser similar al del problema de las drogas, el cigarrillo o el alcohol", señala Maritza Bendayán, psicóloga de la Clínica de Control de Peso del Centro Médico Docente La Trinidad.

Bendayán forma parte de un equipo multidisciplinario que asiste a los individuos que necesitan perder peso y aunque admite que la comida chatarra tiene su influencia en el engrosamiento cada vez mayor de las estadísticas de obesidad en el mundo, asegura que, afortunadamente en Venezuela el problema no es tan grave como en Estados Unidos "donde uno puede ver en cualquier parte a familias completas que sufren de obesidad".

La psicóloga señala que "la alimentación en Estados Unidos es pésima, pero los venezolanos tenemos una influencia europea y el europeo, sobre todo el mediterráneo, tiene una dieta mucho más saludable y completa en la que le dan valor a los vegetales, a las frutas y al aceite de oliva".


De hecho, en marzo pasado se dieron a conocer los resultados de un estudio que concluyó que la expectativa de los estadounidenses podría descender entre cuatro y nueve meses en menos de cinco décadas.

La investigación, publicada en la revista científica New England Journal of Medicine, resalta el crítico aumento de la obesidad infantil y pronostica que la esperanza de vida se recortará entre dos y cinco años, si no se modifican los hábitos alimenticios "urgentemente".


Chadd, quien reside actualmente en Estados Unidos, comenta que en ese país se ha incrementado considerablemente el consumo de los alimentos chatarra, así como también las estadísticas que indican que "65% de los adultos presenta algún problema de exceso de peso".

Entretanto, Bendayán asegura que "aquí en Venezuela tenemos obesidad mórbida, aunque muchísimos menos casos". Por fortuna, según la psicóloga, "el hecho de que la cultura de la belleza sea muy importante en Venezuela, tanto en hombres y mujeres, es bueno porque se ve que la gente se está cuidando".

A pesar de todo, la endocrinóloga Betty Plata asegura que en Venezuela se están viendo casos de niños de ocho, nueve y diez años que sufren de diabetes tipo 2 por causa de la obesidad y apunta que por esta causa la prevención de este problema debería hacerse "desde que la mujer está embarazada".


La especialista subraya que gracias al trabajo conjunto entre los ministerios de Educación y Salud, el Instituto Nacional de Nutrición y la Organización Panamericana de la Salud se está impulsando la llamada "Iniciativa cardiovascular, renal y endocrinometabólica" (Carem) que consiste en "un proyecto de vida saludable".

"Con Carem vamos a enseñarles a los niños, desde las escuelas, el valor de una buena nutrición, las escuelas se convertirán en espacios saludables", dice Plata.

Comidas carentes de nutrientes se consumen en la calle y en casa
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