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Hambre y obesidad: los extremos se tocan

Ahora mismo, cuando las multitudes disfrutan sus merecidas vacaciones, millones de seres del sureste del Sáhara padecen grave escasez

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU sólo ha recibido un tercio de los once millones de dólares necesarios para cubrir operaciones de emergencia en Níger y Mali, dos de las naciones más pobres del mundo donde la sequía y las plagas de insectos generan cada día miles de muertos por hambre. El traspaso de cualquier futbolista mueve mucho más dinero, y sirve para el viejo pan y circo; si los gobernantes suspendieran una semana la producción y la compra de armamento el problema se solventaría, pero esta solución tampoco interesa.

En el otro extremo, Israel quiere implantar impuestos especiales a las personas obesas, que suponen el 62 por ciento de la población, y no sería de extrañar que en los próximos años –tras las campañas contra el tabaco- los países occidentales emprendan la cruzada contra la obesidad, ya que genera enormes gastos sanitarios. También el gobierno israelí pretende convertir los jardines públicos en huertas para promover el consumo de verduras, así como colocará carteles en los ascensores para que los gordos suban a pie. El abandono de la dieta mediterránea, el consumo de comida rápida, el sedentarismo y un largo etcétera disparan la obesidad también entre nosotros. Por una parte, hambrunas que se incrementan y se repiten de año en año. Por otro despilfarro de consumismo: curioso mundo el que nos toca vivir en este siglo XXI.

África está más lejos que ese décimo planeta que acaban de otear los científicos; África es un continente expoliado durante siglos, y que ahora hemos dejado a su suerte: con el cambio climático el desierto del Sáhara extiende cada año sus límites, se incrementan las guerras tribales, las epidemias de sida, la autodestrucción. Y Europa y las grandes potencias mirando para otro lado, porque resulta incómodo ver los niños esqueléticos y los ancianos moribundos cuando empieza el telediario.
Ahora mismo, cuando las multitudes disfrutan sus merecidas vacaciones, millones de seres del sureste del Sáhara padecen grave escasez
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