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En el 95% de los casos, la obesidad infantil es de origen nutricional

Aumentar la actividad física y comer equilibradamente y en familia, son elementos clave a la hora de controlar la obesidad en los más pequeños

Fomentar unos buenos hábitos alimentarios y disminuir el sedentarismo son claves para evitar que aparezca la obesidad infantil. En este sentido, las comidas en familia a horas fijas y sentados en la mesa y la disminución de las horas de televisión son decisivas. 
España se sitúa entre los primeros países europeos en obesidad infantil. En nuestro país, el 13,9% de la población de 2 a 24 años es obesa y el 26,3% de este grupo de población tiene sobrepeso. 
En el tratamiento de la obesidad infantil, juega un papel decisivo la implicación de la familia para conseguir que el niño alcance el peso adecuado.

Sólo en el 5% de los casos, la obesidad infantil tiene una causa genética o endocrina, en el resto, es decir en el 95% de los niños obesos, su problema es de origen exógeno o nutricional. “Sobre todo en los segundos casos, los mejores resultados se obtienen con el diseño de un tratamiento mutidisciplinar de la obesidad -en el que participen pediatras, psicólogos y dietistas- basado en una dieta equilibrada, la práctica de ejercicio físico, una correcta educación nutricional y la modificación del comportamiento. Por esta razón, los esfuerzos deben dirigirse a la prevención y a intentar difundir las ventajas de unos hábitos dietéticos adecuados”, en opinión del doctor Javier Aranceta, de la Universidad de Navarra. La obesidad infantil se ha convertido en un verdadero problema de salud pública.


En concreto en nuestro país, las cifras que se manejan sobre esta patología son especialmente alarmantes: el 13,9% de la población de 2 a 24 años es obesa –detectándose las mayores cifras en la franja de 6 a 12 años, con una prevalencia del 16,1%-. El 26,3% de este grupo de población tiene sobrepeso. Además, hay que tener en cuenta que la obesidad infantil no sólo influye en el desarrollo psicosocial del niño, sino que también incrementa el riesgo de obesidad en la edad adulta y aumenta la morbimortalidad, sobre todo para enfermedades cardiovasculares.


Luchar contra la obesidad infantil en familia

Las causas de la obesidad infantil son las mismas que en los adultos, agravadas por un mayor deterioro de los hábitos alimentarios. “Sin duda la dieta de los niños está mucho más alejada de la dieta mediterránea que la de los adultos. Ha aumentado considerablemente el consumo de bollería, bebidas carbonatadas, productos cárnicos o postres lácteos en detrimento de la ingesta de pescado, frutas, verduras y cereales”, comenta el doctor Lucio Cabrerizo, de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Si a todo ello le añadidos que los juegos de los niños actuales son completamente sedentarios, la obesidad parece inevitable. Los especialistas insisten en que la actividad física infantil relacionada con el juego ha desaparecido, ahora los niños juegan sentados. El ordenador, la televisión y la videoconsola han sustituido a las canicas, al escondite o a la goma.

El papel de los padres es fundamental a la hora de fomentar unos buenos hábitos alimentarios en los más pequeños. “La alimentación de los niños debe de empezar por el ejemplo de los padres. Una familia que no coma verdura, ni fruta ni pescado y que prácticamente no pruebe la leche, difícilmente va a conseguir que sus hijos los ingieran, por mucho que se los ponga sobre la mesa. La familia es el marco natural para cualquier tipo de aprendizaje y debe de implicarse en el tratamiento del niño obeso. Las comidas en familia a horas fijas y sentados en la mesa y la incorporación de alimentos saludables en la dieta, junto con la disminución de las horas de televisión y el incremento de la actividad física, contribuyen a mejorar y corregir los hábitos alimentarios y de actividad del niño obeso”, puntualiza el doctor Aranceta.


En este sentido, la dieta ideal para un niño es aquella que permite su correcta nutrición, sin que pase hambre, y resulta equilibrada en su composición (50-55% de hidratos de carbono, 30% de grasas, 15-20% de proteínas), además de ser variada.


El papel de los comedores escolares

Por su parte, los comedores escolares pueden ayudar en la educación nutricional de los más pequeños, aunque nunca deben sustituir la responsabilidad de los padres, siempre que su calidad nutricional sea la adecuada. “En la actualidad y por distintas circunstancias -entre ellas las económicas-, los productos con los que se confecciona el menú del comedor no siempre son los mejores. En muchos comedores se abusa de proteínas de baja calidad, como la carne picada, o de postres lácteos, en detrimento de la fruta, por eso no se trata tan solo de que los padres tengan el menú de sus hijos por adelantado sino de conseguir además que los buenos hábitos alimentarios también sean una constante en el colegio. Es recomendable que los padres acudan al colegio en el horario de la comida y comprueben personalmente el menú que se les da a los niños”, detalla el doctor Aranceta.


Un futuro de adultos obesos

Por su parte el doctor Lucio Cabrerizo subraya la relación entre la obesidad infantil y la cronificación del problema en la vida adulta. “Un niño obeso muy probablemente se convertirá en un adulto obeso. Eso está más que comprobado, además de que también se ha demostrado que si la obesidad empieza muy pronto, no solo se incrementan las posibilidades de padecer diabetes tipo 2, hipertensión u otro tipo de enfermedades cardiovasculares, sino que su aparición se adelanta a edades mucho más tempranas”, apunta el especialista.

Aumentar la actividad física y comer equilibradamente y en familia, son elementos clave a la hora de controlar la obesidad en los más pequeños
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