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En Chile, la obesidad es un tema de salud pública

Hace unos días los ministros de Educación y Salud, en conjunto con el director de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb), anunciaron las cifras del 2005 de talla y peso de los niños que ingresaron a primer año básico a las escuelas atendidas por el Programa de Alimentación Escolar de la Junaeb

Los resultados son preocupantes: más del 15% de los niños son obesos comparado con estándares internacionales. Esto reviste importancia, ya que un niño obeso tiene grandes posibilidades de ser obeso en la vida adulta, con la consiguiente aparición de enfermedades crónicas relacionadas. Estas incluyen enfermedad cardiovascular, diabetes, hipertensión y ciertos tipos de cáncer.

El problema del sobrepeso y obesidad se ha manifestado lenta pero sostenidamente en nuestro país a medida que ha disminuido la desnutrición. Si consideramos los datos recién entregados y que, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud del 2003 (ENS), tres de cada cinco adultos tienen sobrepeso, y que la prevalencia de obesidad en ellos alcanza un 27,4% en mujeres y 19,2% en hombres, es necesario preguntarse cómo llegamos a este punto y qué podemos hacer. La ganancia de peso sigue la ley de la termodinámica: si entra más energía (alimentación) que la que sale (ejercicio), el excedente se guarda (grasa). Estos dos aspectos son claves en el control de peso.

Esta enfermedad se suscita por una serie de razones que incluyen una reducida actividad física y un consumo de calorías por sobre lo que se gasta. El aumento de la ingesta de alimentos es producto de muchos factores, que incluyen su mayor disponibilidad, su bajo costo relativo, la aparición de alimentos preparados que son muy a menudo ricos en calorías y grasas. A esto debe agregarse la falta de ejercicio. De acuerdo a la ENS casi el 90% de la población es sedentaria, es decir, no hace ningún tipo de ejercicio rutinariamente.

Es necesario retroceder en el tiempo para poner en contexto esta información. Hace miles de años, el hombre era principalmente recolector y cazador en lo que a comida se refiere. Su dieta habitual consistía en frutos secos y dátiles, aunque la dieta variaba sustancialmente cuando lograba cazar un animal, en cuyo caso se atiborraba comiendo lo más posible. Se piensa que con el transcurrir del tiempo hubo una adaptación genética a este tipo de alimentación. Posteriormente el hombre desarrolló una agricultura rudimentaria transformándose de nómada en sedentario, dándole valor a la capacidad de cultivar sus propios alimentos y desarrollar la ganadería. La agricultura evolucionó marcadamente en la Edad Media y se mantuvo relativamente estable hasta la Revolución Industrial, época en que comienza su mecanización y desarrollo vertiginoso, hasta llegar hoy a una agricultura muy mecanizada en la cual la participación manual es casi inexistente.

Se estimaba que en países desarrollados a principio del siglo pasado, entre 40% y 60% de la población estaba involucrada en la producción de alimentos. Hoy esta cifra es menor de 5%. Simultáneamente, la disponibilidad de alimentos ha aumentado en forma exponencial.

Es imperativo que se refuercen ciertas acciones gubernamentales que ayuden a prevenir el problema. Al mismo tiempo debemos tomar conciencia del tipo de alimentos que comemos, informándonos de su contenido calórico, y cuáles son los nutrientes que contienen, es decir, aprender a leer la etiqueta. Asimismo, debemos aumentar la cantidad de ejercicio, ya que aunque sea poco el incremento del tiempo ocupado en éste, y por muy leve que sea, siempre ayuda.

La industria de alimentación debe hacer disponible a la población alimentos sanos y de fácil preparación. Los medios de comunicación deben promover buena alimentación y estilos de vida. Ningún programa de gobierno -ni siquiera uno muy bueno- será efectivo si todos los actores no toman conciencia. La salud es una responsabilidad compartida, y no existe programa alguno que pueda solucionar el problema de la obesidad a menos que sea un esfuerzo mancomunado.

En lo que se refiere a la obesidad, el viejo adagio "más vale prevenir que curar" cobra una especial relevancia.

Hace unos días los ministros de Educación y Salud, en conjunto con el director de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb), anunciaron las cifras del 2005 de talla y peso de los niños que ingresaron a primer año básico a las escuelas atendidas por el Programa de Alimentación Escolar de la Junaeb
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