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El sueño americano puede traerte un despertar obeso

La crisis entre los hispanos es también consecuencia de una tradición culinaria en la cual los reyes de la cocina son el aceite, el azúcar y la harina, una receta que los dietistas han urgido cambiar

En la tierra de la comida rápida, no era de extrañarse.

El sueño americano viene ahora también en un SUPER SIZE para miles de inmigrantes hispanos en el sur de la Florida.

Nuestros logros los celebramos gratificándonos, instantáneamente, con abundantes y dulces banquetes. Nuestros fracasos los mitigamos, repetidamente, con el paso urgente por la ventanilla nocturna de Burger King.

Pero no nos damos cuenta de que en Estados Unidos los alimentos no son maná que cae del cielo.

Mientras que, siguiendo la tradición estadounidense, la comida se ha coronado como el placer favorito de los latinos en Miami y el resto de la nación, la obesidad se ha afincado como el principal obstáculo que los inmigrantes -- y sus descendientes -- encaran para lograr ese sueño que nos trajo aquí en un principio.

''Es la epidemia número uno en la comunidad hispana porque prevalece altamente en todos los grupos de edades'', me dijo la doctora Elena Ríos, presidenta de la Asociación Médica Hispana Nacional.

La obesidad es la segunda causa de muerte previsible en este país después del tabaco. Entre las enfermedades crónicas relacionadas, la diabetes, por ejemplo, aflige a 7.1 por ciento de la población adulta hispana en Miami, según estadísticas del Departamento de Salud de la Florida.

Helena Poleo reveló esta semana en un artículo de portada en el El Nuevo Herald que el 20 por ciento de los adultos de Miami-Dade es obeso, y que el 37 por ciento padece de sobrepeso. Entre los grupos étnicos en la Florida, en años recientes los hispanos son los que han experimentado el mayor incremento en la incidencia de obesidad: 73 por ciento.

Cierto, para muchos hispanos el concepto de la plenitud se asocia con excesivas comidas sobre la mesa que pocas veces son balanceadas, y ser gordito(a) se acepta con cariño y como símbolo del buen vivir.

Sin embargo, los patrones de obesidad entre los hispanos reflejan la adopción del lado menos positivo del estilo de vida estadounidense, donde el tiempo libre se consume frente al televisor e internet y la pizza llega a la puerta de la casa con el delivery, porque estamos abrumados por las agotadoras jornadas laborales. Es, asimismo, la respuesta a un mercado saturado de alimentos densos en calorías, grasas y aditivos químicos.

Un estudio publicado a finales del año pasado en el prestigioso Journal of the American Medical Association concluyó que el 8 por ciento de los inmigrantes que habían residido en Estados Unidos menos de un año eran obesos. Entre quienes llevaban viviendo en el país al menos 15 años el índice de obesidad era de 19 por ciento.

La crisis entre los hispanos es también consecuencia de una tradición culinaria en la cual los reyes de la cocina son el aceite, el azúcar y la harina, una receta que los dietistas han urgido cambiar.

''Hay que enseñar a mantener los platos tradicionales de manera más sana'', me explicó Roniece Weaver, dietista especializada en minorías étnicas que fue oradora esta semana en una cumbre estatal realizada en Miami. ``En vez de freír las empanadas, hay que aprender a hornearlas''.

El problema engorda porque el índice de pobreza, que en Miami llega a 27.9 por ciento, obliga a muchas familias a consumir chatarra al no poder costear los productos de cultivo orgánico que expenden las cadenas naturistas. Fuera de su alcance económico también se hallan alimentos como la carne de res o el pescado.

Muchos inmigrantes no tienen opciones alimenticias porque viven en vecindarios pobres donde las bodegas no poseen variedad de oferta. Por otra parte, los productos que engordan más son aquellos que los supermercados venden más baratos,.

¿No deberíamos estar un poco más hambrientos por revertir esta tragedia?

''Es la responsabilidad que tenemos con la próxima generación'', subrayó la doctora Ríos. ``No podemos morir todos jóvenes''.

Con mensajes adecuados y que no falten el respeto a quienes tienen sus libritas de más, que sean culturalmente sensibles hacia los hispanos del sur de la Florida, todos debemos hacer algo solidario para que la dulzura de la gente prevalezca por encima del azúcar refinada.

En Miami, donde vivimos con la bendición de poder caminar al aire libre, nadar o andar en bicicleta todo el año, no tenemos excusa para seguir engordando hasta enfermarnos.

No hay mejor solución que el viejo lema de que somos lo que comemos. Somos producto de la tierra. No de la fábrica de donuts.

La crisis entre los hispanos es también consecuencia de una tradición culinaria en la cual los reyes de la cocina son el aceite, el azúcar y la harina, una receta que los dietistas han urgido cambiar
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