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Dieta de la perseverancia

Ser constante en la actividad física es más importante que someterse a rutinas, planes o incluso dietas de efecto inmediato. La fórmula enfrenta al hombre moderno a uno de los mayores retos: la paciencia

Vivimos en una sociedad a la que le importa el aspecto físico de sus miembros. Le demos importancia o no, cuando el verano se acerca muchos comienzan a sentir que sus cuerpos no respondemos a los parámetros de belleza con el que nos bombardean a diario las revistas, publicidades y empresas, y toman medidas drásticas para volver a encarrilarse en las vías de la apariencia.

Las cajas de los gimnasios no paran de escupir formularios de nuevos socios, los nutricionistas de lidiar con pacientes que quieren formulas mágicas para bajar de peso, los cirujanos plásticos extienden sus horarios y las balanzas se preparan para ser pisoteadas al menos una vez por día.

El cuerpo y la mente se estresan, enfrentan una vez más a la meta de perder peso y ganar masa muscular que la persona que los habita se impuso alcanzar en menos de uno o dos menos. Ansiedad, angustia, vergüenza, miedo, afloran día a día para potenciar el maltrato de no comer, sudar y sufrir para lograr un kilo menos.

Hay dos cosas que todos debemos aprender, no tendremos nunca el cuerpo de otra persona y lo mejor para estar contentos con el propio es realizar trabajos físicos a largo plazo. Ser perseverantes en este punto es el gran enemigo del hombre moderno.

Si lo que se desea es bajar de peso y estar sano, se necesita aumentar en forma paulatina la cantidad de ejercicio que se realiza por semana. Esto se logra con tranquilidad, mucha perseverancia y sabiendo que la meta no es el cuerpo de Kate Moss o Brad Pitt, sino el optimo estado de propio.

Antes de encarar cualquier actividad física lo ideal es ser honesto con uno mismo en cuanto al tipo de ejercicios preferido. A no todos les gusta correr, levantar pesas o tomar clases de algún tipo de gimnasia localizada.

En segundo lugar, es clave determinar la cantidad e intensidad de la actividad.

Cuando se trata de hacer ejercicio, muchas veces se cree que es más relevante el esfuerzo que uno realice que la constancia, sin embargo, una nueva investigación realizada por un equipo de especialistas en los Estados Unidos determinó que lo fundamental a tener en cuenta a la hora de comenzar una rutina de ejercicios no es el esfuerzo, sino la constancia.

Los responsables del estudio, cuyas conclusiones forman parte de la reciente edición de la publicación Chest, indicaron que las personas que caminan en total entre 125 y 200 minutos a la semana a un ritmo moderado pero constante, aumentan su capacidad aeróbica y disminuyen el riesgo de padecer afecciones cardíacas.

La investigación, que tuvo como objetivo concientizar a la población acerca de lo negativo de los hábitos sedentarios, cuestiona la costumbre de realizar una cantidad desmedida de ejercicios y sugiere que lo mejor es llevar a cabo actividades de esfuerzo moderado pero que requieran constancia.

Al respecto, el doctor Brian Duscha, del Centro Duke de Medicina Universitaria, una de las instituciones que formaron parte de la investigación, señaló que “caminar aproximadamente 19 kilómetros por semana a un ritmo sostenido tiene múltiples beneficios, sobre todo si se realiza el ejercicio en forma moderada y se mantiene la intensidad”.

Aunque cuando se empieza una rutina de ejercicios la mayoría de la gente pretende bajar de peso, el especialista se encargó de aclarar que “con las caminatas semanales, si bien tal vez no se pierde peso, se lo puede mantener y evitar la obesidad. Por otra parte, se gana capacidad aeróbica y masa muscular, se oxigenan los pulmones y se despeja la mente”.

El jefe del Servicio de Cardiología del Hospital de Clínicas, Jorge Lerman, recomendó por su parte “realizar caminatas de 30 minutos diarios por lo menos cinco veces a la semana”.

En cuanto a la intensidad, el especialista determinó que lo ideal es que sea intermedia, es decir, que implique recorrer aproximadamente 100 o 150 metros por minuto, de modo que en 30 minutos se puedan caminar entre 20 y 30 cuadras”.

En cuanto a la posibilidad de bajar de peso, el doctor Daniel De Girolami, Presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición, explicó que “el descenso de peso no depende exclusivamente de la caminata o el ejercicio que se realice, porque siempre hay que tener en cuenta que la cantidad de peso que se pierde a partir del ejercicio, depende de la cantidad de alimento que se consuma. No se puede determinar el gasto energético sin especificar la ingesta. La cantidad de peso que se baje es el resultado de esa ecuación”.
Ser constante en la actividad física es más importante que someterse a rutinas, planes o incluso dietas de efecto inmediato. La fórmula enfrenta al hombre moderno a uno de los mayores retos: la paciencia
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