Inicio > Noticias > 2005 > Comer sin control

Comer sin control

Había engordado más de 30 kilos en seis meses. Le pusieron una banda gástrica y logró reducirlos, pero en cuanto se la quitaron volvió a recuperar el peso porque el hambre arremetía con fuerza y no era capaz de resistir la tentación...

Más que el hambre era la ansiedad la que le consumía y a pesar de tener el estómago lleno seguía comiendo compulsivamente. Reconocía que era un auténtico suplicio.

Muchos de los obesos que vemos por la calle lo son a consecuencia de comer, por supuesto, pero comen porque intentan equivocadamente aplacar su ansiedad a base de alimento, girando su vida en torno a la comida como gira un mosquito en torno a una bombilla. Descubren en la ingesta de comida casi fuente principal de satisfacción, efímera por cierto. Su falta de objetivos por los que luchar y con los que levantar el ánimo la suplen atiborrándose de comida, un verdadero sucedáneo de otras metas un poco más sublimes. Es bastante mayor la fuerza que experimentan para dejarse seducir por el chocolate, el dulce o las galletas que la que tienen para frenar ese impulso y encaminar sus energías hacia otros centros de interés. Sufren mucho porque ven con tristeza cómo, aunque se sientan aplacados durante unos minutos, al paso de los días y las semanas al irse deformando su aspecto físico y ser centro de atención de todas las miradas se desasosiegan por las complicaciones que todo ello implica. Y en lugar de reducir su ansiedad aumenta más. Eso si no les da por meterse los dedos después de las comidas, en cuyo caso tenemos el peligro, no de engordar, sino de que se apodere de ellos la temida anorexia.

Hay un truco muy claro contra esa impulsividad sea de signo que sea. Tener las ideas claras, poner la mente y la atención en metas y objetivos de más altura, como es, por ejemplo, la superación de uno mismo, el autocontrol y la autodisciplina, que engordan el espíritu y lo templan y hacerlo con determinación y con firmeza. Tener claro que uno no debe consentir ser esclavo del dulce o la hamburguesa por mucha atracción que ejerzan sus sabores. Que hay otras motivaciones más altas para llenar el vacío existencial, aunque sea tratar de estar bien con uno mismo porque ningún obeso ni bulímico lo está. Hay que apuntar más alto.

Había engordado más de 30 kilos en seis meses. Le pusieron una banda gástrica y logró reducirlos, pero en cuanto se la quitaron volvió a recuperar el peso porque el hambre arremetía con fuerza y no era capaz de resistir la tentación...
Evaluación actual: 0 (0 votos)
Nota vista: 6862 veces