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Comer siempre lo mismo, un nuevo trastorno alimentario

Es la obsesión por alimentarse sólo con ciertas comidas y rechazar todas las demás. Un fenómeno aún poco estudiado y que podría ser la antesala de la anorexia y la bulimia

Es común en chicos. Nada de lechugas, espinacas, rúcula, radicheta. En fin, nada verde. Después, y más allá de los colores, quedaron desterradas todas las verduras. En la lista negra siguieron las frutas. Más tarde los pescados, el pollo, la carne.

Hace tres años que Mariela se alimenta a pastas. Frías, calientes, Solas, con aceite, con manteca. Son su desayuno, su almuerzo, su cena. A pesar de lo extraño de su conducta, esta estudiante de Arquitectura no era consciente de que algo andaba mal en su vida. Y hubiera seguido así si una amiga no la llevaba engañada a un médico.

Los especialistas los llaman "comedores selectivos". Y algunos aseguran que sus comportamientos pueden ser la antesala de la anorexia y la bulimia.


En el Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales no figura —sí la anorexia y la bulimia—, pero los especialistas la incluyen dentro de la categoría Trastornos de la Conducta Alimentaria No Especificados. "Comer selectivamente es un fenómeno poco estudiado. Es común en los chicos, pero si persiste lleva a cuadros de ansiedad, rechazo social y conflictos", asegura la doctora inglesa Dasha Nicholls, una de las primeras en hablar de este síndrome. "El comedor selectivo es aquel que consume menos de diez alimentos durante dos años", explica.

Hay nenes que limitan su dieta a leche, milanesas, papas fritas y chocolates. Y si alguien intenta darles otra cosa simplemente vomitan. "El patrón selectivo con la comida es la imagen de sus vínculos sociales. Estos chicos pueden tener fobia. A más estrés social, más capricho con la comida", explica Mabel Bello, de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba).


En el Programa de Alimentación para Niños hay nenes de 3 y 4 años, la mayoría comedores selectivos. "Si no se tratan a tiempo desarrollan anorexia y bulimia", dice el psicólogo Marcelo Bregua.

"La alimentación es una forma de comunicación, de vínculo. A través del rechazo o la aceptación de la comida el chico muestra su personalidad. Puede querer decir que no quiere cambios", explica Adriana Schiera, psicóloga y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar.

Hay una selectividad típica de la niñez que en general no es patológica y que desaparece con el crecimiento. De todas maneras, no siempre la selección de los alimentos tiene que ver con procesos evolutivos. "Hay que distinguir esa conducta de la selectividad asociada a los trastornos de la conducta alimentaria", dice Ana Jufe, del equipo de Nutrición y Trastornos de la Alimentación del Hospital de Clínicas.


Y ejemplifica. Está la selección de alimentos para no engordar, que es más frecuente en mujeres. También la selectividad relacionada con otros trastornos de la alimentación como la ortorexia (obsesión por comer sano), y la vigorexia (obsesión por tener un cuerpo musculoso y por lo tanto comer muchas proteínas), que es más común en hombres.


Además, está la selectividad alimentaria relacionada a los trastornos obsesivos de la personalidad como el TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), donde el fanatismo pasa por los rituales: puede llevar a repetir el mismo menú durante meses o años. "Hay gente que necesita armar su vida a base de rutinas, y si no lo hace entra en crisis, se desequilibra", explica Schiera.


"Es común que el paciente con TOC clasifique la comida y arme hábitos como comer cada cuatro horas. También están los obsesivos que dejan de lado alimentos por sus calorías, sus conservantes o ciertas sustancias. Son los que van con los tappers a todos lados", dice Gustavo Bustamante, psicólogo del Fobia Club.

Y siguen las adicciones, aquellas que nacen para calmar ansiedades o por la necesidad de estimularse. Las más comunes son al café y las bebidas cola por la cafeína. También al chocolate: tiene teobromina (sustancia parecida a la cafeína), anandamine (un lípido que se une a los receptores canabinoides, los mismos sobre los que actúa la marihuana), y magnesio, que disminuye con el estrés. El consumo de hidratos de carbono es porque mejoran los niveles de serotonina y levantan el estado de ánimo.

El presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición, Daniel De Girolami, deja en claro que la selectividad de los alimentos y la consecuente adicción no es una enfermedad nutricional. "La alimentación es una forma de canalizar la conducta, pero el origen de la patología es psiquiátrico. Es como cualquier adicción, pero como juega la legalidad, algunos se expresan con el alcohol, las drogas, el cigarrillo, y están los que por su cultura o formación lo hacen a través de la comida".


Algo similar opina la psicóloga Gladys Guarrera, de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios: "Estos trastornos siempre van unidos a un perfil psicopatológico. Por eso hay que descubrir el problema de base. El tema es que estos trastornos más indefinidos son los más difíciles de diagnosticar".

Es la obsesión por alimentarse sólo con ciertas comidas y rechazar todas las demás. Un fenómeno aún poco estudiado y que podría ser la antesala de la anorexia y la bulimia
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