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Argentina - Ley de Talles II: combate la tiranía de las flacas

A partir del 21 de diciembre la provincia de Buenos Aires, exigirá que las tiendas en las que se surten las adolescentes ofrezcan vestimentas cuyas tallas vayan de la 38 a la 48

En todo el mundo, las mujeres en busca de ropa a la moda comparten un mismo problema: ¿Qué hacer si la talla de una es mayor que la 38?

Algunos dirigentes del gobierno argentino encontraron la respuesta. Aprobaron una polémica ley destinada a terminar con la tiranía de las tallas minúsculas. A partir del 21 de diciembre la provincia de Buenos Aires, que incluye algunos de los elegantes barrios suburbanos pero no la capital federal, exigirá que las tiendas en las que se surten las adolescentes ofrezcan vestimentas cuyas tallas vayan de la 38 a la 48.

La directora de comercio provincial, Ana Serrano, dice que sus inspectores revisarán las perchas de ropa con cinta de medir en la mano. Los comerciantes que no cumplan con la nueva disposición se arriesgan a multas de hasta US$170.000. Las autoridades sostienen que la ropa pequeña presiona a las mujeres jóvenes a que se sometan a estrictas dietas. Ello, a su vez, contribuye a que Argentina tenga una de las tasas más altas de anorexia y bulimia en el mundo.

En un país donde la elegancia es una religión nacional, esta ley que reglamenta las tallas ha levantado un acalorado debate en programas de televisión, sitios Web y cafés. Inés Pujol, una esbelta modelo, dice que las argentinas son conscientes de su estado físico y seguidoras de la moda, y que los comerciantes "no van a vender toda esa ropa grande". Las argentinas tienen un tipo especial, agrega, y no hay ley que pueda meterse con eso. "Dondequiera que vamos, la gente nos dice que nos vemos divinas", asegura.

Pero las argentinas que no son extremadamente delgadas tienen problemas para encontrar ropa a la última moda. Muchas que necesitan ropa de tamaños más grandes terminan recurriendo a la desaliñada oferta de las pequeñas tiendas de barrio.

Hace poco, en un mall del barrio de Avellaneda, Romina Sculco, una estudiante de 18 años, miraba una camiseta con un estampado de superhéroes que era tan ceñida que parecía estar tatuada sobre el maniquí. "Esta ropa está diseñada para modelos, no para gente de talla normal", dijo. En todo el mall sólo había unas pocas estanterías con ropa de la talla 44 ó más, y muchas de ellas estaban en Wal-Mart.

La estructura fragmentada de la industria local de la confección agrava el problema, asegura Donna Reamy, profesora de diseño y comercialización de la Universidad Commonwealth de Virginia, en Estados Unidos. Los elevados aranceles aduaneros, junto a la inestabilidad económica que ha vivido Argentina, han impedido el ingreso de varias grandes cadenas extranjeras. Hay sólo una gran tienda por departamentos en la ciudad de Buenos Aires y sus suburbios y la apertura de una segunda está programada para diciembre. Los malls se componen de boutiques y cadenas nacionales, que prefieren confeccionar tallas pequeñas porque no están interesadas en servir a un segmento más amplio. "Es un mercado único y muy cerrado", afirma Reamy.

La provincia de Buenos Aires, con sus 15 millones de habitantes, es vital para la industria de la ropa porque concentra más de un tercio de la riqueza nacional. En los últimos 15 años muchos profesionales han abandonado la ciudad para irse a vivir a los suburbios, originando el nacimiento de elegantes centros comerciales suburbanos.

Desde hace tiempo los argentinos premian la belleza y la delgadez. Según los últimos datos disponibles, en 2003 Argentina ocupaba el quinto lugar entre los países con más cirugías plásticas. Y 87% de las cirugías eran para mujeres, según la Sociedad Internacional de Cirugía Estética y Plástica. Un estudio de Knack, una firma argentina de investigación de mercado, muestra que las mujeres de Buenos Aires van más al gimnasio que las mujeres de cualquier otro país latinoamericano, duplicando la asistencia de las de São Paulo.

Los expertos dicen que esta preocupación por mantenerse en forma puede llevar a trastornos alimenticios. Una reciente encuesta entre 15.000 estudiantes, en su mayoría mujeres, realizada por el Instituto Superior de Ciencias de la Salud, reveló que cerca de 3,3% aseguraba haber padecido de anorexia en algún momento. Este porcentaje es considerado alto para un país en desarrollo y comparable al de Estados Unidos.

Mujeres que no tienen problemas en encontrar todo tipo de tallas en otros países aseguran que en Argentina tienen dificultades para ello. Laura Petroni, una ejecutiva de cosméticos de Italia, cuenta que cuando hace un par de años subió algunos kilos en Buenos Aires (pasó de la talla 40 a 42 europea), no pudo encontrar ropa de diseñadores en las tiendas argentinas. "Fue muy chocante y afectó mi autoestima", recuerda. Petroni ya bajó esos kilos extra y la ropa argentina le cabe nuevamente, pero asegura que "los extranjeros que conozco, si no son ultra delgados, se limitan a comprar carteras y zapatos en Argentina. No caben en un par de jeans o de pantalones".

Incluso el Departamento de Estado de Estados Unidos advierte a sus empleados de la embajada que las tallas grandes simplemente no existen en Argentina, por lo que recomienda a los funcionarios que compren su ropa a través de catálogos estadounidenses o cuando estén de visita en EE.UU.

La industria argentina de vestuario alega que la nueva ley infringe los derechos del sector privado. "Imagínense si aprobaran una ley que controlara el tamaño de las hamburguesas que sirven los restaurantes o el tamaño de las camas en los hoteles", dice Pablo Sonne, presidente ejecutivo de Rever Pass, una empresa de ropa. También se quejan de que el gobierno está limitando la libertad de creación. "¿Quieren que todas lleven una chaqueta tipo Mao?", se pregunta Héctor Kolodny, director ejecutivo de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria. Recientemente este grupo presentó una querella ante la corte suprema para que la ley sea derogada por inconstitucional.

Pero quienes la apoyan dicen que la silenciosa mayoría de las argentinas de todas las edades, cuya talla promedio sería de 44 para arriba, desea ropas más amplias, aunque se avergüencen levemente de pedirlas en las tiendas. Mabel Bello, la doctora que encabeza la Asociación de Lucha contra Bulimia y Anorexia, el mayor centro de tratamiento en Argentina, empezó la batalla en torno de las tallas a fines de los años 90, cuando reunió 200.000 firmas para la implantación de nuevos estándares en los tamaños. La ley fue aprobada por el congreso provincial en 2001, pero la sensibilidad política de la medida hizo que la redacción de los reglamentos de implementación se postergara hasta este año.

Romina Cordo, una estudiante de diseño de 21 años, pasa dos horas diarias en el gimnasio y corre tres veces por semana. "Para muchas de nosotras el esfuerzo por llevar ropa argentina vale la pena", dice. En su closet hay 15 pares de jeans, cinco pares de pantalones, más de cien camisetas, 30 faldas y 26 pares de zapatos. Romina Cordo es de talla 36.

A partir del 21 de diciembre la provincia de Buenos Aires, exigirá que las tiendas en las que se surten las adolescentes ofrezcan vestimentas cuyas tallas vayan de la 38 a la 48
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