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«Hay que castigar a los restaurantes que sirven raciones gigantes»

El cardiólogo español defiende impulsar medidas gubernamentales que frenen el avance de la obesidad, «como se hace con el tabaquismo»

La mayor eminencia mundial en la investigación cardiovascular es un hombre tranquilo. Dice que hay que luchar contra el estrés y él lo practica. Confiesa que se levanta a las cinco de la mañana para pasarse una hora sentado, sin más: «Cualquiera diría 'mira ese hombre, parece deprimido', aunque yo estoy pensando cómo hacer algo de provecho durante el día». Pasados esos sesenta minutos, Valentín Fuster se transforma en azote de la obesidad y cruzado de la prevención del infarto. El mismo que logró que el monstruo de las galletas de Barrio Sésamo se pasara a los tomates y que los McDonalds incluyeran menús vegetarianos. Y ahora va a escribir un libro con Ferrán Adrià.

Algunos le achacan que sus palabras limitan la libertad del individuo cuando dice que los gobiernos deberían hacer algo para evitar esta lacra, incluso proponer «castigos» a aquellos restaurantes que se empeñan en servir platos con raciones «para elefantes». Exige medidas similares a las impuestas contra el tabaco. Todo por prevenir el temido infarto, «la primera causa de muerte en el mundo». Y por curarlo. En ello ha invertido toda su vida.

Valentín Fuster trabaja ya en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) como responsable del Comité Externo de Asesoramiento y Evaluación, puesto para el que fue llamado desde el ministerio de Sanidad. El CNIC y el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas quieren ser las dos referencias españolas internacionales en el ámbito médico-científico. «Seguiré en el Monte Sinaí, pero estaré en Madrid el 30% de mi tiempo». Fuster visitó ayer Bilbao para dar una conferencia dentro de las celebraciones del 50º aniversario del Hospital de Cruces. Durante su amena charla, mostró imágenes de su propio corazón latiendo: «¿Lo ven? Funciona bien».

-¿Cómo se cuida Valentín Fuster?

-Yo soy muy deportista. Hago bicicleta. He subido todas las montañas del Tour de Francia y ahora voy a terminar las de Italia. Este verano hice el Mortirolo, el peor de Europa. Y como bien, no es que me cuide mucho, pero creo mucho en el método.

Comer la mitad

-Dicen que en los restaurantes siempre deja la mitad en el plato.

-Lo cierto es que siempre tomo dos platos de entrante y nunca uno grande, un segundo. Tengo muchos pacientes que van a diario a restaurantes y ya les digo, dos platos pequeños, y si es uno grande que dejen la mitad. He tenido mucho éxito con algo tan sencillo.

-¿Cómo va ese fármaco que va a inhibir el placer que da el comer?

-Pues el fármaco anda bien, pero el problema es el centro del placer. Cada vez sabemos más, y lo que ocurre es que el enfermo obeso pierde conciencia de cuándo debe comer y no. O sea, que nada le dice que no debe seguir comiendo: cuanto más obeso, más se come. Esto sucede cuando se inhibe este centro del placer por los productos que liberan las células de la grasa de la cintura. Se está trabajando con inhibidores de los productos que inhiben a su vez el centro del placer y con estimulantes del propio centro. Esto tiene su importancia no sólo por la obesidad, sino para el tabaquismo, que está centrado en el mismo lugar.

-Lleva 33 años trabajando en Estados Unidos, un país en el que la tasa de obesidad se multiplica año tras año.

-Pero en España también, es una cosa mundial. La vida de consumo y de estrés hace que la gente se libere fumando y comiendo en los restaurantes. En los países desarrollados, son las grasas las que llevan las calorías, y en los países en desarrollo se comen hidratos de carbono porque son más baratos, pero también llevan a la obesidad.

-¿Vio usted 'Super Size Me', aquel documental en el que su director se pasaba un mes comiendo hamburguesas y acababa enfermo?

-Me han hablado de ello, sí.

-Y a pesar de la mala fama de la comida basura, los restaurantes de este tipo siguen llenos. Es muy difícil luchar contra ello.

-Pero se puede luchar con una cosa que no le gusta oír a la gente: se puede luchar contra cierta industria. La gente no deja de fumar a menos que se diga que en determinados locales no se puede. ¿Comprende? La realidad de los adultos es que difícilmente cambian de hábitos y que debe haber regulaciones. Como en Estados Unidos, eso de que pidas un plato y te sirvan comida para un elefante no puede ser, ha de haber algún control para frenar la obesidad.

-¿Pero cómo?

-Tiene que haber algo. Ya está empezando. En Nueva York, el 70% de los alimentos fritos se hacen con un aceite que tiene mucho colesterol y va a salir una ley que prohibe a los restaurantes usar este aceite y obliga a usar el de oliva. ¿Me entiende? Yo creo que habría que castigar a todos esos restaurantes que te sirven raciones gigantes, esos monumentos de platos.

-Usted defiende una y otra vez que contra el infarto hay que apostar por la prevención.

-Así es, porque la medicina curativa es carísima. Prolongamos la vida, pero la enfermedad cardiovascular sigue creciendo, cada vez muere más gente por este motivo, aunque sea más tarde. Necesitamos respuestas porque todo se está encareciendo. En EE UU todo el mundo está a dieta, pero el peso aumenta. El experto Bloom ya dijo en 'Science' que se espera un inminente colapso del sistema sanitario americano. Pero no quiero ser apocalíptico. Hasta ahora, sólo el 1% del presupuesto de Sanidad en aquel país era para prevención, sin embargo, en los nuevos planes se contempla aumentar las partidas a un 33%. Algo se está moviendo.

-Otro de los factores que potencian el riesgo de infarto es el tabaco.

-Es muy difícil decirle a una persona que deje de fumar. Pero si utilizas cifras la cosa cambia. Si le dices que en 20 años tendrá un infarto, se lo piensa. El futuro está en la tecnología de la imagen: en 20 minutos ves cómo están las arterias del corazón y puedes concretar los porcentajes de probabilidad de que esa persona tenga un infarto para convencerlo de que debe cambiar sus hábitos.

El futuro en una píldora

-¿Están trabajando en mejorar la pastilla para el momento en que se produce el infarto?

-En uno o dos años va haber una píldora única que lo tiene todo, todos los fármacos que le darán al llegar al hospital para ahorrar tiempo. Si la aspirina es el milagro contra el infarto, la nueva píldora lo va a ser más.

-¿Y qué va a pasar en el futuro con los tratamientos postinfarto?

-Te viene el enfermo después de haber sufrido el ataque y no sigue el tratamiento. Sólo el 10% toma lo que debe. El 90% tiene otro infarto. Pasa que al cabo de un tiempo piensan que se han salvado y se aburren de tomar sus 4 o 5 píldoras diarias. Pues bien, démosle todo junto en una sola pastilla. Esto es el futuro.

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