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Trabajo en equipo contra los kilos de más

En obesidad infantil y adolescente, los programas multidisciplinarios son la nueva tendencia para atacar el sobrepeso

Dicen que la unión hace la fuerza y todo indica que, frente a la obesidad, es una buena norma a seguir. Al menos así lo demuestra una tendencia que está tomando fuerza en Chile y en el mundo: la creación de centros multidisciplinarios para el tratamiento de niños y adolescentes obesos. Un enfoque de salud que ya existía para los pacientes adultos, pero que ahora se pone pantalones cortos.

Pacientes potenciales no escasean en el país, pues se estima que el sobrepeso y la obesidad afectan al 17% de los preescolares, al 30% de los escolares y al 19% de los adolescentes.

"Estos programas surgen porque sabemos que la prevalencia de la obesidad es muy alta en Chile, entonces lo que debemos tratar de hacer es prevenir", comenta la doctora Pascuala Urrejola, pediatra especialista en nutrición y una de las integrantes del Programa de Obesidad Infantil de la Universidad Católica, que fue lanzado oficialmente ayer, durante el primer aniversario del Centro de Tratamiento Quirúrgico de la Obesidad.

Un paso necesario considerando que la magnitud del problema está obligando a atacar esta patología desde diversos frentes y a temprana edad. De lo contrario, de no mediar una intervención oportuna, está comprobado que el 70% de los niños y adolescentes obesos lo seguirá siendo en la adultez.

La Clínica Santa María decidió incursionar en este terreno hace seis años con su Programa de Obesidad Infantil. "Siempre se ha abordado, pero era necesario crear un trabajo en equipo, más interrelacionado entre las diversas especialidades", comenta el doctor Hernán García, jefe de Endocrinología Infantil.

Así, a pediatras y médicos especialistas en obesidad se unen sicólogos, nutricionistas y profesores de educación física.

"Los principales puntos son educación y ejercicio (en promedio, tres veces a la semana)", agrega el doctor García sobre los ejes que caracterizan a la mayoría de estos programas, que duran entre tres meses y un año -a un costo que oscila entre los 30 mil y los 100 mil pesos mensuales-, dirigidos en especial a niños de 5 a 18 años y cuya obesidad no tenga una causa médica, sino, más bien, sea el resultado de un estilo de vida.

De hecho, "todo lo relacionado con el tratamiento de la obesidad comienza en el supermercado", grafica la doctora Urrejola, en referencia a que los tratamientos apuntan, principalmente, a cambiar conductas. "Parece simple, pero lo más difícil es modificar hábitos y corregir conductas alimenticias", agrega Silvia Guarda, médico nutriólogo y una de las coordinadoras, junto al doctor Santiago Muzzo, del Programa de Obesidad Infantil y Adolescente de la Clínica Alemana.

Por eso, los especialistas concuerdan en que lo ideal es comenzar con niños pequeños. "Hicimos un trabajo al respecto y el grupo con mejores resultados es el de los preescolares", cuenta la doctora Guarda.

Hacia allá apuntan los esfuerzos que el Ministerio de Salud está desarrollando en esta materia. "Una buena intervención requiere de estrategias que se inicien durante el embarazo, de manera que los niños tengan un peso adecuado al nacer, y que éste se mantenga con los años", explica el doctor Tito Pizarro, encargado de la Unidad de Nutrición. Por eso, están trabajando en un plan de fomento de la lactancia materna y en el seguimiento y control de los primeros años de hijos de papás obesos. "Esta estrategia está implementándose en diferentes hospitales y consultorios, aunque no contamos con los recursos para hacerlo en todos".

El gran obstáculo

El objetivo de estas intervenciones -a nivel público y privado- es reducir el peso y prevenir futuras enfermedades, tanto físicas como sicológicas.

Al respecto, un estudio australiano publicado en la edición de octubre del "International Journal of Obesity" corrobora que el sobrepeso y la obesidad en los niños afectan su autoestima. Entre las conclusiones, los especialistas de la Universidad de Melbourne -tras analizar los casos de más de mil menores- aconsejan que lo primero que deben hacer los padres ante un caso de estas condiciones es visitar un médico y, sobre todo, dar la batalla a los kilos de más. "Los padres no deben subestimar su valor como modelos de conducta: deben asegurarse de mantener su propio peso saludable y realizar actividades físicas regularmente".

Una idea con la que concuerdan los médicos chilenos. "El rol de los padres y la familia es fundamental frente a esta problemática", dice la doctora Urrejola.

Sin embargo, paradójicamente, suelen ser el mayor obstáculo. "Muchas veces la mamá está sensibilizada con la obesidad de uno de sus hijos, pero no el resto de la familia y se niegan a participar. Entonces es difícil que el niño tenga la voluntad suficiente para no comer si los demás comen de todo", lamenta Silvia Guarda.

A eso se suma que hay muchos mitos y temores (pasar hambre, privarse de cosas ricas), pero en la práctica se trata de adecuar raciones y combinar mejor los alimentos. Siempre, de la mano de una constante actividad física.

Una opción controvertida

Fármacos y cirugía están fuera de los programas y centros de atención de la obesidad infantil. "Sólo se utilizan medicamentos en pacientes que tienen alguna patología asociada, como resistencia a la insulina", precisa la doctora Silvia Guarda.

Con respecto al tratamiento quirúrgico, los especialistas concuerdan en que es recomendable sólo en casos específicos, que son la minoría. Pese a ello, desde hace cinco años se realiza en Chile y es cada día más frecuente entre los niños en Estados Unidos, según "The Wall Street Journal Americas".

"El consenso médico estipula que el adolescente ya haya alcanzado su maduración biológica (desarrollo puberal)", dice la doctora Pascuala Urrejola. Además, es requisito una evaluación sicológica, que hayan estado en control médico por lo menos seis meses previo a la cirugía y que tengan un Índice de Masa Corporal (IMC, al cuadrado) sobre cincuenta, sin complicaciones, o sobre 40 con complicaciones.

Si bien los resultados son buenos, no se sabe qué pasará a futuro con esos pacientes, sobre todo por la pérdida de vitaminas y minerales (como calcio).
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