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Pandemia de obesidad

La obesidad infantil, motivada por los hábitos alimenticios y la vida sedentaria, se ha convertido en un problema de salud pública mundial y es el detonante para enfermedades graves, como la diabetes y la presión arterial elevada

El médico yucateco Alberto Daniel Fuentes Lugo, especializado en gastroenterología pediátrica en Europa, lanza en esta ciudad la siguiente advertencia: la obesidad es un problema de salud pública mundial que seguirá su crecimiento acelerado en los próximos 20 años.

   —La Organización Mundial de la Salud considera la obesidad una epidemia —bautizada por los especialistas como la globesidad— que conduce peligrosamente a otra pandemia mucho más mortífera: la diabetes —afirma.

   —Las cifras de la OMS señalan que hay 1,000 millones de personas con sobrepeso y 300 millones con problemas de obesidad .

   El doctor Fuentes Lugo, de 31 años, impartió la conferencia magistral “Obesidad Infantil: prevención y riesgo“ ante alumnos y profesores del área de la salud de la Universidad del Mayab.

   Estudió su educación básica y carrera de medicina en Yucatán. Vive en Madrid, España, y ha cursado estudios especializados en Cuba, Estados Unidos, Reino Unido y otros países de Europa.

   
Experto invitado
Es el primer experto del Programa de Profesores Invitados de la Escuela de Nutrición de la Unimayab, institución con la cual quiere formar un equipo de trabajo que investigue y realice estudios sobre la realidad de la obesidad en el Estado.

   El especialista advierte que esta enfermedad no distingue nacionalidades ni edades ni rangos sociales porque todos pagan las consecuencias de la dieta americanizada u occidentalizada, producto del bombardeo publicitario sobre alimentos chatarra. “Incluso, los países mediterráneos que tenían fama de longevos sucumben ante la comida chatarra por la tanta promoción del alimento basura”.

   Estados Unidos, donde el 60% de la población padece obesidad, busca imponer más impuestos a la comida rápida, y sus universidades forman médicos y nutriólogos más especializados en esta enfermedad, señala.

   —Si colaboramos todos: desde la familia, las escuelas, las instituciones, los investigadores y el gobierno quizá podamos poner un freno a esta epidemia —subraya.

   
Sin cifras de Yucatán
No tiene cifras para hablar sobre este problema en Yucatán, pero, sostiene, la tendencia mundial en los últimos 30 años es que la obesidad y el sobrepeso afecta a todas las ciudades y culturales.

   El profesional lamenta que México sea vecino de la potencia que norma la vida diaria del país porque sus inversiones y publicidad son para promover la instalación de restaurantes de comida rápida y la ingesta de ésta.

   —Los niños son los más propensos a padecer esta enfermedad y corren un alto riesgo de que desde su infancia hasta su vida adulta sigan gordos y con las enfermedades propias del exceso de grasa: diabetes, hipertensión arterial y problemas cardiovasculares, entre otros.

   —Aunque desde el vientre se puede adquirir el sobrepeso, el rango infantil de mayor riesgo es de 4 años hasta la adolescencia.

   —Los últimos estudios de sobrepeso y obesidad en México, basados en las encuestas nacionales de salud de 1988 y 1999, indican que el número de enfermos con este mal se triplicó.

   —Otro estudio, entre 17,000 niños del Distrito Federal, arrojó que después de 7 años de seguimiento quedaron más gordos de lo que estaban al principio.

   
Los más proclives
—Los estados del norte y centro del país son las más proclives al sobrepeso. En cambio, no hay datos exactos y confiables sobre la prevalencia en los estados del Sur-Sureste, en especial de Yucatán.

   —El problema de la obesidad no es el estar gordo, sino que el cuerpo posee exceso de grasa adiposa. Esto significa que una persona delgada también puede tener problemas de grasa y si ésta es de 25 al 30% del peso es un riesgo.

   —Es necesario hacer estudios de composición corporal para determinar cuál es la cantidad de grasa real en los niños, esa es la primera prioridad —dice—. La segunda es que sea considerada una enfermedad y conozcamos la magnitud. Luego necesitamos la colaboración de los profesionales de la salud, de las escuelas, las instituciones y del gobierno.

   
Sólo sacan dinero

—Contra la obesidad no hay medicinas ni productos mágicos —recuerda— . Todo el arsenal disponible de productos es para sacar dinero a la gente deseosa de tener el cuerpo perfecto, sin embargo, no ayuda a su salud.

   —En 1994 un científico neoyorkino descubrió la leptina, que es una hormona que controla las actividades metabólicas del organismo y medio controla las ansias de comer. Incluso, las operaciones que reducen el estómago, que en Estados Unidos se han practicado desde 2002 más de 100,000, no son una garantía para reducir los problemas colaterales de la obesidad. Ni siquiera la liposucción resuelve el problema de la obesidad aunque es innegable que mejora la figura —destaca.

   —Ese científico ha dicho que es momento de empezar la guerra contra la obesidad —recuerda—. Tiene razón y la labor preventiva debe empezar por los niños y jóvenes. Así como hay asignaturas de educación física y tecnológicas, debería formar parte del plan escolar una de nutrición y también incluirla en la preparación de los médicos o profesionales de la salud porque hasta donde sé no se enseña nutrición en las escuelas de medicina.—


 

La obesidad infantil, motivada por los hábitos alimenticios y la vida sedentaria, se ha convertido en un problema de salud pública mundial y es el detonante para enfermedades graves, como la diabetes y la presión arterial elevada
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