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Ochenta kilos de adolescencia

El 14 % de los gallegos con menos de 24 años tienen problemas de obesidad. Esto significa que en sólo una década se ha duplicado el número de jóvenes y niños obesos

José come cada tarde unas cuantas piezas de fruta: mandarina, manzana, pera... Eso hace ahora, porque un año atrás, antes de que el endocrino le pusiera los puntos sobre las íes y a dieta, se alimentaba con unas latillas de mejillones, de pulpo, paquetes de salchichas... lo que cayera en sus manos. Después del homenaje, para borrar las huellas del delito, escondía los envases debajo de la mesa del comedor con una técnica perfeccionada desde la infancia.

A sus 14 años y con 76 kilos repartidos por su metro y medio de cuerpo, José es un niño obeso, sólo un representante más de esa cuarta parte de adolescentes españoles que tiene más peso de lo normal. Los últimos datos estadísticos hablan de que en España ya hay más niños y adolescentes obesos (un 15%) que adultos con este problema (un 13,5%). Pero lo peor es que tanto la OMS como los médicos están convencidos de que la obesidad en niños, adolescentes y jóvenes se convertirá en este siglo en una verdadera epidemia que afectará a la cuarta parte de los menores de 25 años.

El cambio en la modalidad de vida, el abandono de la dieta mediterránea, la vida de sillón son las conocidas causas que están llevando poco a poco a los niños españoles a capitanear la liga de gorditos europeos. Pero lo que es peor, también pasarán a ser líderes en enfermedades cardiovasculares prematuras. «Por el sobrepeso, la alimentación y el sedentarismo hoy estamos viendo niños de doce años con diabetes tipo II, de adulto, que tienen que medicarse igual que sus abuelos», advierte el doctor Ovidio Vidal, endocrino en el hospital Juan Canalejo de A Coruña. «Hay niños con colesterol, hipertensión, las enfermedades asociadas a la edad. Van a hacerse viejos prematuros», explica.

Aunque él aparentemente no le da relevancia y asegura que no le importaría seguir siendo como es ahora, su salud ha sido la que llevó a José a ir a un endocrino hace un año. Por iniciativa, como suele ocurrir, de su madre. Aunque ya entraba en la preadolescencia, su aspecto físico seguía siendo totalmente de niño, explica su madre, que empezó a preocuparse por un desarrollo excesivo de las mamas. La respuesta del médico fue que, aunque sus niveles de colesterol, la tensión y demás perfiles estaban bien, el excesivo peso estaba retardando su desarrollo. ¿La solución? Abandonar la dieta fácil de los fritos y los productos industriales y volver a comer como antaño.

José conjuga un buen número de factores que lo predisponen a la obesidad. Primero, el 40% de probabilidad que le da el hecho de que uno de sus progenitores tenga también sobrepeso. Aunque su padre coma lo que quiere sin tener un kilo más, su madre es obesa. Hace menos de un año se hizo una reducción de estómago tras la que, asegura, ha perdido casi la mitad de su peso. Además, las verduras, las frutas y los alimentos cocidos han sido un redescubrimiento para la familia desde que madre e hijo empezaron su cruzada contra la grasa y por la salud. «Reconozco que abusaba de los aceites y de las cosa fritas», dice su madre mientras cede a la tentación de picotear unos maíces tostados.

Pero además de la dieta, José reconoce que nunca se ha movido mucho, como les pasa a la mayoría de los niños en la actualidad.

«Los han vuelto sedentarios», señala Ovidio Vidal. «Tienen que salir a la calle. En casa se engorda. Y ahora, ¿a quién se ve en los parques y por los paseos? A los abuelos sentados y a los padres paseando al perro».

José, que vive en una de las zonas de A Coruña en las que se puede disfrutar del campo, dice que ahora sí, que desde el año pasado ha empezado a moverse. Va caminando a casi todas partes y, por si fuera poco, entrena y juega en un equipo de fútbol. Y lo dice con orgullo, no sólo porque haga deporte sino porque se está enfrentando al reto de sentirse aislado por su obesidad. Aunque él no lo dice abiertamente, reconoce que otros compañeros le insultaban por estar gordo y se reían de él cuando las carnes se le movían al correr. Ahora, aunque sigue siendo introvertido con los chicos de su edad trata de superarlo y sigue los consejos de su doctora. Aunque a veces caiga. «Sí, a veces hago trampa. Ya no me como dos platos de cada cosa, como hacía antes, pero sí como a escondidas. A veces», explica medio ruborizado. «El lunes me comí cuatro bombones... ?dice?. Bueno, ocho», acaba por confesar. También hace trampa los días que sabe que su madre llega tarde por la noche. «Me meto pronto en la cama porque si he hecho alguna, así no me pueden decir nada».

Pese a los engaños, José está aleccionado por su doctora y sabe que estos próximos años, los del paso de la adolescencia a la pubertad son decisivos para él, para evitar problemas serios de salud. Serán los años clave en los que, como muchos niños, tendrá que luchar para evitar que sus arterias y su cuerpo no envejezcan.
El 14 % de los gallegos con menos de 24 años tienen problemas de obesidad. Esto significa que en sólo una década se ha duplicado el número de jóvenes y niños obesos
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