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Los pobres son más gordos por comer alimentos baratos

La baja calidad en la alimentación hace que las personas de bajos ingresos sean propensas a la obesidad.

Iris Caballero es una trabajadora agrícola que suele tener dificultades para mantener una provisión decente de alimentos en la alacena y en la nevera de su casa. Sin embargo, está excedida de peso y es diabética.

Ella es el ejemplo vivo de una paradoja de los tiempos modernos: mientras disminuye el acceso confiable a los alimentos saludables, aumentan las probabilidades de subir de peso.

Los trabajadores de escasos recursos como ella no suelen tener tiempo para cocinar, no les alcanza el dinero para comprar vegetales frescos y deben hacer largas caminatas hasta el supermercado más cercano que tenga una buena provisión de frutas y verduras.

"Aspiramos a que sea fácil reemplazar una dieta de bebidas gaseosas y comida rápida con alimentos cocinados en la casa, frutas frescas y vegetales", expresó Adam Drewnowski, profesor de epidemiología de la Universidad de Washington que ha estudiado el tema.

El problema se acentúa en lo que pareciera ser un sitio improbable: el Valle Central de California, donde crece la mayor parte de los productos agrícolas de Estados Unidos. El área tiene también una de las tasas más altas de pobreza.

Aunque la obesidad se asocia generalmente con el hecho de comer demasiado y no con la hambruna, investigaciones recientes indican que las personas que han ganado más peso en la última década tienden a tener los menores ingresos, y por lo general no ingieren la clase de alimentos ni la cantidad que necesitan.

El almacén del vecindario de Iris Caballero en la aislada población agrícola de Cutler (California, E.U.) ofrece una amplia cantidad de alimentos procesados en coloridos paquetes, y vende a 50 centavos de dólar las manzanas estropeadas.

"Muchas personas no pueden comprar para comer los productos que ellos mismos recogen", dijo Drewnowski, que también dirige un centro público de nutrición.

"Estas personas son obesas porque no tienen dinero, y algunas dietas son más baratas que otras", sostuvo.

"El mensaje ha consistido en responsabilizar a la gente: 'usted no está eligiendo bien (los alimentos), no está bien informado'.

"Nos olvidamos que existen personas cuyas opciones están fuertemente limitadas por el factor económico y el tiempo", explicó.

Iris comprende esas limitaciones y sus consecuencias.

Durante la estación de las cosechas recoge las uvas y naranjas de las fincas que rodean esta pequeña población de Cutler. La fruta está disponible, y también el dinero. En consecuencia la familia se alimenta relativamente bien.

En el invierno, en cambio, los empleos son escasos, e Iris alimenta a su esposo y tres niños con la comida más barata que puede conseguir: papas, pan y tortillas.

Para la mujer, que padece diabetes desde que tenía 19 años, los alimentos con azúcar y recargados de grasa que se venden en el mercado local no sólo son poco saludables sino también peligrosos.

La obesidad es uno de los principales factores de riesgo de la diabetes, una enfermedad incurable en la que el organismo no puede controlar el nivel de glucosa en la sangre.

La escuela primaria de Cutler, a donde asisten los niños de Iris, tiene tantos alumnos diabéticos que las maestras asistieron recientemente a un seminario de emergencia para saber cómo manejar los altos y bajos niveles de azúcar en la sangre.

Se trata de una escuela donde el 100 por ciento de los niños llena los requisitos para obtener almuerzos gratuitos.

Después que un estudiante diabético de 15 años quedó ciego, una de las consecuencias de la diabetes no tratada, la escuela buscó ayuda. Ahora Iris y otras madres que trabajan en tareas agrícolas asisten a clases de nutrición que tienen en cuenta sus tradiciones culinarias, los bajos presupuestos y la falta de tiempo.

Las mujeres asisten porque saben que los alimentos más baratos, rápidos y que más llenan son las hamburguesas y la gaseosa que parecen tan suculentas tras una larga jornada en las fincas pero que no son los más saludables para sus familias.

En la clase una de por lo menos diez que Dolores Vallejo ofrece cada semana, las madres hispanas aprenden a leer etiquetas escritas en inglés.

Dolores explica que "el jarabe de maíz elevado en fructosa", la "sacarosa" y la "dextrosa", significan azúcar. Y les brinda numerosas recetas rápidas, baratas y de bajo contenido graso que sus familias pueden disfrutar.

Desafortunadamente, la mayor parte de los programas de salud no abordan estos temas.

Como las comidas procesadas ricas en azúcar y grasas son menos costosas que las frutas y los vegetales, son principalmente los pobres los que pagan cada vez más las consecuencias de la obesidad, seguida por la diabetes.

Esto sucede incluso cuando las condiciones relacionadas con una desnutrición como la anemia provocada por la deficiencia de hierro en las dietas que no incluyen alimentos de hojas verdes_ continúan afectando a niños pobres, dijo Jay Battacharya, experto de la facultad de medicina de la Universidad de Stanford.

Al salir de la clase de nutrición, Iris Caballero y las otras madres dijeron que apreciaban los consejos que habían recibido sobre una alimentación sana. Pero aún deben arreglárselas para pagar más por el jugo de frutas natural en lugar de la mezcla que saben está hecha de azúcar y agua.

Y aún tienen que caminar seis kilómetros y medio, con frecuencia junto a sus hijos, hacia y desde el supermercado más cercano en el que pueden conseguir variedad de frutas y vegetales frescos a menor precio.

Junto a la carretera estatal que conduce desde Cutler hacia el supermercado de una localidad vecina se ha construido una nueva acera, un testimonio de los esfuerzos de las mujeres por alimentar mejor a sus familias.

"Quiero alimentar a mi familia con mejores alimentos", expresó Irene Flores, una trabajadora agrícola y madre de tres niños que almacena paquetes de habichuelas para comer en el invierno.

"Mi esposo me pidió que comprara lechuga porque le gustan las ensaladas. ¿Cómo puedo comprarla a casi dos dólares cada planta?"', se preguntó.

La baja calidad en la alimentación hace que las personas de bajos ingresos sean propensas a la obesidad.
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