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La respuesta del cerebro ante comida chatarra, drogas o alcohol es similar

Los adictos crónicos a la comida, especialmente a la “chatarra”, sufren el mismo tipo de enfermedad que las personas aquejadas por el alcoholismo o los estupefacientes, según un estudio de la Universidad de Florida (UF) revelado ayer.

“¿Cuál es la diferencia entre alguien que pierde el control sobre el alcohol o las drogas y alguien que pierde el control sobre lo que come?”, se preguntó en diversas investigaciones el jefe del área de medicina contra la adicción de la UF, el doctor Mark Gold.
El académico, autor de tres estudios sobre el tema publicados en el Journal of Addictive Diseases, se contestó que son escasas.
“Cuando se observan sus cerebros y la respuesta cerebral (que dan a estas adicciones), las diferencias no son significativas”, dijo Gold, quien también es profesor de psiquiatría en el McKnight Brain Institute de la UF.
Para Gold, esta adicción, “causante de la obesidad”, se debe “en parte a que la comida se ha vuelto más refinada, más hedónica, más agradable”, más que a la depresión u otras enfermedades psicológicas.
La obesidad es la segunda causa de muerte prematura en EU y los expertos prevén que en los próximos 20 años sobrepase al tabaquismo, que es la primera.
Según las estadísticas de 2003 del National Center for Health Statistics, alrededor de un 24 por ciento de los estadunidenses mayores de 20 años son obesos.
Investigaciones como la de Gold sobre las repuestas cerebrales de los adictos a la comida apuntan hacia el diseño de tratamientos “integrales” que incluyen terapia psicológica y medicamentos asociados a las respuestas neurológicas, así como ejercicios y un dieta balanceada.
Una de las opciones que existen para las personas con problemas de obesidad es someterse a una cirugía conocida como desvío gástrico; estudios publicados en la revista The Archives of Surgery afirman que los pacientes pierden peso debido a que la producción de la hormona que estimula el hambre se reduce tras la intervención quirúrgica.
Los científicos de la Universidad Emory, de Atlanta (Georgia), señalaron que la hormona, identificada como ghrelin, llega al torrente sanguíneo desde el estómago y el intestino superior.
Esa hormona es sólo una de entre más de una veintena que regulan la sensación de hambre de las personas.
Según manifestó el artículo de la revista publicada por la Sociedad Médica de EU, los niveles de la hormona fueron determinados en 48 pacientes, 34 de los cuales se habían sometido a la intervención quirúrgica que reduce el volumen del estómago y elude partes del sistema gástrico que absorbe los alimentos y produce la hormona.
Los adictos crónicos a la comida, especialmente a la “chatarra”, sufren el mismo tipo de enfermedad que las personas aquejadas por el alcoholismo o los estupefacientes, según un estudio de la Universidad de Florida (UF) revelado ayer.
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