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La dieta, la Biblia y la diabetes

Nada tan rico como comer. Sólo 100 calorías extras diarias le añaden al cuerpo 10 libras por año. Ese es el primer paso para ser gordo/a en el futuro y, lo más grave, sufrir de diabetes.

Esto es muy importante para nosotros los latinos, ya que somos uno de los grupos étnicos más propensos a sufrir esta enfermedad.
En este momento, tantos como 129.6 millones de personas, o sea, el 64% de todos los estadounidenses tienen problemas de sobrepeso, o son obesos de verdad, mientras que 18.2 millones de habitantes sufren de diabetes. Este mal se ha incrementado en un 65% entre 1990 y 2001.
Mi sobrina de 18 años es obesa desde los 14, lo que le ha amargado la vida. Peor aún, hace unos meses le diagnosticaron un principio de diabetes. Ante tan seria enfermedad, en los últimos meses decidió dejar de tragar hamburguesas y papas fritas al por mayor, abandonar por dos horas diarias el computador y el televisor y, en cambio, salir a caminar.

Además, ahora practica la dieta de la Biblia, lo último en dietas. Tal como lo hacía Jesús, sólo come frutas, vegetales (casi siempre crudos), pescado, una copa de vino rojo y mucha agua. Pero cuidado con los estafadores del Internet. A mi sobrina le han ofrecido “maná”, es decir, el alimento que cayó del cielo cuando los israelitas atravesaban el desierto, por un valor de $250 dólares por libra. El charlatán colgó el teléfono cuando le pregunté cómo había hecho para conseguir las semillas y cultivarlas en el firmamento.
La joven ha perdido 12 libras y el azúcar de su cuerpo está regularizado. Después de años de discusión, mi sobrina ha entendido que no se puede estar delgada ingiriendo más de 3.000 calorías diarias, concentradas especialmente en grasas y azúcares y estando sentada seis horas diarias “chatiando” o viendo televisión.

La diabetes aparece cuando el cuerpo pierde su habilidad para usar todo el azúcar que viene de la comida. La diabetes se caracteriza por tener altos niveles de azúcar (glucosa) en el organismo. Esta es la diabetes tipo 2, padecida por el 90 por ciento de los pacientes que la sufren debido a la sobreproducción de azúcar, generalmente causada por el exceso de calorías consumidas.

Hay otro tipo de diabetes, la tipo 1 que es la incapacidad del páncreas de producir insulina y las personas deben inyectarse la hormona a diario. Las células beta del páncreas producen la hormona de la insulina. Esta es enviada al torrente sanguíneo en respuesta a la cantidad de azúcar presente en el cuerpo.

La glucosa es la molécula fundamental que le da la energía a nuestro cuerpo. En su interesante portal, la Asociación Americana de Diabetes, www.diabetes.org, explica cómo la insulina actúa como un mecanismo de control en el organismo permitiendo que el cuerpo funcione en su máxima eficiencia. La insulina es la llave que abre la puerta para que cada célula reciba la cantidad de azúcar apropiada para su funcionamiento.
La combinación y el funcionamiento adecuado de estas dos sustancias nos permiten vivir. La insulina maneja con sumo cuidado el consumo de glucosa. Si hay residuos, el cuerpo lo convierte en grasa y lo reserva para una emergencia posterior. Cuando esta relación de insulina/glucosa no funciona adecuadamente por la superproducción de azúcar, se presenta la diabetes, una enfermedad gravísima que nos puede conducir a la pérdida de la vista, las extremidades y hasta la gangrena, si no se trata a tiempo y no cuidamos las órdenes del médico.

Sin embargo, una dieta baja en calorías; los vegetales crudos, en especial, los verdes; los granos, una cucharadita de miel de abejas, el consumo controlado de frutas, el pan integral y las carnes blancas; combinada con ejercicios como caminar y nadar, controlan la diabetes tipo 2, y de ñapa rebajamos de peso.
Nada tan rico como comer. Sólo 100 calorías extras diarias le añaden al cuerpo 10 libras por año. Ese es el primer paso para ser gordo/a en el futuro y, lo más grave, sufrir de diabetes.
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