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Hay discriminación de obesidad de pobres

La obesidad no es una endemia, no es una enfermedad, sino simplemente obedece a aspectos culturales de la sociedad

La obesidad no es una endemia, como lo ha calificado la Organización Mundial de la Salud, pues depende de varios factores, entre ellos los sociales y los del libre arbitrio de la persona que la padece.

Silvestre Frenk, investigador de la Unidad de Genética de la Nutrición del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Nacional de Pediatría, expuso su desacuerdo con la OMS, al calificar como endemia o una enfermedad a la obesidad, pero sí clasifica dos tipos, que es la de los pobres y la de los ricos, pues tienen características y respuestas distintas.

La obesidad ha estado ligada con factores sociales como el poder, la opulencia, liderazgo, la política y hasta los caciques entran en la clasificación; sin embargo, en la actualidad el auge es que la gente haga ejercicio, que fabrique músculos, que cuide su figura y que coma en forma adecuada, pero criticó que las recomendaciones sanitarias que realizan las autoridades de salud vislumbran el problema sólo para la clase media, media alta o alta.

Señaló que una persona de escasos recursos económicos tiene poco tiempo y dinero para hacer ejercicio y para llevar una buena alimentación, por lo que las recomendaciones anteriores podrían ser elitistas.

Dentro de su experiencia de investigación pudo conocer que aunque la obesidad del rico se combate con los regímenes de ejercicio y alimentos; los pobres también mantienen una justificación en cuanto al ejercicio, pues generalmente pasan ocho horas trabajando con su cuerpo en constante movimiento, pero a pesar de esto siguen apareciendo personas obesas.

Otra de las incongruencias que determinan los sistemas de gobierno es que las instituciones encargadas de hacer propaganda a los alimentos y al ganado difundan los altos contenidos calóricos de sus productos, mientras que, por otro lado, el sistema de salud indica que debe existir una alimentación balanceada y adecuada, además de recomendar el ejercicio.

Dentro de las conclusiones a las que ha llegado en sus múltiples años de investigación, ha sido que las personas obesas, a las que consideró que son las que pasan de un índice de masa corporal de 25 (es decir, que tienen tejido adiposo anormal en su cuerpo), es que la grasa que hay en la capa subcutánea (debajo de la piel) sirve al ser humano como una capa protectora para soportar las inclemencias del tiempo.

Añadió que así lo hacen otras especies en el reino animal, pero clasifica a los gordos ricos y a los gordos pobres; los primeros se alimentan de todo y los segundos mantienen una alimentación precaria en nutrientes, pero también se conservan obesos.

Habló incluso de aspectos genéticos en los que una persona pobre puede mantenerse sobreviviendo con comida precaria, pues desarrolla mayor resistencia a la escasa alimentación.

La obesidad no es una endemia, no es una enfermedad, sino simplemente obedece a aspectos culturales de la sociedad
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