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El particular encanto de los gordos

Irse a la cama con una gordita feliz es mucho más gratificante que hacerlo con una mujer delgada, hermosa pero insegura. Las gorditas, son más divertidas, más atrevidas y se lanzan con la misma hambre que uno...

El exceso y la vulgaridad van del brazo. Por eso está mal visto pasarse de la raya con un comentario, perder el control de las carcajadas o extralimitarse con las copas. Y también por eso, un cuerpo grande y grueso -y gordo- es objeto de discriminación, está asociado a la desidia, a la holgazanería, a miles de bolsas de papas chips y a ese tipo de transpiración que no viene necesariamente por hacer deporte.

Los gordos y las gordas no tienen una vida fácil. La inmensa mayoría, todos lo sabemos, sufre enormemente: tienen que soportar que los ignoren, que los traten como a ciudadanos de segunda clase, además de ser blanco de advertencias que aunque sean ciertas, no dejan de ser agobiantes: "no comas tanto, cuidate un poco". Los médicos no les dan tregua y les dicen que esos quilos de más son peligrosos, que la gordura pone en peligro el funcionamiento del corazón, que tanta grasa es perjudicial para la salud.

Así, desde el patio del recreo, donde escuchamos los más crueles insultos contra sus cuerpos blanduzcos, hasta que por fin aprendemos a valorarlos en su justa dimensión, pasa mucho tiempo. Los hombres que no llegan a los 35 años se resisten en principio a salir con una mujer gorda, y si lo hacen, no la muestran mucho por ahí. No la muestran -claro está- hasta que se enamoran de sus camisas grandes, de su humor ligero y de su lujuria. Pues el atractivo de un gordo está sin duda en la retina del ojo que lo mira.

Y si se observan a los gordos cariñosamente, se pueden advertir cosas comunes a todos ellos. Son lentos en sus movimientos, hablan pausadamente, gesticulan con movimientos tardos. Comen como quien comete un pecado: con el mismo placer y el mismo sentimiento de culpa. Sentarse a la mesa con ellos es una delicia, porque es fácil contagiarse de esa parsimonia y masticar los bocados con voluptuosidad. Estar acompañado de un gordo o una gorda inspira seguridad, (¿quién se va a meter contigo?) Abrazar a un gordo. Mejor dicho, que te abrace un gordo con su grandísima humanidad... Eso sólo trae dicha.

Así que vivan los flotadores, los rollos, la celulitis, las barrigas, los brazos regordetes. Recientemente se estableció el Día de la persona obesa, que se celebra en noviembre. Este día que los gordos aprovechan para juntarse y caminar, está hecho para gritar que ya basta de tanta cultura light y de tanto alimento magro. ¡Vivan los chicharrones y los embutidos! ¡Abajo el pan integral! ¡Vivan los sandwiches de mortadela! ¡Vivan los alfajores, los bizcochos, los guisos, los chinchulines y el colesterol! ¡Abajo la dictadura de las dietas!

Los gordos más lindos. La culpa es de Papa Noel, ese barrigón que nunca pudimos conocer. O tal vez de los papás, que cuando cumplen 50 aumentan el tamaño de sus abdómenes, y sus hijitas terminan buscando un novio con la misma barriga. No se sabe por qué la gran mayoría de las mujeres prefieren un hombre panzón, grandote -aunque sea demasiado- a un alfeñique, mequetrefe cuya vida peligre cuando hay viento. "Entre un gordito y un flaquito, elijo a un gordito", dice una compañera de trabajo. Esto explica el éxito de Gérard Depardieu, explica el sex- appeal de Marlon Brando y el magnetismo del periodista argentino Jorge Lanata, que no sería quien es si tuviera algunos quilos de menos. Explica por qué nos sorprendemos mirando con fascinación o aversión -lo mismo da- al gordo de los Sopranos, su barriga generosa, sus manos regordetas adornadas de ostentosos anillos y sus ojos semicerrados. Si logran superar los complejos, los gordos pueden llegar a tener un poderoso atractivo. Si logran deshacerse de la imagen "gordito del liceo", o "gordito divertido", los gordos con "g" mayúscula pueden con su tamaño y redondez, imponer presencia.

Por eso hay muchos gordos que utilizan el exceso de peso como una herramienta. Es el caso del gordo Porcel, o del señor Barriga. Y es el caso de Luciano Pavarotti, cuya panza es fuente de los alaridos mejor afinados del mundo.

Pero además, los gordos tienen otras ventajas. La mujer que sale con un hombre ancho y grueso puede estar segura de que éste no se va a pavonear como lo hace la gran mayoría de los jóvenes bellos. Por otro lado, un detalle nada menor, es que al lado de un hombre gordo, una mujer se siente delgada. Delicada. Frágil. Pues al lado de una bestia, es muy fácil sentirse bella.

Las gordas más lindas. "Yo quiero una novia gorda para pasar el invierno/ no importa que sea gorda/ si para correr no la quiero", canta el cantautor argentino Roberto Zapata. Por cierto, hay algo en lo que todos los hombres están de acuerdo: irse a la cama con una gordita feliz es mucho más gratificante que hacerlo con una mujer delgada, hermosa pero insegura. "Las lindas se preocupan todo el tiempo por mostrar su mejor perfil y como que no entran en el tema", se queja un hombre de 38. Las gorditas, "son más divertidas, más atrevidas y se lanzan con la misma hambre que uno" dice este flaco.

Lucy es la prostituta que tiene más clientes en la novela "El lugar sin límites" del chileno José Donoso. El libro describe la vida diaria en un prostíbulo de pueblo, y en esa casa, el domingo es el único día que las trabajadoras tienen para descansar: "La Lucy regresó a su pieza. Allí se echaría en su cama con las patas embarradas como una perra y se pasaría toda la tarde entre las sábanas inmundas, comiendo pan, durmiendo, engordando. Claro que por eso tenía tan buena clientela. Por lo gorda. A veces un caballero de lo más caballero hacía el viaje desde Duao para pasar la noche con ella. Decía que le gustaba oír el susurro de los muslos de la Lucy frotándose, blancos y blandos al bailar. Que a eso venía".

Una mujer voluminosa y feliz puede volver loco a un hombre, si logra deshacerse de los "peros". Esto no es una locura: si saca partido de sus curvas y se mueve bien, tiene altísimas probabilidades de lograr que un hombre se enamore del ruido de sus pasos acercándose a la heladera. "Sobre la percepción de la gordura que tienen las mujeres de sí mismas y la que tienen los hombres, puedo decir que al hombre le encanta la mujer voluptuosa. Al hombre le gustan las lolas, la cola, los brazos, las mujeres con mucha forma, exagerada. Les gusta Isabel Sarli, no las flacas anoréxicas. La mujer lo vive con miedo, con culpa, con fobia", dice el diseñador de alta costura argentino Roberto Piazza.

Piazza realizó en 1993 un desfile llamado "Mujer y hombre", en el que caminaron por la pasarela las modelos argentinas más fashion. Pero luego de que desfilaran Florencia Raggi y Horacio Cabak como novios, apareció Ana María Giunta con sus 160 quilos vestida de novia, llena de flores y frutas y rodeada de ángeles.

Tampoco hay que ser falsamente optimistas. De acá a que las gordas empiecen a integrar el canon de belleza todavía falta mucho. En principio a Miss Universo no se le permite engordar cuando lleva la corona en la cabeza. Si engorda, se la sacan. El año pasado a sólo cuatro meses de ser coronada como la más bella del universo, la rusa Oxana Fedorova fue destronada por tirar la chancleta. Empezó a comerse todo, engordó siete quilos y encima "no iba a trabajar", según explicó un portavoz de la organización. "No aparecía o rechazaba actividades que eran muy importantes para su título", decían.

A la vez que ocurren estas cosas, también suceden otras que nos dan una leve esperanza: no hace mucho empezó a adquirir gran notoriedad la actriz y cantante Queen Latifah (su apellido significa sensible y delicada en árabe) En realidad el nombre de esta mujer que cambió para siempre la percepción que la gente tenía del hip hop es Dana Owens. Durante su adolescencia trabajaba en Burger King´s y es quizás gracias a esas hamburguesas que hoy se la puede ver con su enorme gracia rindiéndole homenaje a los cuerpos voluminosos.

Más paradigmática aún resulta la actriz Camryn Manheim, que interpreta a Ellenor en "Los practicantes". Esta mujer, que está definida sin duda por su sobrepeso, incursionó en televisión y antes en teatro, donde protagonizó una obra de teatro escrita por ella misma: "Wake up, I´m fat". Gracias a este trabajo David Kelly se interesó por la actriz y la llamó para unirse al elenco de "Los Practicantes", que la hizo más conocida. "Casi todo lo que hago está relacionado con ser gorda. Por un lado, ser gorda es lo que más odio de mí misma, pero por el otro, sé que eso me define y que es una parte importante de lo que soy. Y a mi me gusta cómo soy", dice.

El obeso, con mentalidad de Sancho Panza, es tranquilo y socarrón. Al igual que Sancho, los gordos se preocupan por el buen comer y el buen vivir. Esta gente que a su paso -y sin querer- va empujando a otros, son terrenales, viven la diaria. En cambio el hombre delgado, idealista y consumido como Don Quijote está más preocupado por asuntos trascendentales, es más romántico. Al menos así es como lo vio Cervantes. En el cine, los gordos han sido bastante poco considerados.

En "El casamiento de Muriel" (1994) protagonizada por la australiana Toni Collette. Lo que más desea Muriel en la vida es casarse con un vestido blanco. Con eso sueña mientras se queda tirada en la cama escuchando "Dancing Queen" de ABBA. Pero es gorda. Los hombres no le dan pelota, sus amigas la desprecian porque escucha a ABBA (¡estamos en los ´90!, le critican) y su padre le vive diciendo que es una fracasada. Pero más allá de la imagen negativa que transmite Muriel, la calidez que despiden los gordos es fácilmente confundible con ternura.

No porque sí, entre las parejas de novios, es común que se llamen de "gordi" o "gordito". Y aunque no sean necesariamente tiernos, sus dedos regordetes, sus caras mofletudas y sus piernazas inspiran un sentimiento muy emparentado con el cariño. Por sobre todo, lo que distingue a los gordos del resto de los mortales son sus panzas grandes, que tienen una utilidad muy concreta: semejantes almohadones humanos son para apoyar la cabeza, escuchar la respiración lenta y pesada y echarse a dormir plácidamente.

Irse a la cama con una gordita feliz es mucho más gratificante que hacerlo con una mujer delgada, hermosa pero insegura. Las gorditas, son más divertidas, más atrevidas y se lanzan con la misma hambre que uno...
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