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Afirma que la gordura no es sinónimo de obesidad

Cochis, cerdas, panzonas, ballenas, barriles, gordinflonas y comelonas, son algunos de los epítetos favoritos de los mexicanos para describir a las mujeres gordas

La novela Gordas. Historia de una batalla (Tierra Adentro, 2002), de la escritora Isabel Velázquez, obra ganadora del Premio Binacional de Novela Joven 2001 Frontera de Palabras / Border of Words convocado por el Centro Cultural Tijuana y el Fondo Editorial Tierra Adentro, es una sutil, pero mordaz, crítica a los prejuicios que originaron esos apelativos.

La pluma refinada de Isabel y su sutil manejo de la ironía demuestra, a través de 13 variados cuentos, que ser gordo no es sinónimo de obesidad. Es simplemente un término médico que considera la condición de estas personas como un grave problema de salud.

La novela hace esta distinción y se concentra en la experiencia de la gordura, recreando a través de la ficción un mosaico de historias que los mismos personajes no se atreverían a contar en público, pero que la voz de un narrador discreto, en español y con tintes de spanglish, revela, sin condescendencia, a través de sus esperanzas, sueños, angustias, y miedos, así como el otro gran peso que cargan: la soledad que los embarga.
Las gordas de Isabel son muchas y diferentes, pero todas están cansadas de ser... gordas y saben que se enfrentan a una gran batalla.

Uno de los relatos más logrados de la novela es Cómo fotografiar a una mujer panzona. Contado como un artículo self-help, instruye al lector a convertirse en fotógrafo de mujeres panzonas, una especie muy rara y difícil de encontrar: ”...no hay evidencia de primera mano que documente la existencia de la mujer panzona. Compruébelo usted mismo: intente recortar la silueta de una mujer panzona de una revista de modas; busque una mujer panzona en las películas de amor, los puestos del gabinete presidencial o los vestidores de las tiendas departamentales. El resultado será el mismo: no existen”

Otro cuento memorable es Esta capa no sirve para volar. Narrado desde el punto de vista de un joven estudiante de comunicación que se “creía el Monsiváis de la frontera”, cuenta las desventuras de La Bomba Humana, una mujer obesa y la máxima atracción de un circo. Se metía dentro de un enorme cañón para salir disparada a gran altura y luego caer sobre una red de protección a lo lejos.

El lenguaje de este cuento es ágil, creíble, y, sobre todo, callejero —el sello de distinción de la obra de Isabel sin duda.

Gordas. Historia de una batalla nos recuerda que la idea de que los gorditos son felices y graciosos es una patraña.

A pesar de ser una crítica hacia la sociedad mexicana que trata a las mujeres obesas como basura, no es una novela amargada ni tiene tintes feministas. La exquisita ironía de su prosa sólo logra engordarnos con el festín de la buena literatura.

Cochis, cerdas, panzonas, ballenas, barriles, gordinflonas y comelonas, son algunos de los epítetos favoritos de los mexicanos para describir a las mujeres gordas
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